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1.5.18

VOLUBILIS Y MEQUINEZ (sábado 14) - Viaje a Marruecos III


Arco de triunfo en Volubilis

Para este día había contratado en el hotel una visita-excursión guiada al yacimiento romano de Volubilis y la cercana Mequinez (o Meknès). El precio (85 €) me pareció excesivo, sobre todo teniendo en cuenta que solo había alrededor de 70 km. a estos lugares, pero no me quería perder esto de ninguna manera. Resultó un día grato aunque no exento de sorpresas, como por ejemplo que en el vehículo iría yo solo, y no porque no quisiese compañía sino porque no había más gente para esta excursión. Pero por la noche, durante la cena, el gerente del hotel logró captar para la excursión a una pareja de jóvenes estudiantes alemanes llegados aquel mismo día, y les pidió el mismo precio per capita que a mí. Y esto me sorprendió, porque pienso que si un viaje para una sola persona tiene el precio establecido, si se agregan más personas (2) el precio se debería dividir entre 3. Pero ¡Que va!. Además nuestro supuesto “guía” se reveló como solo un “taxista” o conductor, con lo cual hubimos de pagar todas las entradas (Volubilis, etc.) de nuestro bolsillo e ir por nuestra cuenta o pagar a otros guías que nos explicaban los sitios visitados.

La ciudad romana de Volubilis me pareció impresionante. No había visto nada igual desde Pompeya hacia el occidente. Ni en España. Una extensión enorme con cantidad de edificios, calles, y multitud de mosaicos en casas o termas. Desgraciadamente el yacimiento no cuenta con  otra protección que la valla metálica que lo circunda y sus abundantes vigilantes. Porque los bellos mosaicos yacen al aire libre, sin protección, a la intemperie, ante lluvias, temperaturas o vegetación que crece entre ellos y que, de no poner remedio, se acabarán deteriorando. Menos mal que las numerosas estelas funerarias romanas están más o menos a resguardo. Entre ellas, muy bien conservadas, encontré una cuya inscripción aludía a Hispania y cuya imagen he trasladado a mis amigos Alberto Monterroso y Jerónimo Sánchez para que, como especialistas, precisaran su traducción.

Uno de los mosaicos en Volubilis

A la salida del conjunto arqueológico y ante la sed que sentía por la solanera y elevadas temperaturas, compré un botellín de agua en uno de los quioscos existentes. Nunca he pagado un líquido tan caro como este: 1 € por 33 cl. de agua mineral. Proporcionalmente ha sido la bebida más cara que he pagado en mi vida, desbancando en el ranking hasta la que hasta entonces ostentaba el récord: la cerveza de 33 cl. que me tomé en Venecia (9 €), en una terraza de la Plaza de San Marcos. Claro que eso fue hace años en Europa, en un país y una ciudad potentes; y además del marco, es que en Italia me obsequiaron con un sustancioso aperitivo que degusté junto a la birra mientras disfrutaba de la música clásica interpretada por un pianista en la propia terraza.

Pero el “taxista” al llegar a Mequinez bien que nos llevó a un restaurante claramente concertado, si bien él no comió allí. El restaurante era muy bonito y elegante (con decoración nazarí); con atención  magnífica (cosa corriente en Marruecos), y la comida abundante y buena, si bien demasiado espaciada, con lo cual matan el sabor de las estupendas verduras de que gozan. 

Los jóvenes alemanes (con fluido inglés) tuvieron la deferencia de invitarme a su mesa, cosa que acepté con mucho gusto. El postre, sobreabundante para mí, era exquisito compuesto de sabrosos pasteles de miel, perrunillas… etc.

Luego nuestro chófer  nos invitó a que visitásemos la medina, pero tampoco nos podía guiar, por los obstáculos legales etc… De modo que  me adosé (o me “emperché”, según mi hija)  a los alemanes, y, como no, se nos adhirió un “guía” no solicitado y que, naturalmente, pidió su retribución al final; los pequeños gastos que creíamos iban incluidos en la visita se iban acumulando. Y los jóvenes alemanes se movían con mucho más desparpajo que yo.

El taxista, que nos dio 1 hora y 40 minutos para visitar la medina, se presentó más de 40 minutos después de la hora por él fijada. Tiempo perdido que contribuyó a que no pudiésemos visitar otros lugares programados. Cuando por fin apareció y creíamos que abandonábamos Mequinez, nos paró en unos graneros del siglo XVIII: Los Graneros de Moulay Ismail - Hri Souani. Pagamos la entrada y luego al espontáneo “guía” que se nos ofreció y explicó este interesante lugar.

