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20.10.18

ESTORRENTADO


Un amigo “tico” (costarricense) me da a conocer esTa palabra. No le entiendo y me lo explica verbalmente.

Voy a buscar la palabra en internet con resultados diversos. En un sitio web me sale que el verbo “estorrentarse” quiere decir “salir corriendo”; en otro que procede de “destorrentarse”, es decir, descaminarse, desorientarse. En otros “derrochador”.

Sigo mis pesquisas en el DRAE y no aparece la acepción “estorrentarse” ni “destorrentarse”. Términos que sí aparecen en el vocabulario hondureño o mejicano. También con varios significados.

Pero el sentido en el que me lo dice mi amigo es de “perdido”, “ausente” o “difícil de encontrar”.

Lo más parecido que he oído en el castellano peninsular es “trasconejarse” (otra palabra sin papeles), que me enseñaron unos amigos de Benamejí allá por los ’80, con el mismo significado que el de mi amigo tico: estar ausente, perdido, inencontrable.

Y es que el lenguaje es una cosa viva, por más que políticos e instituciones se empeñen en legislarlo. 






16.7.17

Comidas populares (gazpacho, salmorejo, migas…)


Resulta que con el auge del turismo en España en general, y en Córdoba en particular, dónde nací y siempre he vivido, se suscitan polémicas sobre determinados platos que pertenecían a la gastronomía popular (pobre) y que “gracias” a los masterchef y otras chorradas se han puesto de moda. De modo que ningún restaurante cordobés que se precie puede prescindir en su carta del salmorejo o el gazpacho.

Así que expongo aquí mis conocimientos directos, y por supuesto subjetivos, sobre estas comidas. Comparten que son comidas de “pobres”: su base es que tratan de aprovechar el pan sobrante, que se ha quedado duro, para hacer otro alimento y no desperdiciar nada (reciclaje). Y con tomate.

En mi casa, desde que tengo uso de razón (1963), el salmorejo era la base del gazpacho: se le añadía agua y trozos de pepino  y daba más de sí como complemento refrescante al plato principal y único. Y nada de cebolla, pimientos, picatostes ni otras historias con que ahora los adoban los restaurantes “a la page”.

En el salmorejo el jamón ni aparecía, y si lo hacía era solo para el cabeza de familia (mi padre) que a veces lo enriquecía con patatas fritas, si había.

Eso de que ahora lo llamen “sopa fría” es una contradicción “in terminis”: sopa y caliente van unidas según mi entender.

Tengo conocidos de la campiña cordobesa (talbaneses, montillanos…) que defienden el origen del gazpacho en época anterior al descubrimiento de América (de donde llegó el tomate y el pimiento) y lo llaman de diversas formas: gazpacho blanco, ajoblanco, etc. Según ellos lleva almendras, pero este fruto, muy cultivado por los musulmanes de al-Andalus, resulta/ba caro y no asequible a cualquier familia. En lo del ajo no hay nada que discutir, aunque desconozco la fecha de implantación, y sobre todo su expansión, en tierras cordobesas. Pero sin duda los ajos de Montalbán gozan de un gran y merecido prestigio en nuestros días.

Por lo respecta a las migas puedo decir lo mismo: reciclado del pan duro. En mi casa se adobaban o enriquecían con rábanos y naranja. Y ya en épocas más recientes y de abundancia, se le empezó a añadir torreznos o chorizo. Desconozco el origen o cuerpo de las "migas manchegas” o de otros lugares. En cualquier caso, creo que se les puede añadir cualquier cosa que se tenga a mano. Como ocurre con la tortilla de patatas. Que para mí va unida a las que hacían mis abuelas: Patatas cortadas en lonjas (no en gajos, ni trocitos) bien frita, sin ese huevo jugoso pero semisólido que ahora se ha puesto de moda.


En cuanto al “rabo de toro” qué decir: Jamás lo pude catar en mi casa. Los rabos de toro eran escasos y se pusieron de moda con un restaurante afamado y caro en Córdoba. Nosotros solo comíamos carne los domingos: el pollo con arroz.

14.1.17

Embarrascao (palabras simpapeles 2)



Últimamente escucho con asiduidad las canciones de María Dolores Pradera que, por otra parte, cada vez me gustan más a pesar -o- por el tiempo transcurrido.

Y es que en su canción "Caballo viejo" menciona literalmente que este caballo está "embarrascao". Es una canción de amor; existencialista.

Busco la palabra en el DRAE y no sale. Lo más parecido que encuentro en este diccionario es "envarbascar" (o "embarbascar"), que en su su 4ª acepción define como "enamorado ciegamente" como parte del lenguaje coloquial de El Salvador y Venezuela.

Pero siguiendo con la búsqueda, tengo la suerte de encontrar en el blog "Escribimos pensamientos" el significado y la grafía de la palabra en cuestión en el lenguaje popular, en uno de los comentarios que se hacen a su entrada sobre la canción. Un término coloquial colombovenezolano que equivale a "metido", enamoradísimo.

