27.7.18

CRÓNICAS TURCAS (Estambul 3 y final)

    
Torre Gálata

Otros lugares de interés y recomendaciones útiles

Entre otros interesantes monumentos, aparte de los citados en mi 1ª crónica, son recomendables la Torre Gálata, el versallesco Palacio de Dolmabahçe (donde pudimos visitar las dependencias del harén) y sus jardines, la Cisterna basilical, la iglesia de San Salvador in Chora (con sus magníficos mosaicos bizantinos), la iglesia de los Santos Sergio y Baco (transformada y convertida en mezquita), el Gran Bazar, el vistoso bazar de las Especias y el mirador de Pierre Lotti con buenas vistas sobre el Cuerno de Oro y el Bósforo, y varias terrazas escalonada, que se pueden recorrer bajando la cuesta a cuyos lados se despliega un romántico y bello cementerio, con tumbas de tierra donde crecen las rosas (otra forma de revivir).

En cuanto a la comida es buena y sabrosa, mediterránea, con restaurantes para todos los gustos. Con alcohol (en Turquía se cultivan viñas y hay vino turco y el raki) y sin él. Allí probamos un auténtico kebab turco (nada que ver con el kebab “durum” que es el habitual en España). Lo más típico en restaurantes de comida turca son los “lokanta”. Comimos en tres de ellos, que venían recomendados en nuestra guía, aunque nos costó encontrarlos porque no abundan. Comida y trato exquisitos, precios bajos y clientela turca: nosotros éramos los únicos “guiris”. Uno de ellos se llama “La casa del pescado”, y allí degustamos un “Bass grilled” (lubina) estupenda; con la recomendación del camarero de que pidiésemos solo media ración por persona, porque en la foto de la carta parecía más pequeña de lo que era, y además tenía una abundante guarnición de las ricas verduras turcas. Otro, más moderno y con buena música, fue el “Karaköy Lokantasi”. Allí me pedí, por la buena pinta que tenía en la carta, un plato de “silver fish” que resultaron ser boquerones fritos, pero tan exquisitos y frescos como solo se pueden comer a pie de playa en la Costa del Sol. Y a raíz de un malentendido que tuvimos con la camareras, dado su poco dominio del inglés, intervino una chica turca que comía en la mesa contigua para ayudarnos. Y entablamos una grata conversación con ella, que además de inglés hablaba un español fluido. Nos contó que vivía en Londres, estaba de vacaciones en su país y tenía previsto trasladarse a Hispanoamérica para consolidar su castellano. Todo agradable y espontáneo. Una suerte conocer gente así. Pero así son los turcos. Al margen de los sitios de comidas hay multitud de puestecillos para picar: de mazorcas y castañas asadas (allí he comido por 1ª vez en mi vida castañas en verano) y también de zumos naturales, como el de granada que me tomé por recomendación de un amigo, cerca de la Torre Gálata.


 Mezquita del Gran Bazar 

 
  Escuela coránica en esa mezquita

Por lo que respecta a las mezquitas hay que decir que se pueden visitar (al contrario que en Marruecos, por ejemplo). Incluso en horas de culto, aunque el espacio suele estar delimitado entre creyentes y visitantes, pero se pueden ver en todo su esplendor. Las hay de varios siglos, algunas son iglesias bizantinas reconvertidas. Hay dos normas a cumplir: entrar descalzos y no llevar pantalones o faldas cortas. Pero lo tienen todo previsto. En cuanto al calzado hay muebles en el interior de las mezquitas con abundantes muebles para dejarlo, y no hay peligro de que te lo roben, es sagrado. Y en algunos otros sitios te proporcionan gratuitamente unas fundas de plástico para envolverlo. Y en cuanto a las piernas descubiertas, a pesar de que yo iba prevenido con unos pantalones desmontables, tampoco había problema: a la entrada estaban dispuestas, también gratuitamente, faldas o túnicas, que se devolvían al salir. En una ocasión me puse una túnica azul celeste con una capilla roja casi a lo Superman. En otra una falda larga también celeste con la que sentí la tentación de arrancarme por sevillanas; cosa que lógicamente no hice por respeto, que no por falta de ganas. Estas faldas las había de 2 colores: celeste o rosa o amarillo, para que cada persona eligiese el color que considerase más adecuado. Mucha tolerancia, porque en una de las mezquitas visitadas (la del Gran Bazar), nos colamos por una puerta falsa, la primera que encontramos, que daba acceso directo a la zona de oración. Y lo hice con pantalones cortos por mi despiste. Y nadie vino a recriminarme, a pesar de mi invasividad y falta (involuntaria) de respeto, cuando había orantes e incluso un grupo de niños y adolescentes reunidos en lo que me pareció una escuela coránica. En una de esas mezquitas (….), a la entrada, nos ofrecieron, siempre gratuitamente, unos pastelillos cúbicos, dulces y de frutos secos, como los que recibimos de bienvenida en nuestro hotel. En las mezquitas ubicadas en antiguas iglesias cristiana (bizantinas) el mihrab estaba descentrado con respecto al ábside central, para mirar hacia La Meca.

No puedo dejar de recomendar la Tarjeta de Museos si se va a estar allí varios días. No solo es un ahorro considerable, sino que además te evitan las colas. Cierto es que no sirven para todos los monumentos, pero compensa sobradamente.