Cuadras en los Graneros de Moulay Ismail

A la salida el taxista nos llevó hasta una bonita (como casi todas aquí) puerta  de la muralla, hicimos fotos y volvimos al vehículo, donde nuestro conductor nos comunicó que regresábamos a Fez. Serían las 18 o 18:30 horas; estaba claro que no visitaríamos otros lugares previstos. Pero yo respiré aliviado, porque ya solo deseaba volver al hotel cuanto antes; estaba saturado de tanta marrullería.

Puerta en Mequinez

En esa noche, mientras estaba sentado en la terraza del hotel, me abordaron una pareja de argentinos de mi edad, a los que habían  recomendado que hablaran con un turista español (Rafa) que se alojaba allí (yo). Habían llegado ese mismo día y empezaron a despotricar de su 1ª (y última) estancia en Fez. Yo estaba de acuerdo con su opinión, de modo que despotricamos a  tutiplén a cerca de como iban las cosas por allí. Mientras hablábamos, buscaban por internet a toda costa otro destino para el día siguiente. No querían permanecer allí ni un día más tras su mala experiencia.


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22.4.18

EXCURSIÓN A CÁSTULO


D. Marcelo Castro nos ilustra sobre el mosaico

A pesar de avatares que sufrió esta excursión, para la que no encontrábamos guía tras la defección de un reconocido arqueólogo cordobés que inicialmente se había ofrecido a guiar la visita, todo resultó a las mil maravillas; por pura carambola. En fin esas veces que el destino te sonríe finalmente.

Hubimos de aplazar la visita 1 mes, pero mereció la pena. Ante el problema de no encontrar guía, de dirigí telefónicamente al Conjunto Arqueológico de Cástulo (Linares). Me informaron que las visitas guiadas (y gratuitas), con un mínimo de 10 personas y un máximo de 15, solo podían tener lugar de lunes a sábado; una contrariedad porque a toda costa era necesario que la visita fuese en domingo, dado que algunos de los amigos que conforman el Grupo Cultural Andando trabajan los sábados. Así lo expresé a la persona que me atendió por teléfono. Quedó en responderme en tres días, cosa que hizo proporcionándome una grata sorpresa: nuestra excursión era aceptada para el domingo 8 de abril. Más tarde me volví a poner en contacto con ellos porque los interesados superaban el tope de las 15 personas, todo fueron facilidades por su parte, cosa muy de agradecer.

Así que a las 10 de la mañana los expedicionarios nos fuimos congregando a las puertas del Centro de Recepción. Y cual no sería nuestra sorpresa cuando se presentó el guía: nada más ni menos que el Director del Conjunto Arqueológico: D. Marcelo Castro, quien, tras mostrarnos 2 breves vídeos, nos explicó cual iba a ser el programa de la visita, que se prolongó durante 3 horas que se nos hicieron breves gracias a las amenas, pero detalladas, de nuestro guía “de lujo”. Un auténtico profesional, apasionado de su trabajo, que sacrificó la mañana del domingo para atendernos. Con estas actitudes sí que se levanta un país. Nada que ver con la política, el cacareo o la propaganda insustanciales de nuestros políticos y su uso de los medios de comunicación de masas.

D. Marcelo se mostró orgulloso del equipo de trabajo con el que contaba, escaso, pero igualmente generoso y entusiasta, como él. Y eso debido a los bajos presupuestos debidos a la “crisis”. Puro voluntarismo (que tanto me gusta).

Nos llevó a los puntos más interesantes del extenso yacimiento, que abarca desde época ibérica (incluso tal vez tartésica)  pasando por la filiación a Cartago y luego a Roma (tanto durante las Guerras Púnicas, como con el Imperio y la época paleocristiana). 

Se nos explicó con todo lujo de detalles el estupendo mosaico romano que es “la joya de la corona” de Cástulo. Allí se nos adhirió un numeroso grupo de visitantes ajenos a nosotros. También nos ilustró sobre el templo paleocristiano, los restos de unas termas y un edificio que podía formar parte del foro y me recordó mucho a Torreparedones.

