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2.5.19

Fin de semana alternativo





Estamos a las puertas de un fin de semana bastante alternativo. El viernes comienza la edición de este año de los Paseos de Jane que se prolongarán hasta el domingo inclusive. 

El viernes podemos elegir entre la presentación del libro Luto en colores de Silvia Melero en la librería La República de las Letras (19:30 horas) y el concierto de Elek Quartet organizado por el Ateneo en su sede (20 horas). 

Para el sábado 4 El Ecomercado nos ofrece alimentos ecológicos y también trueque de libros por parte de la Red Trueque. Ese mismo día podemos dirigirnos a LRL para asistir a la presentación del poemario Intramuros de Jaime Cedillo (12:30 horas).

Y el domingo pasear por la calle Imágenes para contemplar su nuevo proyecto, en esta ocasión dedicado a alertar sobre el cambio climático.

Todo con buen tiempo ¡y gratis!

P.D.: en la semana siguiente el lunes 7 se inician unas jornadas con motivo de la fundación de la Bauhaus y el domingo 12 tendrá lugar la salida mensual de la Plataforma A DESALAMBRAR.



24.5.18

PASEOS DE JANE 2018


Javier Burón presenta el paseo de M. Antúnez

Este año he vuelto a participar en los Paseos de Jane. A mí que tanto me gusta pasear por la ciudad y gozar del ir ir venir de sus diversas gentes, y leer en las fachadas de sus edificios o en sus pavimentos la historia de nuestra urbe; un libro abierto.

En esta edición he acudido a tres paseos como asistente, como espectador ávido de disfrute y conocimiento. No he podido acudir a otros que me interesaban, pero el tiempo es limitado. De modo que el viernes tarde estuve presente en el Miguel Antúnez sobre la “Poesía de los Árboles”, que se desarrolló en los Jardines de la Agricultura, con lecturas poéticas sobre cada uno de los ejemplares en los que el autor se detuvo. Allí me encontré con muchos y viejos amigos. Y aunque el acto arrancó con puntualidad, terminó 30 minutos después de lo previsto (cosa lógica en un paseo guiado) lo que me impidió asistir a otro paseo que me interesaba y que lo conducía el amigo Pancho, gran conocedor de las aguas de Córdoba. Y es que el cuerpo tampoco aguanta a estas (supongo) edades: estar a pie quieto durante mucho tiempo me causa dolores de espalda. ¡Qué le vamos a hacer!

Miguel Antúnez durante su paseo

El sábado por la mañana asistí al paseo guiado por el también amigo Alberto Rubio, que nos ilustró sobre el viaje que realizó el Gran Duque de Toscana a nuestra ciudad en el siglo XVII, dentro de su periplo por la Europa más occidental. Arrancó el acto en las Caballerizas Reales y finiquitó en la Plaza de la Corredera, donde las autoridades locales le ofrecieron una corrida de toros. Paramos en el Centro de Visitantes de Córdoba, donde se encuentra reproducido un fragmento de la crónica del aristócrata florentino sobre su estancia en Córdoba y en el semiclaustro conservado del antiguo convento de San Pedro el Real (actual iglesia de San Francisco), donde se alojó el Gran Duque durante su estancia en Córdoba.

Alberto Rubio en las Caballerizas Reales

El domingo por la mañana tocaba con Manuel Harazem y su paseo sobre la Rebelión de Saqunda, sobre la que ha escrito un libro que leí con fruición el pasado verano. El itinerario comenzó en el C3A (o como se llame, porque este nombre me remite a los robots de “La Guerra de las Galaxias”). Allí pudimos contemplar los pocos vestigios de ese inmenso arrabal que se conservan y que fue arrasado por las excavadores, como otros tantos otros yacimientos en Córdoba. De allí nos trasladamos al otro lado del río (su margen derecha), donde la maleza oculta el dique o murallón que se construyó en su margen izquierda para prevenir que las crecidas del río no inundasen Saqunda, pero que el devenir del río, con constantes cambios en su curso y meandros, ha dejado como mudo testigo de lo que un día fue. El acto terminó junto al Molino de la Albolafia, frente a la Puerta del Puente y el actual Seminario. Después los más íntimos (el propio Harazem, Cristina, Carlos Puentes, Eladio y Paco Madrigal fuimos a refrescarnos con una cerveza en el cercano Amapola.