También es recomendable acudir a un hamman o baño turco. Es una grata experiencia. Nosotros acudimos a uno cercano a nuestro hotel llamado Cağaloğlu Hamami, que data de 1741 y tiene como núcleo una  gran cúpula con lucernarios por donde entra la luz y acoge la sala de baños y masajes. Cuenta con una amplia recepción de 2 plantas donde se encuentran las habitaciones privadas que sirven como vestuarios, con cama, y en ellas dejas tus pertenencias y cierras con tu propia llave. Primero nos hicieron pasar a una sala caliente y seca para sudar durante 15 minutos, transcurridos estos, nos vinieron a buscar nuestros masajistas y nos llevaron bajo la cúpula y allí el masaje y baño, que duró 35 minutos según la tarifa que escogimos y que ascendía a 65 €. Una tarifa intermedia. Al terminar, una vez vestidos, nos ofrecieron un té con pastelillos cúbicos y blancos que ya antes habíamos probado el día de nuestra llegada al hotel y a la entrada de una mezquita. Quiso la casualidad que el joven que nos atendió en la recepción sabía hablar español y entabló conversación con nosotros a la salida: nos dijo que vendría precisamente a Córdoba en septiembre para permanecer aquí dentro de un programa Erasmus+, para perfeccionar su español. Nos intercambiamos los teléfonos para encontrarnos con él a la salida de su trabajo al día siguiente, nuestro último día allí. Primero nos invitó a un café turco en una terraza dentro de los jardines de Topkapi y luego nos llevó a un bar situado en la terraza de un hotel cercano a la Torre Gálata. Desde allí las vistas sobre el Cuerno de Oro, el Bósforo e incluso el mar de Mármara, eran majestuosas, sobre todo con el dorado del atardecer. Estuvimos hablando largamente de muchos temas y de Córdoba, sobre la que le dimos todo tipo de información. Y por supuesto, le afirmamos todo nuestro apoyo para cuando viniese a Córdoba. Él nos invitó a que pasásemos la primera decena de septiembre en su casa junto al mar Egeo, antes de venirse para España. Así es la hospitalidad turca.

En cuanto a la moneda hay que decir que hay numerosas casas de cambio y cajeros internacionales. 

Servicios turísticos hay un montón: desde viaje en barco por el Cuerno de Oro, hasta cruceros por el Bósforo con escala en el lado asiático o excursiones por Anatolia.

Por desgracia, aunque será para mejor, muchos edificios importantes estaban en obras de restauración, como la cúpula de Santa Sofía y la de la Mezquita Azul o el Museo Arqueológico, donde no estaba accesible el supuesto sarcófago de Alejandro Magno. Pero todo esto es pasajero y para bien. Y es que la ciudad fue Capital Europea de la Cultura en 2010, por lo que se ve que muchos de sus monumentos estaban ya necesitados de mantenimiento.

Como curiosidades 3: los árboles son allí venerados, y aunque tengan enfermedades o su tronco hueco, los dejan sobrevivir (nada que ver con nuestra taladora Córdoba). Los gatos son muy respetados, abundantes y poco huidizos. Los cuida todo el mundo proporcionándoles alimento y agua. Casi no existe el “¡zape gato!”. Otra de las cosas es la presencia cerca de los restaurantes de colecciones de jarritos de barro con papel albal horadado como tapadera. Hasta el último día no nos enteramos de su utilidad: servían para cocinar un abundante kebab cuya elaboración dura 2 o 3 horas. No lo probamos. ¡Otra vez será!

Árbol hueco

Gatos jugando en la calle 

   Jarritos de kebab


MÁS FOTOS (Museo Arqueológico y otras): AQUÍ 



25.7.18

CRÓNICAS TURCAS (Estambul 2)


Otras muchas bondades…

Además de sus muchos monumentos, en gran parte mezquitas de distintos siglos (algunas de ellas iglesias bizantinas reconvertidas), la seguridad de sus calles es tremenda, con coches policiales blindados en los principales lugares de afluencia y discreta vigilancia en otras zonas turísticas. Nada de asaltos o atracos fuera la hora que fuese. Y nada de picaresca en hoteles y restaurantes, como ocurre en otros países islámicos (Marruecos o Egipto). Los precios fijados en sus cartas o tarifas sin ninguna marrullería; sin pedir nada a cambio del excelente trato que se recibe por parte de los turcos, siempre dispuestos a ayudarte. Solo simpatía natural. Incluso si detectaban que eras español se esforzaban en chapurrear algunas palabras en nuestro idioma para que te sintieses bien. Porque muchos de ellos habían estado trabajando en España (Málaga, Madrid, Barcelona, Islas Canarias). Un encanto, vamos. En Turquía saben tratar al turismo.

Me sorprendió la juventud de su población y la cantidad de niños. La mayoría de jóvenes que trabajaban en servicios de hostelería (restaurantes, hoteles, etc.) y también como guías en grupo que vestían una camiseta azul rotulada con “Ask Me” en los sitios más turísticos para orientar gratuitamente  los “guiris”. (Por cierto, que la palabra turca “Giris” significa “Entrada”). Una nota jocosa.

Jóvenes "Ask Me"

Y en cuanto a los niños, qué decir. Los vimos vestidos principescamente (como en Aladino) cuando celebraban la fiesta de su circuncisión. Muy graciosos y siempre educados, incluso con sus patinetes, bicicletas, pelotas y artefactos volanderos en las plazas. Y de entre ellos, los más mayores, colaborando durante la noche en negocios posiblemente familiares, aprendiendo el oficio, algo que en nuestro país sería considerado “explotación infantil”, como Harum, que tendrá entre 10 o 12 años, y que nos atendió algunas noches cuando nos solazábamos, tras una intensa jornada, en una de las terrazas de la misma calle de nuestro hotel. Todo formalidad y disciplinada atención.