Detalle del mosaico

Terminada la visita al yacimiento, nuestro guía nos condujo hasta el Museo Arqueológico de Linares, donde nos explicó la exposición temporal que en ese momento se mostraba y trataba del mundo de las Creencias en varias de las culturas que por allí pasaron. La pieza estrella era una patena paleocristiana de vidrio labrado con el Pantocrátor y el crismón. Y nos señaló su parecido con una pieza parecida hallada en Córdoba. 

Patena de vidrio labrado

Tras ello nuestro guía se despidió y nosotros quedamos visitando otras salas del espléndido museo. Salidos de allí algunos de los participantes regresaron a Córdoba. Eran aproximadamente las 14 horas. Los que quedamos nos dirigimos al cercano pueblo de Guadalén, para comer en un estupendo restaurante, que estaba atestado y en el que hubimos de esperar hasta conseguir mesa. Por entonces ya solo quedábamos los “irreductibles”. 

Después de la copiosa, exquisita y barata comida, y su siempre atento servicio, los “más irreductibles todavía”, acudimos al cercano Paraje Natural de “El Piélago”, con su puente romano así como una casi derruida antigua “Fábrica de Chocolate”.

El Piélago

A pesar de la insistencia de nuestro cananero amigo José Luis en que visitásemos las próximas cercanas ruinas de Giribaile (que yo ya había visitado años atrás acompañado de él y un manojo de amigos), declinamos la invitación, bien por omisión o abierta negativa. Sobre todo después de la opípara comida, la pronunciada subida que había que realizar y lo avanzado de la hora del intenso día. Lo hemos dejado para otra ocasión, porque por allí hay materia para una excursión propia. De modo que decidimos volver a Córdoba cuando eran pasadas las 18 horas tras el intenso y fructífero día.


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13.3.18

RETURN TO MONTORO



José Ortiz nos explica el Museo Histórico

El pasado sábado 10 de marzo y en convocatoria hecha por el amigo Eladio, nos reunimos en Montoro un grupo de antiguos profesores del Instituto Santos Isasa, para realizar una visita guiada por un ex alumno que ahora es Cronista Oficial de esa ciudad, a la que tantos lazos nos siguen uniendo.

La visita comenzó en la antigua iglesia de Santa María de la Mota, hoy museo histórico, arqueológico y geológico. Allí José Ortiz, nuestro guía, nos explicó el origen del monumento y la polémica sobre su estilo o periodo histórico. Luego vino una vista a las principales piezas que posee. No solo la Thoracata o el ángel de Mateo Inurria, dos “clásicos” del museo, sino a otras piezas importantes que se han ido incorporando desde la última vez que lo visité, hace ya algunos años y mientras ejercía mi profesión en esa localidad (17 años hasta el 2009). Entre esas nuevas piezas se encuentran la “Estela de Montoro” (de discutido origen), la “Muchacha orante” pareja del ángel de Inurria o una nueva inscripción romana recuperada hace poco tiempo.

En este paréntesis observo que el museo ha ganado mucho; entre otros motivos por su moderna musealización y más fácil acceso para montoreños y turistas gracias a su extendido horario de apertura pública.

Luego bajamos hasta la calle Postigo, donde Pepe nos da noticia del origen del altar allí situado, adosado a la iglesia de San Bartolomé, en cuyo interior penetramos a continuación y recibimos una breve pero completa explicación sobre ella y su evolución histórica. Después salimos a la plaza de España dónde también se nos ilustra su papel y edificios que la rodean y que concentraron los 3 poderes: el político (ayuntamiento construido ex profeso, nunca palacio ducal), el religioso (la ya mencionada iglesia de San Bartolomé) y el económico (restos de las Tercias y la Pescadería).

A continuación nos dirigimos a las nuevas Tercias (que no recientes), que hoy albergan el Museo del Aceite y, en su planta superior, una sala de exposiciones temporales. Al entrar nos encontramos con una grata sorpresa: nos recibe nuestra buena ex alumna Cristina Galán, que compatibiliza su trabajo en el museo los fines de semana con la impartición de clases en el Conservatorio Musical de a localidad entre semana. Allí Pepe nos habla de la desacertada intervención del arquitecto encargado de remodelar el edificio para su uso como Museo del Aceite. El moderno arquitecto decidió rellenar las vasijas que poblaban su suelo, taparlas y ponerle encima un suelo irradiante y un parquet de madera, ocultando de esta manera la verdadera esencia de lo que era una Tercia: un lugar para albergar aceite y grano. 

