GR-7 ALCALÁ LA REAL
Esta nueva singladura comenzó a las 10 de la mañana del día de san Isidro en el Parque Fidiana con dos coches, uno conducido por P. Ortega y otro por L. Rodríguez. De pasajeros M. Morales y M. Zurita en el primero y yo en el segundo.
Una vez instalados esperamos la llegada de los expedicionarios del turno matutino, pues el resto llegaría por la tarde; así que, una vez completada esa primera tanda, partimos hacia el centro de la ciudad para comer en el restaurante El Parque Gourmet donde nos encontramos con un menú del día compuesto de variados y abundantes platos, primeros y segundos, además de una bebida y postre. Buen precio y servicio rápido y amable. Llegaron unos asiáticos que comieron en la mesa contigua a la nuestra y Fernando con su habitual gracejo me dijo: “Rafael, tú que como yo eres experto en Extremo Oriente (jajajj!) ¿Crees que son chinos, japoneses o coreanos?” Le contesté que ni idea y él opinó que se trataba de coreanos por su enorme cabeza; por un momento pensé que podían ser sacerdotes católicos ya que casi todos iban vestidos de negro y alguno me pareció que llevaba un clergyman, aunque fijándome mejor resultó ser una camiseta blanca visible bajo el cuello. Tras la siesta, sesión de SPA; yo solo con circuito termal incompleto, porque el contraste entre el calorcito de la piscina de burbujas y el baño turco debía alternarse con la piscina de agua fría, cosa tonificante sin duda, pero que evité por temor a que al introducirme en ella me diese un ictus o pegase un respingo de rechazo en zona acuática y por lo tanto escurridiza, además de con escalones. Tampoco me gusta la ducha escocesa, pero, por olvido, me perdí el pediluvio incluido. Después cata de 5 aceites en la que el ameno experto nos demostró que el mejor era el AOVE, si bien me sorprendió que nos dijese que había cuatro variedades: desde el suave a otro más denso que no necesitaba jamón para las tostadas del desayuno y recalcó que la Denominación de Origen “Aceite Virgen Extra de la Subbética” era el más premiado de todo el mundo. En la fase de oler todo me olía a lo mismo: aceite, y en cuanto a la fase gustativa no supe captar los matices de tomate o yerbas. Como anécdota el docto experto nos contó que durante una cata con un grupo de japoneses éstos, al terminar la cata, se untaron la cara con el aceite sobrante porque valoran mucho sus salutíferas propiedades cosméticas y que en su país este se vende a alto precio en pequeños frascos en farmacias, parafarmacias y tiendas de cosmética; así que se fueron bien “pringaos”. Después cena en el recomendado Bar Madrid, en una calle lateral de la iglesia de la Consolación. Eran cuatro platos por cada cuatro comensales; servicio rápido, atento, eficaz y precio económico, aunque muy ruidoso por la gran concurrencia y una familia muy gritona en una mesa paralela. De vuelta al alojamiento mis compañeros senderistas se fueron a dormir porque se había hecho tarde y al día siguiente habían de madrugar mucho. Yo me subí a la extensa terraza a fumar antes de dormir.
Cascadas en el río CaicenaA la mañana siguiente desayuné cuando todos los del “Grupo B” habían casi terminado su condumio, pero lo hice en hora. Después nos trasladamos en coche hasta Almedinilla, yo en el coche del paciente Antonio y su esposa Mareli; allí llegamos a su Centro de Interpretación antes de la hora fijada para encontrarnos con nuestro guía que, felizmente, resultó ser mi viejo amigo Emilio. Él nos condujo primero al Ecomuseo del río Caicena, notablemente mejorado desde mi última visita allí que creo fue con Hespérides en 2010, cuando coordiné el Congreso Metodológico-Didáctico titulado ARQUEOLOGÍA: DE LA CIENCIA A LA DOCENCIA, que coordiné, y mejorado no solo en lo museístico sino también en accesibilidad (ascensor). El río Caicena, a su vera, lucía magnífico con su vegetación de ribera y muchas cascadas gracias a las abundantes lluvias del pasado invierno. Una gozada. Tras el museo, subida al Cerro de la Cruz para ver el yacimiento del poblado ibero brevemente y del que solo me interesaban las novedades, como un horno recreado por Emilio… Luego bajada a la Villa Romana deEl Ruedo en la que también había novedades importantes; y de allí a comer en el restaurante Los Cabañas, con buen y barato menú además de atento y rápido servicio. Regreso a los apartamentos y reparadora siesta para mí. Al anochecer nueva cena en el Bar Madrid, esta vez con menos ruido aunque no pudimos consumir completamente la copiosa, apetecible cena, de modo que empezaron a funcionar los tuppers por el excedente de comida.
Torre del homenaje en la fortaleza de La MotaA la mañana siguiente los “no senderistas” (Grupo B), asistimos a una visita guiada por la fortaleza (y ciudad) de La Mota en la que visionamos en su antigua iglesia un audiovisual de quince minutos de duración y excelente factura. Nuestra guía, Nuria, una gran profesional, amena y gran conocedora de lo que nos habló; sustanciosa explicación que se prolongó abajo en el casco histórico de Alcalá, al que me sustraje en parte junto a Charo y Mareli para tomar una cerveza (al final fueron dos) porque estábamos sedientos y un tanto ahítos de tanta explicación que cuesta asimilar; y además en el coche de Antonio (al que agradezco mucho su ayuda y asistencia con la silla de ruedas) bajamos como media hora antes que los que lo hicieron a pie. Así que nos incorporamos a la visita urbana ya casi en su final. Tras ello y con las maletas recogidas, nos dirigimos al Asador Puerta de Alcalá en un polígono industrial cercano a la carretera (N-432) que debíamos coger de vuelta a Córdoba. Para esa comida final ya se habían descolgado algunas que preferían hacerlo en sus casas en Córdoba. Tomamos un buen y abundante menú en el que de beber yo probé el vino blanco alcalaíno de 2º plato yo elegí “Secretaria Alcalaína” por conocer un plato local; se trata de un guiso de pollo en salsa de tomate y variadas verduras que estaba muy bueno pero que no me pude terminar. Volvieron a funcionar los tuppers. En la despedida M. Morales me dio una bolsa con dos botellas de tinto y otra de refresco sobrantes y que pienso utilizar en el perol de agradecimiento que brindaré en la primera quincena de junio a los asistentes por su ayuda física y moral, tanto en este viaje como en anteriores. A las 16 horas, según lo previsto, iniciamos el regreso a Córdoba donde llegamos a las 17:30. Fin del viaje.