Bolardo moderno y bello en una calle de Estambul

La limpieza de calles y locales hosteleros también me sorprendió, equiparables cuando no superiores a los de España y otros países europeos.

En cuanto a los transportes igual se puede decir: modernos, limpios, confortables. Utilizamos principalmente el tranvía, pero también el funicular y el autobús. En los tranvías me llamó la atención el ver pegatinas en sus cristales contra el “manspreading”,  un concepto que no conocía hasta entonces, pero también, negativamente, el que no hubiese asientos reservados para ancianos, embarazadas o minusválidos. Y el que apenas existiese la cortesía al respecto. Para quienes van a permanecer varios días es recomendable sacar la tarjeta recargable de transporte, que a nosotros nos recomendaron y facilitaron en el hotel y que se puede recargar en una especie de cajeros siempre cercanos a las distintas paradas. El ahorro es significativo.

Pegatina contra el "manspreading" en un tranvía de Estambul.


…Y algunas objeciones

Algunos taxistas se niegan a hacer una carrera que les parece corta, y si la aceptan, tratan de fijar el (alto) precio de antemano, sin atender a lo que marca el taxímetro. Los “transfers” entre el aeropuerto y el hotel y viceversa es mejor contratarlos por nuestra cuenta, y no a través del hotel de destino, porque el hotel se lleva una alta comisión y además se desentienden del servicio aduciendo que son meros intermediarios. Eso lo sufrimos sobre todo a la vuelta, cuando el transfer contratado tenía que estar en nuestro hotel a las 9:30 y llegadas las 10 horas no aparecía,  con lo que se ponía en juego la posibilidad de perder nuestro vuelo. La cosa se solucionó a iniciativa nuestra, cuando, pasadas las 10 horas, decidimos parar cualquier taxi que circulaba libre por la calle donde estábamos esperando el contratado transfer. Determinado a pagarlo de nuestro bolsillo a pesar de que ya habíamos pagado una cantidad considerable en el hotel para el medio de transporte que no aparecía. Pero el empleado del hotel que nos asistía en la espera del transfer, ante nuestra determinación, paró él mismo un taxi para que nos llevase en tiempo al aeropuerto; eso sí, abonándole este empleado mucho menos de lo que habíamos pagado en el hotel por este servicio.



MÁS FOTOS (Palacio Topkapi, Santa Irene y Basílica Cisterna): AQUÍ
(San Salvador in Chora, Gran Bazar, Mesquita de Solimán...) AQUÍ




23.7.18

CRÓNICAS TURCAS (Estambul 1)


Cúpula central de Santa Sofía

Acudí a este viaje un tanto preocupado por las posibles temperaturas. En verano me gusta viajar al norte, en busca del fresco. Pero hubo suerte, porque a la sombra se estaba muy bien durante el día y las noches eran agradables.


El hotel y sus alrededores

Nos alojamos en el Hotel  Sapphire, muy cerca del cogollo monumental, histórico, de Estambul: Santa Sofía, el Palacio Topkapi, Santa Irene, el Museo Arqueológico, la Mezquita Azul, el antiguo hipódromo bizantino con sus obeliscos (uno de ellos traído del templo egipcio de Karnak). Y además contábamos con una cercana parada de tranvía (recomendable la tarjeta recargable para los transportes públicos), que nos facilitaba el dirigirnos a cualquier parte de la extensa ciudad, a un lado y otro del Cuerno de Oro.

En el hotel nos recibieron muy bien, como a todos los huéspedes, y el recepcionista nos proporcionó gratuitamente planos de la ciudad y se explayó explicándonos cosas útiles y señalándonos los sitios interesantes; sin prisas, exhaustivo y tremendamente amable, como es habitual en Turquía. Como regalo de bienvenida nos sirvieron un té y unos pastelitos cúbicos y blancos, sabrosos y consistentes.
El día de nuestro regreso nos hicieron también dos regalos.

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No hicimos ninguna salida fuera de Estambul, a pesar de la variedad de ofertas asequibles: barcos por el Bósforo, o pasar a la cercana ribera asiática del país. No fuimos a Capadocia, ni a Pamukkale… por ejemplo, porque Estambul tenía demasiadas maravillas para los 6 días que permanecimos allí. Y es que Estambul es mucho Estambul, con sus casi 20 millones de habitantes.