También el cronista nos habla de las dificultades para conseguir piezas para este museo, porque la gente  prefiere que antiguos molinos aceiteros se caigan antes que donarlos. Y también de los problemas para conseguir que nuevas generaciones aprendan antiguos oficios artesanos como el trabajo de espartería, que a mi parecer está en fase de recuperación gracias a la vía vaginal.  E igualmente nos habla de cómo los arqueólogos locales, o amigos de la cultura, se han de andar con ojo avizor cada vez que se derruye un edificio para construir, ya que posiblemente muchas de las piezas encontradas en solares cercados a cal y canto pasen a ser vendidas en el mercado de antigüedades.

Después subimos a la planta superior de las Tercias para visitar una exposición de pintura cuya duración prevista se alarga un día para que podamos visitarla. Una gran deferencia hacia nosotros, que tenemos ganas de verla porque su organización ha corrido a cargo de Juan Manuel Gutiérrez, amigo, pintor y colega que sigue impartiendo clases de Artes Plásticas en el instituto en que fuimos compañeros. La exposición se compone de pinturas de sus alumnas cañeteras en el Taller de Pintura que ha impartido en su localidad de nacimiento y residencia. De entre esos cuadros me llaman especialmente la atención dos: una con un pavo real y otra de flores sus autoras son, respectivamente Carmen Fernández y Rosa María Morena. 

 

Luego nos dirigimos al Hospital de Jesús Nazareno, atribuido al arquitecto Francisco Hurtado Izquierdo y que tiene un patio parecido al del Hospital del Cardenal Salazar (hoy Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba). Hasta entonces el tiempo nos había respetado a pesar del temporal previsto. Y aunque íbamos bien provistos de chubasqueros, paraguas y calzado para el agua, la tormenta se desata justo cuando estábamos cobijados en el hospital se acentúa mientras visitamos su iglesia que parece sufrir una maldición porque se “autodestruye” cada cierto tiempo: hundimientos, caída de muros, incendios…de modo que, tras la breve aunque completa explicación, salimos pitando de allí en vistas del aguacero, los rayos y truenos que azotan y que provocan que se vaya la luz. Nos refugiamos en el vestíbulo mientras vemos la intensa lluvia que cae. Pero se nos aconseja que no nos apiñemos en su puerta ni en su centro y que nos coloquemos en sus laterales, debido al peligro de que pueda penetrar un rayo, hecho que se ha dado en ocasiones anteriores. 

Ante la imposibilidad de conseguir un taxi, nuestros/as amigos conductores se aventuran a desplazarse a pie paraguas en mano y a pelo, hasta el lugar donde los dejamos aparcados: la cercana/lejana Santa Mª de la Mota. Luego vienen a recogernos al Hospital, dónde seguimos resguardados. Es el fin de la visita guiada. Son pasadas las 13 horas y no dirigimos al Hotel Mirador de Montoro para trasegar una caña mientras disfrutamos de sus excelentes vistas sobre el pueblo y el río Guadalquivir, que lo envuelve y que viene cargado de aguas terrosas gracias a las últimas lluvias.

Vista desde el Hotel Mirador de Montoro

De allí al restaurante El Jardinito, también un clásico, donde hemos quedado con otros colegas y amigos desplazados para la ocasión desde distintos puntos como Córdoba o el propio Montoro. Nos juntamos 20. Un grato reencuentro; y allí hablamos mientras deglutamos un buen, abundante y variado condumio.

Tras la sobremesa algunos deciden volver al Mirador para tomar café. Son las 17 horas aproximadamente y yo ya no estoy para estos trotes, así que acepto gratamente la invitación de Juani (nuestra conductora) para regresar a Córdoba, acompañados de María José.

Una jornada fenomenal.

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4.3.18

VIAJE A MURCIA (2018)



Catedral de Murcia

Es mi primer viaje con el IMSERSO. Ha sido por Antequera-Granada-Guadix-Baza-Gor-Puerto Lumbreras y Águilas, dónde llegamos sobre las 17:45. 

En Gor comimos hemos estupendamente y en Puerto Lumbreras hemos hecho una paradiña.