Dejo aquí la letra completa de la susodicha canción:

Cuando el amor llega así de esta manera
uno no se da ni cuenta
el carutal reverdece y guamachito florece
y la soga se revienta
Caballo le dan sabana porque está viejo y cansao
pero no se dan ni cuenta que un corazón amarrao
cuando le sueltan las riendas
es caballo desbocao
Y si una potra alazana caballo viejo se encuentra
el pecho se le desgarra y no le hace caso a falseta
y no le obedece al freno ni lo paran falsas riendas
Cuando el amor llega así de esta manera
uno no tiene la culpa
quererse no tiene horario
ni fecha en el calendario
cuando las ganas se juntan
Caballo le dan sabana
y tiene el tiempo contao
y se va por la mañana con su pasito apurao
a verse con su potranca
que lo tiene embarrascao
El potro da tiempo al tiempo
porque le sobra la edad
caballo viejo no puede
perder la flor que le dan
porque después de esta vida
no hay otra oportunidad.

25.3.13

Naranja cadenera (palabras sin papeles)



El pasado sábado 16 de marzo acudo a Palma del Río para participar en una ruta de senderismo entre los “pagos” de aquella localidad. Tuve conocimiento de la actividad a través del amigo Óscar Morales. Y allí coincido con los también amigos Conchi Carnago y P. Muñoz. El recorrido está coordinado por el Grupo de Desarrollo Regional Medio Guadalquivir con la colaboración del Club de Senderismo de Palma del Río.

Esta actividad ha quedado ya suficientemente registrada y documentada en varios lugares y por varias personas: el GDR Medio Gualdalquivir, el Club de Senderismo, Paco Muñoz y yo mismo, como para volver a repetirme.

Cuando llegamos al extremo del recorrido (la parroquia de la Concepción) escuchamos las explicaciones de palmeños experimentados que nos hablan sobre la naranja “cadenera”. Nos enteramos de que se trata de una variedad de la naranja “comuna” y que resulta característica de Palma del Río y localidades adyacentes (Posadas, Fuente Palmera…)

Los árboles son altos, lo que dificulta su recolección, pero muy resistentes a las adversidades climáticas; y una vez recolectados aguantan bien el tiempo y el transporte. Sus frutos son ligeramente achatados, de piel gruesa fácil de pelar, sabor escasamente amargo y muy aptos para el zumo.

Pregunto por su nombre pero nadie sabe contestar. Sí que se tiene constancia de cuando parece la calificación de “cadenera”, pero no el por qué.

Como niño obstinado que fui, y que conocí este nombre en las fruterías antiguas, me lancé a buscar su origen. Con poco éxito pues lo único que encontré, y se puede aproximar algo a su calificativo, es lo que hallé en el diccionario de María Moliner, donde dice que en topografía el “cadenero” es el hombre que maneja la cadena del agrimensor.

Tal vez José Luis Rodríguez Lara, autor del libro Los nombre de lugar de Hornachuelos, nos pueda aclarar algo; cosa que agradeceríamos. O también las aportaciones de otras personas como ocurrió en el caso de otra palabra “sin papeles”: gorronera


Fotografía tomada de: Todocolección.net. 



15.2.08

Gorronera (palabras simpapeles)

Existen palabras que solemos utilizar con normalidad pero que en un momento dado, si queremos conocer su carta de naturaleza, ocurre que "oficialmente" no existen.

Es lo que me ha pasado esta semana cuando le he ido a poner título a esta foto de una "gorronera". Consultado el DRAE comprobé que no aparecía, aunque sí lo hacía el término "quicialera". Me fui entonces al Diccionario de uso del español de María Moliner y tampoco consta. Como resulta que es una palabra que he oído utilizar mucho por gente experta en el campo de la arqueología, decidí consultar un diccionario específico de Arte y Arqueología, pero el término también estaba ausente.

Decidí entonces consultar la red y por fin apareció; en varios enlaces para mi tranquilidad, porque empezaba a temer que la palabra fuese fruto de mi imaginación. Gracias a esta consulta compruebo como en la provincia de Teruel forma parte del vocabulario de la arquitectura popular, al igual que ocurre en la localidad soriana de Trébago, por ejemplo. Cuando veo que un sitio tan serio como el del Legado Andalusí también la recoge, experimento una gran satisfacción. Y es que hay palabras que están en la calle, que nos sirven para comunicarnos, pero que no están recogidas por las autoridades oficiales. Porque la vida y el lenguaje van muy por delante de las instituciones. ¿Tal vez Internet y sus buscadores sean la solución a este "desfase"? ¿a la pérdida de vocablos que van cayendo en desuso? ¿a ese patrimonio cultural inmaterial?.

En fin, la gorronera es el quicio o quicial de la parte superior: donde el eje de madera de las antiguas puertas encaja y sobre el que gira. He visto bellas quicialeras en mármol de época califal. La de la fotografía pertenece al Museo Local de Porcuna (Jaén).