Monumento en el centro de la plaza Taksim

Por la plaza Taksim

Una ciudad cosmopolita a pesar de la creciente islamización palpable. Con zonas conservadoras y otras plenamente europeas, como la plaza Taksim, a la que llegamos en funicular y donde están construyendo una nueva mezquita, o la adyacente y kilométrica calle De la Independencia, cuyo nombre he logrado descifrar. Una calle llena de embajadas o consulados palaciegos (Rusia, Suecia, Francia… en la que lucía un cartel del orgullo gay), así como tiendas, bares, pubs y restaurantes. En uno de estos bares, llamado Parole, nos sentamos en su terraza para apagar la sed y picar algo (un plato de quesos), mientras escuchábamos buena música y veíamos pasar a los variopintos viandantes provenientes de muchas naciones y culturas. Y es que estábamos en el Barrio de Pera, posiblemente el más occidentalizado, divertido y laico de Estambul. Volvimos a este local días después, hicimos una escala antes de dirigirnos al restaurante recomendado por una guía turística. Lamentablemente ese día estaba cerrado, así que deambulamos por los alrededores y fuimos a dar con un pasaje al aire libre pero sombreado, repleto de restaurante con terraza y elegimos uno de ellos que resultó un acierto el Welldone. Rápido y amable servicio, amplia carta, buenos precios, música y diseño modernos (como en el Parole). Allí degustamos una exquisita y enorme pizza egipcia (la tabla en la que la sirvieron ocupaba casi todo el ancho de nuestra mesa) y unas bolas de humus no menos exquisitas, con abundante guarnición de las excelentes verduras turcas en las que el tomate sigue sabiendo a tomate y la lechuga a lechuga. Casi no fui capaz de comerme este completo plato que figuraba de entrante en la carta. Luego pedimos un solo postre: sandía. Sandía que también sabía a las sandías de antes y cuya abundancia y buena presentación, con grandes y sabrosas cerezas alternando entre los gajos sin corteza; una delicia. En la sobremesa pedimos un raki, licor turco típico que ya habíamos probado y que es como un anís al que se le debe añadir agua porque lo consideran muy fuerte; el resultado es lo que en España conocemos como una “palomita”. Pero ¡que presentación tan completa y atractiva! Y también compleja, de modo que pedir ayuda a nuestro amable camarero para que nos explicase el “funcionamiento”, cosa que hizo con satisfacción. Igual que nosotros al ingerirlo plácidamente y como digestivo. Después retirada al hotel (siesta).

Raki


FOTOS Santa Sofía: AQUÍ
OTRAS (alrededores de Santa Sofía): AQUÍ


19.7.18

RAFAEL MONTILLA CARDEÑOSA (In memoriam)


Te fuiste pronto. De golpe. La vida … que es tan injusta. No has sido el único en irte prematuramente en los últimos meses; en junio cayó nuestro común amigo Luis Alberto y luego también María Ramos a la que conocías menos si mi memoria no me falla.

El pasado lunes de este mes (16-7-2018), acudí al cementerio para visitar la tumba de mi madre, que también cayó en octubre pasado (Annus horribilis). Y allí acudí a la tuya, que me pareció entrañable; como tú. Tengo pendiente hacerle una foto y descifrar el pentagrama que la ornamenta y que me traerá buenos recuerdos tuyos, con quién tanto he compartido.

Para mí eras más que un amigo del alma; fuiste como un bondadoso hermano. Y no exagero.

Ahora leo, o más bien escucho, mucha poesía, ese género que tanto te gustaba. Góngora, Quevedo, el Arcipreste de Hita, Alberti, Blas de Otero, J. A. Goytisolo, Lorca, Jorge Manrique, Nicolás Guillén, Machado, León Felipe o Gabriel Celaya, a cargo de Paco Ibáñez. Pero también de Chicho Sánchez Ferlosio, que tu me recomendaste (“Círculos viciosos”), musicados por La Mandrágora.

He tenido la suerte de haber gozado de tu cálida amistad, siempre sincera y generosa. Y de la que tanto aprendí. Todo un ejemplo a seguir.

Solo me queda dedicarte una poesía que conoces bien. Es lo menos que puedo hacer.

S.T.T.L., compañero.


ELEGÍA A RAMÓN SIJÉ

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha
muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien
tanto quería.)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracoles
Y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte
a parte a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de mis flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas...
de almendro de nata te requiero,:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

22.6.18

Colección del Museo Ruso de San Petersburgo (Málaga)


                                                   Retrato del herrero S. Petrán

Recientemente visité la Colección del Museo Ruso de San Petersburgo, en Málaga y me gustó. Una buena colección de cuadros, algunas esculturas y otros objetos.

La mayoría de los cuadros eran del siglo XIX y de la Rusia Soviética. De estos últimos había retratos de los líderes bolcheviques y también de obreros en sus fábricas. Y ensalzamiento del deporte y la tecnología (aviones, siderurgias…)

Mineros escriben una carta al creador de la Gran Constitución

Paisaje con árbol rojo (Carrera)

Esperaba encontrar obras de las vanguardias rusas de principios del siglo XX (Kandinsky, Malévich, Goncharova, El Lisitski…), pero nada había. Desconozco si estas obras no forman parte del museo o es que sus obras fueron tachadas de antirrevolucionarias tras octubre de 1918. Una pena. Es la única pega que se puede poner a este museo cuya visita es más que recomendable.

Corredores

El as derribado

La reciente inauguración de este museo, viene a sumarse al Museo Picasso, Pompidou y Thyssen, lo que ha reforzado el papel de la capital malagueña como potentísimo polo cultural de vanguardia. Posiblemente la capital cultural de la mitad sur de España. ¡Chapeau!




29.5.18

MENORCA 4 (y final)


Campamento romano altoimperial con foso

Viernes 11-5-2018

En este día nos quedamos solos en el apartamento Buensu y yo, tras la partida matutina de Marijo y Elena. Las echamos de menos. Y nos tomamos el día de relax, visitando parte de la localidad donde nos alojábamos (Sant Tomas) y de sus playas que tan cerca teníamos pero que no habíamos visitado a pie de tierra.

Desayunamos en chiringuito junto a la preciosa cala que se extendía frente a nuestro apartamento, donde encontramos a un locuaz camarero marroquí que llevaba allí desde hace 20 años. Había poca gente en ese momento.