Al llegar al hotel el reparto de habitaciones ha resultado rápido, a pesar de que éramos un grupo de más de 50 personas. Y aunque me han asignado una habitación sin vistas al mar ni terraza al menos tiene bañera. Es un hotel de 4 estrellas pero de de no fumadores, pero muy bien situado junto al mar. Se trata del Hotel Puerto Juan Montiel y cuenta con un servicio de SPA de pago (25 €) del que no hemos podido disfrutar por lo apretado del programa. También tiene piscina climatizada gratis, pero he caído en la cuenta de que no me he traído el bañador.

En el autocar me han asignado un asiento junto a una señora muy simpática, futbolera y amante del arte llamada Mari, con la que además he compartido mesa todos los días junto a las también simpáticas, vitalistas y maestras Ana y Lola. Todas de Córdoba capital y muy experimentadas en estos viajes.

Una vez alojados he disfrutado de la terraza del hotel teniendo al frente el peñón de Águilas. Una bella vista.

Al día siguiente visita a Murcia capital. Día completo dónde hemos visitado la Catedral y luego un paseo por el casco histórico: Plaza de Santo Domingo, monumento a Paco Rabal, teatro (y su maldición) … Después subida al santuario de la Virgen de la Fuensanta, patrona de Murcia y  dónde no bebí agua del pocito de las monjas (contra las arrugas y otros padecimientos) pero que tiene un emplazamiento estupendo, dominando las vistas de la ciudad. Tras ello bajamos hasta La Alberca donde comimos. Por la tarde, en visita opcional (de pago), acudimos al Museo de Salzillo (siguen prohibidas las fotos, no. sé por qué) y luego al Casino, de estilo ecléctico: modernista, neomudéjar, hierro y cristal, clasicismo. Todo ello acompañados de un buen guía que nos explica magníficamente las composiciones de los pasos de Salzillo y nos hace notar, acertadamente, que al ser  grupos escultóricos que procesionan hay que verlos desde distintas perspectivas. Cuando estábamos en el santuario recibo una mala noticia: la muerte de mi tío Rafalín a cuyo funeral no podré asistir por encontrarme tan lejos. Volvemos al hotel muy tarde (20:30). Me encuentro exhausto, y después de la cena tomo un baño con abundante espuma antes de acostarme. 

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Monumento al Carnaval de Águilas (Ícaro)

En el 2º día de estancia visita matutina guiada por Águilas. Vemos el puerto pesquero con su Lonja y el Monumento al Carnaval (escultura de Ícaro), cuya importancia, y peculiaridades (musas, musona, la Cuerva…) pone de manifiesto nuestra simpática y preparada guía al tiempo que nos explica el porqué de haber elegido a este mítico héroe como símbolo de su carnaval. Luego subimos al castillo de San Juan y en el camino vemos una escaleras de acceso decoradas por jóvenes artistas con el patrocinio del Ayuntamiento. Una vez en el castillo (del siglo XVIII) nuestra guía nos hace una foto de grupo y luego nos repartimos por sus estancias. Desde su planta superior o azotea, en la que quedan un par de cañones de la época, gozamos de interesantes vistas de Águilas: desde su trazado ortogonal dieciochesco a dos de sus bahías y playas.

Tras la bajada nos dirigimos en autobús al CIMAR con barco pesquero de arrastre incluido (“José y Josefa”) activo hasta hace pocos años. Después comida de buffet en el hotel. Declino la visita a Lorca para la tarde porque me encuentro cansado y necesito echar la siesta, pasear y escribir en mi cuaderno de viaje; lo que hago en una terraza junto al mar en la playa de La Colonia. Disfruto de las vistas y la cercanía del mar, que me sentaron muy bien.

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Teatro romano de Cartagena

En el tercer día nos dirigimos a Cartagena (por la mañana ) y Mazarrón (tarde). Comemos en Cartagena, donde visitamos las Murallas Púnicas (cartaginesas) con guía y luego el Teatro Romano también guiados. Como nos dejan bastante tiempo libre, telefoneo a un amigo que vive allí y al que le prometí encontrarnos si era posible, pera andaba de obras en casa y no podía acudir. Apreveché el tiempo libre en visitar el Museo del Teatro Romano, contiguo al teatro pero al que no accedimos en la visita al propio teatro. Me ponen un precio especial (5 €) por ser jubilado, cosa que agradezco enormemente, porque me pidieron algún documento que acreditara y como no existe, que yo sepa, carnet de jubilado, se conformaron con la Tarjeta Dorada de Renfe. En este pequeño museo (obra de Moneo con musealización parecida al de Mérida) se exhiben las principales piezas encontradas en las excavaciones del teatro y otras anteriores o posteriores a su construcción. El Museo está conectado con el teatro y accedo a su cavea desde dónde pude hacer fotos desde distintas perspectivas, cosa que no fue posible durante la visita guiada, que se limitó a una pormenorizada y fructífera charla de guía sobre la historia y partes del teatro y su excavación.