Manuel Harazem en su paseo

Por la tarde me tocó, esta vez como guía, el paseo sobre la Avenida de las Ollerías, que era el último de esta edición de los Paseos de Jane. El tiempo se había vuelto horrible, como había pronosticado nuestro amigo “El Meteofriki” (Carlos Puentes) a mediodía. Tras la tormenta desatada hubimos de cambiar el punto de encuentro a la acera de enfrente, cobijados por los soportales de esta avenida que son una bendición (ante las lluvias y también bajo el sol estival). Muchos amigos tuvieron que desistir porque se mojaron nada más salir de sus casas, cosa comprensible sobre todo en este mayo cordobés tan impredecible, con subida y bajada de las temperaturas, inversiones térmicas y sus rápidas variaciones del cielo. Pero todo resultó bien, con paraguas desgarbados a causa del viento y una afluencia de público (en su mayoría vecinos del barrio) nada despreciable. Un público muy participativo. Y nos despedimos gratamente bajo el arco de la Torre de la Malmuerta, aunque la persistente lluvia nos azotaba a izquierda y derecha.

    
Dos de los edificios desaparecidos en Avenida de las Ollerías: Fundiciones Alba y Garaje San Cayetano





11.5.17

PASEOS DE JANE 2017


Inicio de la ruta (Foto gentileza de Paco Madrigal)

Este año he vuelto a participar como guía en esta magnífica iniciativa que me parecen los Paseos de Jane. Si no lo he vuelto a hacer en sus últimas ediciones ha sido por falta de tiempo, que no de ganas ni ideas.

En esta ocasión me he ocupado de los nombres y lugares de sitios que recorrí en mi infancia y que, por las transformaciones urbanas de los últimos cincuenta años, se van perdiendo en el olvido.

Torre de los Perdigones (Foto tomada del blog Puerta de Osario)

No ha sido un paseo monumental. De hecho el único monumento que aun perdura es la Torre de los Perdigones de Córdoba, en la calle Juan Tocino. Lo demás han sido calles, plazas o solares cuyos antiguos nombres populares a veces se han ido perdiendo, debido a sus nuevos usos (residenciales) con jóvenes habitantes que desconocen su historia. Ha sido un paseo en el tiempo, por la memoria, mucho más que por la actual fisionomía de esta zona (tan poco atractiva, por otra parte).

El recorrido comenzó en la confluencia de las calles Muro de la Misericordia, Cárcamo y  Jardín del Santo Cristo (antiguo “Jardín del Piojo”). De allí seguimos por la calle Fernando de Lara, bordeando los restos de la antigua muralla almorávide hasta llegar a su lienzo donde quedan restos de la “Casa de los Locos” (antiguo Hospital Psiquiátrico).

Luego nos paramos en tres bocacalles de las que expliqué el origen de sus nombres (me gusta mucho la toponimia): calles Juan Tocino, Nieves Viejas y Pozo Dos Bocas. Y en los usos que tuvieron: huertos. Así rememoramos nombres: Huerto de Cecilia, Huerto de Cobos, Huerto de la Paja (el de mis abuelos)… Y las Costanillas, para finalizar en la plaza del Huerto Hundido, donde se encontraba el Cine Florida, cine de verano desaparecido como tantos otros.

Fin de la ruta: plaza del Huerto Hundido (Foto gentileza de Paco Madrigal)

Durante el paseo algunos asistentes intervinieron asentando o incorporando datos y recuerdos. Eran antiguos vecinos de la zona con cuya presencia no contaba y de los que no sé como tuvieron conocimiento de la convocatoria de este paseo. Fue grato.

Por todo ello seguiré apostando por los Paseos de Jane: pasear por la ciudad, en sí, es un placer; pero si la contemplamos como un libro abierto es mucho mejor. Agradable e instructivo.


Para los que vivimos en ciudades, los Paseos de Jane son un revulsivo y un estímulo para convertirlas en más visibles, más amables, más divertidas, más humanas.