Luego a las 13 horas yo volví al chiringuito mientras Buensu hacía un recorrido senderista por la costa. Cuando me senté en el chiringuito frente a la playa en el que habíamos desayunado, los clientes se había multiplicado debido a que era la hora de comer. La locuacidad del camarero marroquí (Moha, según la tarjeta que prendía en su chaleco) retornó con la llegada de Buensu, que, como de costumbre, le tiró de la lengua; y entonces se enorgulleció de que tras su larga estancia en Menorca, su hijo era “menorquín”. Ya he vivido situaciones parecidas en las que debes poner cara de póker; porque confunden tener la nacionalidad con ser. Y además reniegan de sus orígenes; los denostan; tratan de borrarlos. Para mí no hay mayor desprecio a las raíces. Nunca en la historia los españoles, exiliados o emigrados, han renegado de su lugar de nacimiento. Y es que, además, llovía sobre mojado, porque en el Aeropuerto de Barcelona asistimos a un episodio similar protagonizado por una inmigrante hispanoamericana, acompañada de un niño de 7 u 8 años,  que increpaba a gritos a un operario del aeropuerto que muy educadamente la retiró de la cola de embarque por algún problema, al que decía que era tan española como él… jajjaja! No había nada más que verla y oírla. Pero en fin, este mi blog no es un blog de política, por lo que no voy a seguir por ahí.

Este día fue espléndido, sin nubes ni lluvias como en otros días anteriores.


Mihrab en arco de herradura

Sábado 12-5-2018

Tocaba emprender el retorno, pero como había tiempo suficiente hasta la salida de nuestro ferry a Alcudia, dedicamos la mañana a ver yacimientos  arqueológicos a los que pudimos acceder gracias a nuestro impagable amigo y guía José Luis. Ciudades o campamentos romanos, basílica paleocristiana y mezquita con mihrab de herradura… Y luego a una granja donde compramos queso menorquín traes degustar sus diversas variedades. Esta granja cuenta con una gran casa de toques modernistas.

Casa en quesería

Luego José Luis nos trasladó hasta Ciudadela. Y allí visitamos el Palacio Olivar (y sus interesantes habitaciones y estancias…), recorrimos sus bellas calles (pulcras y poco transitadas), y también visamos el no menos interesante Museo Diocesano, con muchas piezas arqueológicas de diversas épocas (desde la Prehistoria hasta épocas plenamente históricas, inclusive una sala dedicada a los avances científicos del siglos XIX y). Tras la comida en un restaurante en una de sus recoletas y agradables placitas, visitamos la catedral por dentro. Una catedral gótica del siglo XIV que cumple con los cánones de este tipo de edificaciones en la zona levantina.

Catedral (ábside)

Como quedaba tiempo, José Luis nos llevó hasta Son Catlar poblado talayótico que conserva todo su amurallamiento, incluidas torres adosadas a la muralla de época romana. Luego vuelta a Ciudadela, hasta su puerto, dónde nos despedimos de nuestro amigo-guía. Y allí empezó nuestro episodio con el Land Rover (volvemos al final).

P.D.: La isla es muy verde, tranquila, limpia y florida. La huella fenicia continúa: la ecotasa (2€+IVA por día), wifi por 2€ día y terminal en Sant Tomas (5 € en Hotel Bellevue de Alcudia)… Y aquellas abejas en el camino del último poblado visitado que se afanaban en la tierra sin saber por qué.


  FOTOS: AQUÍ.
                                                                   Y AQUÍ (Palacio Olivar)
                                                                   Y AQUÍ (Museo Diocesano)




28.5.18

MENORCA 3 (calas)


Cala Galdana

El jueves 10 no contábamos con la presencia de José Luis debido a sus ocupaciones, y aunque nos recomendó vivamente una visita a Ciudadela, proporcionados indicaciones precisas sobre como llegar, aparcar y lugares interesantes que visitar, nos decantamos por una jornada de calas. Elena y Marijo se marchaban al día siguiente y todos teníamos ganas de un poco de playa.

Así que nos dirigimos en primer lugar a Cala Galdana y sus impresionantes acantilados. Esta cala es muy amplia, con aguas transparentes que se tornaban en diversos matices de verdes y azules playa adentro. Junto a ella hay una ría en la que desemboca el río, que venía cargado de lodo por la tormenta del día anterior. Su color terroso se iba diluyendo con el mar azul en la desembocadura.

Llegados a este punto Elena y Buensu se decantaron por hacer un paseo senderista señalizado que las conduciría a bellas y recoletas calas, mientras Marijo y yo optamos por recorrer la playa de Cala Galdana haciendo geoterapia (que tan bien me sienta) con nuestros pies descalzos entre la fina arena y las cristalinas aguas.

Después Marijo y yo nos sentamos en un banco de madera, de los muy abundantes en esa playa, bajo la protección de uno de los frondosos y también abundantes pinos allí. Porque el día era soleado y se agradecía la sombra y la fresca brisa que nos acompañó. Y charlamos largamente.

Luego recorrimos la acera opuesta a la playa hasta aposentarnos en la terraza de uno de sus bares (ALASKA), dónde, resguardados del sol, esperamos el regreso de las senderistas. Cuando llegaron  decidimos quedarnos a comer allí mismo por su cercanía y asequibles precios.

Fuente-grifo en Cala Galdana

Después volvimos a la cala para que Buensu y Elena pudieran recorrerla, incluido un corto recorrido por sus acantilados en los que abundaban cuevas incluso con ventanas excavadas. Regresamos a la playa y Marijo y Elena tomaron un baño de sol. Cuando hubieron terminado reemprendimos el regreso hacia el coche, no sin fotografiar una llamativa fuente-grifo que parecía colgar del cielo.