Como seguía teniendo mucho tiempo libre, me senté en una terraza junto a la entrada al museo y frente al imponente Ayuntamiento de esta ciudad. Había nubes y corrían ráfagas de viento procedente del cercano puerto.


"Las Gredas", en Mazarrón

Por la tarde nos desplazamos hasta El Puerto de Mazarrón, dónde una joven simpática y preparada que resultó ser de Córdoba, nos llevó a “Las Gredas”, junto a la playa, una formación geológica muy interesante y que recuerda a la Ciudad Encantada de Cuenca, aunque de origen y dimensiones distintas. Previamente hicimos un recorrido en autobús por la pedanía de El Puerto de Mazarrón, una urbanización desértica llena de chalets vacíos o con el cartel de “se alquila”, etc. Esto fue antes de la visita guiada, porque llegamos casi una hora antes de la cita con la guía (17 horas), de modo que nuestro autocar aparcó en la también Estación de Autobuses, que se encuentra en el centro de esta pedanía, cerca del mercado y otros establecimientos en los que se veía algo de vida. Tras Las Gredas, volvimos, ya más tierra adentro, hacia la Torre de los Caballos, adosada a una ermita y desde cuyas vistas predominaban las vistas de esos chalets cerrados. A continuación nos dirigimos al Centro de Interpretación de los pecios fenicios encontrados bajo el mar hace no mucho y que siguen en un cofre metálico en el lugar de su hallazgo, a pocos metros de la playa. En el Centro de Interpretación atendemos las explicaciones de nuestra guía y podemos ver una maqueta del barco más entero a escala 1:3. Luego regresamos a nuestro hotel en Águilas. Es verdad que volvimos pronto (sobre las 19 horas) y tuve tiempo de tomar un relajante baño e ir recogiendo la maleta. Durante la cena (21 hora, como siempre) se decide por unanimidad adelantar el regreso a Córdoba a las 9:30 horas.

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Al día siguiente partimos puntualmente, con sol y buenas temperaturas como hemos gozado estos días, pero, ya en ruta, empezó a azotarnos la lluvia y las bajas temperaturas cerca de Baza, dónde hicimos una “parada técnica” y me tomé un descafeinado (por el frío, sobre todo). En el exterior del establecimiento los fumadores nos cobijamos bajo un toldo del que a veces caen gotas frías, y departimos con dos jóvenes agricultores de la zona que bendicen la lluvia, tras la sequía del año anterior. Por lo que dicen se dedican al cultivo del almendro.

Para comer nos paramos en un restaurante en ruta llamado “La Parada” cerca de Huétor Tájar. Lo hacemos rápidamente y con fruición. Los dos platos que nos sirven están buenos y combinan con el frío y lluvioso tiempo que nos ha acompañado durante el viaje. Seguimos y hacemos una parada en un área de servicio cerca de Lucena para que se puedan bajar los excursionistas de esa localidad (18) más algunos de Encinas Reales. Al llegar a Córdoba (temprano) vemos los efectos del temporal: árboles caídos y contenedores volcados e incluso desplazados hasta la calzada. Fin del viaje.

26.12.17

VIAJE A EGIPTO 2017 (II)


Mapa del Antiguo Egipto

El viaje comenzó saliendo de la estación de Córdoba sobre las 9 horas. A la llegada a la estación de Atocha me estaba esperando Antonio Suárez, que había arribado con antelación. Allí decidimos coger un taxi para trasladarnos al aeropuerto de Barajas a tiempo, evitando trenes de cercanías, transbordo y metro. Llegamos al aeropuerto con hora sobrada (la cita era a las 12:30) y ya estaba allí Manuel J. Delgado, el guía de nuestra expedición.

Todo transcurrió con normalidad: salida del avión a El Cairo y llegada a la capital de Egipto, donde era 1 hora menos. No obstante, nuestra llegada al hotel se produjo a las 23 horas. Ya a la mañana siguiente nos teníamos que levantar temprano para acudir a nuestra primera excursión.