Cala Tirant

De allí nos trasladamos a Fornell y su Cala Tirant, donde el mar estaba bravío; y continuación buscamos un faro para contemplar la puesta de sol, pero tras recorrer una sinuosa y estrecha carretera ceñida por muros de piedra, no dimos con él. De modo que acometimos la vuelta al apartamento donde, tras la cena, nos retiramos pronto porque Elena y Marijo partían temprano a de regreso a su tierra en la mañana siguiente. Era el fin de una etapa.


MÁS FOTOS: AQUÍ




27.5.18

MENORCA 2


Taula de Torralba

El segundo día asistimos a un grato maratón arqueológico,de época  talayótica y anterior. Fuimos conducidos por el generoso José Luis, que se tomó el día libra para guiarnos.

Comenzamos la jornada visitando la Taula de Torralba (Torralba den Salord), impresionante y más compleja de lo que esperaba de las taulas, sobre las que J. Luis explicó las diversas teorías sobre su cronología y funciones, así como su propia teoría al respecto que, de  momento, se reserva. También recorrimos otros yacimientos a su alrededor (canteras, cuevas…)

Luego nos dirigimos a  un dolmen de corredor y después a un yacimiento posterior  de gran complejidad (Torre d’en Galmés) con su salas hipóstilas y conducciones de agua, además  tres talayots  y, a sus pies, un conjunto de casas talayóticas que me sorprendieron.

Sala hipóstila en Torre Galmés

Tras la exquisita comida, en el Restaurante Casa Andrés de Son Bou, por la tarde hicimos una ruta de senderismo por el Barranco de Algendar; un barranco que parece separar  la isla en dos mitades geológicas diferentes. Un bello y frondoso paseo con calzada romana y lo que me parecieron algunos eremitorios. Y llegamos hasta una enorme encina (árbol singular) de casi 500 años. 

Eremitorio al final del Barranco de Algender


Encina de 5 siglos al final del Barranco.

Y allí nos empezó a llover, cosa para la no íbamos suficientemente preparados; así que caminamos bajo lluvia hasta que ésta se fue intensificando y hubimos de ir resguardándonos, de hito en hito, donde los árboles nos daban cobijo, hasta que por fin alcanzamos un refugio rocoso cuando la lluvia arreciaba con fuerte aparato eléctrico y truenos amenazantes que resonaban en el pétreo barranco. La lluvia no cesaba mientras la tarde seguía su avance. Pasamos allí largo rato, que acortamos entre bromas y risas; asistimos a un concierto de ranas que Marijo grabó y vimos el panel existente sobre una  leyenda (creo recordar sobre una niña o joven).  Finalmente la lluvia fue amainando hasta que nos permitió salir y retomar el camino de vuelta hasta el coche. En el automovilístico regreso fue cuando vimos el prometido arco iris (doble), que fotografiamos haciendo una parada.

Arco iris al final del recorrido


MÁS FOTOS AQUÍ



26.5.18

MENORCA 1



 
Naveta de Rafal Rubí

Tras una lluviosa noche en Granada al día siguiente (martes 8 de mayo), partimos de su aeropuerto con destino a Menorca haciendo escala en Barcelona. En total unas 6 horas entre aeropuertos y aviones.

A la llegada al de Menorca nos estaban esperando los amigos Marijo, José Luis y Elena (esta última que conocimos allí y que tan encantadora resultó). Cargaron nuestro equipaje en el coche alquilado que nos sirvió para recorrer toda la isla en los días siguientes. Como era temprano (18 horas) y había horas de luz suficiente, nos condujeron a visitar la naveta de Rafal Rubí; una naveta de enterramiento a la que pudimos acceder a través de su reducida entrada. El monumento mostraba a su alrededor un campo lleno de flores multicolores y enormes acebuches arbóreos como nunca había visto. 


Sistema de canalizacion en el santuario de la Virgen del Toro.

Después José Luis, nuestro amigo menorquín, nos llevó al punto más alto alto de la isla: El Santuario de la Virgen del Toro topónimo interesante aunque parece va a asociado a San Lucas. Desde su mirador se podía disfrutar de unas magníficas vistas de la isla mar incluido. En el atrio o patio de entrada al santuario estaban expuestos unos molinos de mano prehistóricos cuyo tipo desconocía. Y también una peculiar forma de canalizar el agua de sus tejados hasta el suelo.

Después nos dirigimos a nuestro alojamiento: un amplio apartamento con estupendas vistas al cercano mar y un cuidado jardín; como todo en esta isla que me resultó llamativamente verde y tranquila. Nada que ver con el turismo de masas de Mallorca o Ibiza. A destacar sus constantes cercados de piedra (bocages) que el gobierno insular se encarga de mantener, al tiempo que se cuida de las construcciones monstruosas, tan frecuentes en nuestra costa mediterránea.


Vista desde nuestro apartamento

Antes de llegar al apartamento, que compartiríamos con Marijo y Elena, hicimos una para técnica en un supermercado dónde no abastecimos de lo necesario para la cena y parte de las jornadas siguientes. Y luego llegamos a nuestro destino, ubicado en un pequeño núcleo llamado Sant Tomè. Nada más llegar y tras aposentarnos, Elena se puso callada, laboriosa y humildemente a prepararnos la cena, que transcurrió en animada conversación, grata, y que se prolongó hasta pasada la medianoche. ¡Y es que había tantas cosas que contarnos! (desde el viaje a Egipto).

Buensu, mi compañera de viaje por tierra, mar y aire, enseguida conectó con sus nuevos amigos (yo intuía tal posible afinidad). Especialmente con Elena, dados sus gustos y conocimientos sobre la flora, que no dejaron de recolectar flores y plantas. Primero para ornamentar nuestro alojamiento y luego, en dura travesía, intentar que arraigaran en sus hogares. Les deseo suerte y espero ver sus “frutos”.

En cuanto a mí, se me trató como un rey: me concedieron la habitación más espaciosa del apartamento, con amplio cuarto de baño propio dotado de una enorme y moderna bañera y una terraza también propia. Un lujo que agradezco.

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24.5.18

PASEOS DE JANE 2018


Javier Burón presenta el paseo de M. Antúnez

Este año he vuelto a participar en los Paseos de Jane. A mí que tanto me gusta pasear por la ciudad y gozar del ir ir venir de sus diversas gentes, y leer en las fachadas de sus edificios o en sus pavimentos la historia de nuestra urbe; un libro abierto.

En esta edición he acudido a tres paseos como asistente, como espectador ávido de disfrute y conocimiento. No he podido acudir a otros que me interesaban, pero el tiempo es limitado. De modo que el viernes tarde estuve presente en el Miguel Antúnez sobre la “Poesía de los Árboles”, que se desarrolló en los Jardines de la Agricultura, con lecturas poéticas sobre cada uno de los ejemplares en los que el autor se detuvo. Allí me encontré con muchos y viejos amigos. Y aunque el acto arrancó con puntualidad, terminó 30 minutos después de lo previsto (cosa lógica en un paseo guiado) lo que me impidió asistir a otro paseo que me interesaba y que lo conducía el amigo Pancho, gran conocedor de las aguas de Córdoba. Y es que el cuerpo tampoco aguanta a estas (supongo) edades: estar a pie quieto durante mucho tiempo me causa dolores de espalda. ¡Qué le vamos a hacer!

Miguel Antúnez durante su paseo

El sábado por la mañana asistí al paseo guiado por el también amigo Alberto Rubio, que nos ilustró sobre el viaje que realizó el Gran Duque de Toscana a nuestra ciudad en el siglo XVII, dentro de su periplo por la Europa más occidental. Arrancó el acto en las Caballerizas Reales y finiquitó en la Plaza de la Corredera, donde las autoridades locales le ofrecieron una corrida de toros. Paramos en el Centro de Visitantes de Córdoba, donde se encuentra reproducido un fragmento de la crónica del aristócrata florentino sobre su estancia en Córdoba y en el semiclaustro conservado del antiguo convento de San Pedro el Real (actual iglesia de San Francisco), donde se alojó el Gran Duque durante su estancia en Córdoba.

Alberto Rubio en las Caballerizas Reales

El domingo por la mañana tocaba con Manuel Harazem y su paseo sobre la Rebelión de Saqunda, sobre la que ha escrito un libro que leí con fruición el pasado verano. El itinerario comenzó en el C3A (o como se llame, porque este nombre me remite a los robots de “La Guerra de las Galaxias”). Allí pudimos contemplar los pocos vestigios de ese inmenso arrabal que se conservan y que fue arrasado por las excavadores, como otros tantos otros yacimientos en Córdoba. De allí nos trasladamos al otro lado del río (su margen derecha), donde la maleza oculta el dique o murallón que se construyó en su margen izquierda para prevenir que las crecidas del río no inundasen Saqunda, pero que el devenir del río, con constantes cambios en su curso y meandros, ha dejado como mudo testigo de lo que un día fue. El acto terminó junto al Molino de la Albolafia, frente a la Puerta del Puente y el actual Seminario. Después los más íntimos (el propio Harazem, Cristina, Carlos Puentes, Eladio y Paco Madrigal fuimos a refrescarnos con una cerveza en el cercano Amapola.

Manuel Harazem en su paseo

Por la tarde me tocó, esta vez como guía, el paseo sobre la Avenida de las Ollerías, que era el último de esta edición de los Paseos de Jane. El tiempo se había vuelto horrible, como había pronosticado nuestro amigo “El Meteofriki” (Carlos Puentes) a mediodía. Tras la tormenta desatada hubimos de cambiar el punto de encuentro a la acera de enfrente, cobijados por los soportales de esta avenida que son una bendición (ante las lluvias y también bajo el sol estival). Muchos amigos tuvieron que desistir porque se mojaron nada más salir de sus casas, cosa comprensible sobre todo en este mayo cordobés tan impredecible, con subida y bajada de las temperaturas, inversiones térmicas y sus rápidas variaciones del cielo. Pero todo resultó bien, con paraguas desgarbados a causa del viento y una afluencia de público (en su mayoría vecinos del barrio) nada despreciable. Un público muy participativo. Y nos despedimos gratamente bajo el arco de la Torre de la Malmuerta, aunque la persistente lluvia nos azotaba a izquierda y derecha.

    
Dos de los edificios desaparecidos en Avenida de las Ollerías: Fundiciones Alba y Garaje San Cayetano





20.5.18

RECUPEREMOS LOS ’80



Vivimos tiempos complicados. Para mi generación algo menos, pero para los jóvenes terribles, porque no tienen otro horizonte que emigrar. Como los trabajadores españoles en los años ’50 y ’60.