Las jornadas del viaje fueron las siguientes:

1ª) Meidum-Beni Hassam-Amarna (domingo 3-12-17)
2ª) Giza (lunes 4-12-17)
3ª) Saqqara y pirámide acodada de Snefru (martes 5-12-17)
4ª) Museo de El Cairo - vuelo a Luxor - visita nocturna a su templo (miércoles 6-12-17)
5ª) Valle de los Reyes - Templo de Hatshepsut - Colosos de Memnón (jueves 7-12-17)
6ª) Abydos y Dendera (viernes 8-12-17)
7ª) Karnak e Isla de los Plátanos (sábado 9-12-17)

La 8ª jornada fue el regreso a España: Luxor-El Cairo-Madrid- Córdoba.

Las visitas/excursiones a todos estos lugares fueron intensivas a la par que extensivas (por su larga duración). Las comidas las tomábamos en el microbús que nos trasladaba, abasteciéndonos  con los víveres que, obsequiosamente, nos ofrecían los compañeros de viaje: sobrasada menorquina (J. Luis), fuet (Kika), queso tipo Idiazabal (Mena), buen jamón (Ana, Jesús y otros), aceitunas… y panecillos y otras cosas con las que arramblábamos del desayuno en los buffets de los hoteles en los que nos alojamos.

A la vuelta de nuestras incursiones hacíamos una especie de merienda-cena con la que reparábamos fuerzas. Hay que tener en cuenta que allí empezaba a anochecer sobre las 17 horas.

Pirámide truncada de Meidum


1ª JORNADA: Meidum-Beni Hassan-Amarna

Llegamos a Meidum a las 7:30 horas, pero no “abrían” las visitas hasta las 8, con lo que hubimos de esperar en su planicie dónde todavía hacía frío, el cual desaparecía a medida que el sol se elevaba y habíamos de recurrir a la “operación cebolla”: ir quitándonos ropa por las temperaturas más que primaverales de las horas centrales del día.

De allí nos desplazamos hasta la lejana Tell-El-Amarna, dónde, en solitario, subimos una elevada pendiente para visitar  varias  bellas tumbas de Beni Hassam y cerca amarnianas, desde cuyos acantilados se divisaba, abajo, el fértil valle del Nilo; su franja verde repleta de cultivos. Ya abajo, y de refilón, pudimos acceder a lo poco que queda del palacio amarniano, cuya ciudad, totalmente arrasada (como Cartago), debió ser magnífica. En las tumbas me sorprendió la abundante presencia de columnas protodóricas que, hasta entonces, solo había contemplado en el templo de Hatshepsut. Y también las escenas  pictóricas de lucha que ornamentaban algunas de sus paredes. Una lucha mucho más “libre” que la grecorromana a juzgar por algunos de sus golpes.


Escenas de lucha en una tumba de Beni Hassam

Como el lugar estaba alejado, volvimos tarde a El Cairo. Y es que fueron unos 700 kms. Los recorridos.


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28.1.17

Odisea cultural (o “Córdoba capital cultural 2016”!)


  1. A finales de noviembre de noviembre de 2016 vi en el periódico que se había presentado un nuevo libro sobre Medina Azahara. Pocos días después me dirigí a las principales (y escasas) librerías de Córdoba para adquirirlo. Imposible: El libro no estaba en distribución todavía. En las semanas siguientes  proseguí preguntando en las librerías, que seguían sin recibir el libro. Como soy muy cabezota en los temas que me interesan, no cesé en mis indagaciones sobre el libro tan pomposamente presentado. Uno de mis libreros me indicó que me dirigiese a la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía porque tal vez allí lo vendiesen. Por fin pude acudir a la institución y allí nadie sabía nada del susodicho libro. Me remitieron a la tienda del Conjunto Arqueológico antes mencionado, que se encuentra a 5 kms. de la ciudad y sin autobús de línea. Menos mal que en esa delegación me encontré con un amigo que me echó una mano y me informó de que había un ejemplar del libro en la Biblioteca Provincial, pero que se encontraba en préstamo hasta el 9 de febrero de 2017. Luego tuve la suerte, también casualmente, de encontrarme con un ex alumno -hoy director del museo arqueológico de una localidad de la provincia- que me indicó que lo podía adquirir en un tienda on line de la Junta de Andalucía.
  2. El Ayuntamiento de Córdoba publica y publicista una revista titulada “17” en la que aparecen artículos sobre la Mezquita de Córdoba que me interesan. Me recorro quioscos y librerías con el mismo resultado que en el caso anterior, si bien me entero de que la revista es gratuita, y por fin consigo dar con el sitio donde la puedo conseguir: el palacio de Orive. Me llego el sábado de la semana y lo encuentro cerrado a cal y canto. Tendré que ir en días laborables, con la dificultad que yo también “laboro” en su horario.
  3. El jueves 26 de enero de 2017 voy de visita con mi alumnado de Historia del Arte a las distintas exposiciones sobre el pintor barroco cordobés Antonio del Castillo. Pregunto para adquirir el catálogo de las exposiciones y me dicen que todavía no les ha llegado ¡Y eso que las exposiciones llevan 2 meses -2- y solo quedan 30 días para su clausura!
Y esa es la promoción de la cultura en Córdoba, dominada por la ineptitud de sus “gestores”.