Los años ’80 fueron duros para los que éramos jóvenes entonces. La crisis económica española de 1982 nos azotó con fuerza. Perdimos trabajos y horizontes de encontrarlos. Pero fueron años de disfrute y libertad. Mucha libertad que ahora (2018) se añora. 

Esta entrada la había pensado titular “La canción” (o copla, como diría mi admirado Carlos Cano), porque han sido esas canciones las que me han inspirado este escrito. Efectivamente he vuelto a escuchar mucha música de los años 80. Me consuela en estos años grises, de autocensura, del imperio de lo “políticamente correcto” que mata al individuo, que atenta contra la libertad de expresión. Ese fascismo o estalinismo “blanco” que impera desde hace unos años en las Españas. Posiblemente se trate de una importación anglosajona (o “anglocabrona” como dice mi también admirado Sánchez Dragó); de su falso puritanismo mientras gastan en fiestas “demodeés” o caducas (bodas de no sé que príncipe, etc.) lo que necesita el resto del mundo. Un mundo asolado por el hambre, las epidemias y las guerras (provocadas por los países ricos; ellos).

En fin, que echo de menos aquellos años que en mi vida he sentido como más los más libres. Y también desenfadados. Echo de menos a grupos musicales como La Polla Records, Los Ilegales, Kaka de Luxe, Siniestro Total y un largo etcétera. Echo de menos la frescura de las primeras películas de P. Almodóvar (“Pepi, Lucy y Bon…” o “Átame”, esta última que sería impresentable en un festival a día de hoy) y su derribar libremente tabúes. Sin el lastre de los poderes fácticos que hoy nos atenazan.

Echo de menos a Agustín García Calvo, a Umbral o a Paco Ibáñez, que en su concierto en el Olympia de París en ¡1969! musicaba poemas clásicos españoles en los que se hablaba, sin denostación, de cojos, mancos o ciegos. Hoy eso estaría prohibido; y habría que sustituirlo por ese eufemismo de “disminuidos físicos”, cosa que casa mal con la poesía y con la realidad. Porque el lenguaje trata de economizar; de ser preciso, de comunicar fácilmente, de entendernos sin oscuros manejos impuestos desde el poder político, pero también del social, porque la izquierda (esa supuesta esperanza) se hace presente en el juego. Fuegos artificiales para entretenernos y desviarnos de los verdaderos problemas que nos acometen en el día a día.

De modo que ahora lo que se impone es “A galopar hasta enterrarlos en el mar” (Alberti). 

Ah! La libertad.


PS: Por favor, agradecería muy mucho que vuestros comentarios a esta entrada los hicieseis en el propio blog, y no dándole al “me gusta” de Facebook tras leerlo superficialmente.

15.5.18

Land Rover (y transportes Menorca)


Junto a Land Rover, a las puertas del Hotel Bellevue

Comienzo la crónica del reciente viaje a Menorca por el final...

En nuestro viaje a Menorca nos hemos transportado por tierra, mar y aire.

Llegar o salir de esa aislada isla se nos ha hecho complicado.

Los medios que hemos utilizado fueron:

-Taxi
-Autocar (hasta Granada)
-Autobuses urbanos
-Avión
-Coche de alquiler
-Barco (ferry)
-Trenes (de cercanías y lejanías)
-Coche particular

Y el LAND ROVER, que merece tratamiento aparte y más extenso, por lo insólito…

Cuando nuestro amigo José Luis nos dejó en el parking del puerto de Ciudadela, nos dirigimos a la entrada de su terminal. Y allí, por casualidad, un caballero (Mariano) se acercó a Buensu preocupándose de su mochila. Y surgió la conversación. Le dijimos que nos dirigíamos a Palma de Mallorca y él nos dijo que nuestro barco (y el suyo) no iba a Palma, sino a Alcudia. Alarmados consultamos los billetes y ¡Tenía razón!. Con lo cual se nos erizó el vello, porque también creíamos que el hotel para pernoctar estaba reservado en Palma. Pero Mariano nos dijo que no había problema, que él junto a sus dos amigos una vez desembarcados se dirigían a la capital y que nos podían llevar en el Land Rover que acababan de adquirir. Un todo terreno de 55 años. Y en él introdujeron nuestras maletas, y lo embarcaron con prontitud, hasta el punto de que fuimos los primeros en salir de la bodega del ferry una vez atracados en Alcudia.

Durante el trayecto náutico, el buen Mariano nos preguntó cual era el hotel al que íbamos a alojarnos (Hotel Bellevue). Miró en Internet y nos dijo que nuestro hotel no estaba en Palma, sino en la propia Alcudia. ¡Otra sorpresa! La verdad es que ya no ganábamos para sustos. Porque si teníamos que pernoctar en Alcudia ¿Cómo trasladarnos al sur de la isla al día siguiente para tomar el vuelo a Málaga?

Nos llevaron generosamente en el LAND ROVER hasta la puerta de nuestro hotel, recorriendo avenidas y callejeando, rodeando calles cortadas por alguna celebración. Y al final nos hicimos una foto junto al Land Rover (no era para menos). Mariano, Pepe (que conducía el vehículo) y otro amigo suyo del cual, lamentablemente, no recuerdo el nombre. Y allí nos despedimos de estos buenos y nuevos amigos. Final feliz…

Por cierto: si conocéis a alguien que quiera vender un Land Rover, no dudéis en comunicármelo: ellos los coleccionan. Y estamos en deuda con tanta generosa amabilidad.