Como insinué hace tiempo en la sobre la interesante exposición fotográfica de un amigo: ¿Córdoba capital cultural? ¡Ja, ja, ja!!!


16.4.16

Presentación del blog AL-ANDALUS, ARQUEOLOGÍA E HISTORIA



Hoy he acudido a la presentación del blog AL-ANDALUS, ARQUEOLOGÍA E HISTORIA en la Biblioteca Viva de Al-Andalus (Casa del Bailío). Y lo he hecho no solo porque el tema me interesa, sino porque su presentador, hasta hoy, era un ciberamigo que al fin he podido conocer en persona.

La presentación ha corrido a cargo de la doctora Mª Jesús Viguera (Universidad Complutense de Madrid y Real Academia de la Historia) y de José Luis García Clavero, profesor del IES MAIMÓNIDES. En la charla han participado mi ciberamigo Alejandro Pérez Órdoñez  y el fotógrafo del blog, Rafael Galán García .

Ha sido amena y bien ilustrada. Me ha sorprendido gratamente la numerosa asistencia de adolescentes estudiantes del IES MAIMÓNIDES. Sobre todo tratándose de un sábado por la tarde, fuera del horario lectivo.

Alejandro ha expuesto con lenguaje asequible la influencia de Al-Andalus en gran parte del territorio peninsular. No en vano esta civilización estuvo presente en la “piel de toro” más de 7 siglos y ha dejado profunda huella en nuestro arte, nuestras costumbres y nuestra lengua (más de 3.000 palabras). Y eso en un día que ando preparando una ficha de trabajo para alumnado de 2º de ESO bilingüe sobre las matemáticas y Al-Andalus. La exposición oral ha ido acompañada de las magníficas fotos de Rafael Galán en las que se ilustraba sobre la herencia hispano-musulmana desde Tarifa hasta Zaragoza, pasando por Ronda, Granada, Córdoba (of course) o Toledo.

Estoy convencido de que es importante para los cordobeses, y otros interesados en esta importante etapa de nuestra historia seguir el blog: “Al-Andalus, Arqueología e Historia”. Así como seguir su página en Facebook.

Se trata de una iniciativa particular, hecha a partir de trabajo desinteresado y sin ningún tipo de ayuda institucional. 

Un proyecto loable. 

31.5.14

Viaje a Tartessos



Ayer tarde, y frente a una magnífica bahía de Málaga (Malaka o Mainake...) terminé de leer el libro que da título a esa entrada. Si su lectura se ha prolongado tanto no es debido al interés de la obra, ni mucho menos al estilo ágil y ameno de su autor. Solo al poco tiempo de sosiego de que dispongo y con el que tanto me gusta disfrutar de mis lecturas. 

Como tengo pensamiento disperso, cuando algo me interesa de un libro marco las hojas doblando su esquina. Con este libro calculo que he doblado casi la mitad de sus 318 páginas. Tan sugestivo me ha resultado.

Sin duda tengo que repasarlo y subrayarlo. Pero muy a menudo me hubiera gustado poder disfrutar del lujo de tener enfrente a su autor, e ir preguntándole…

Conozco directamente a Fernando desde hace muy poco, a pesar de ser vecinos. Y desde que lo conozco, no solo ha confirmado todas mis expectativas, sugeridas por buenos y comunes amigos, sino que las ha rebasado ampliamente. Como todo el mundo pudo comprobar cuando este invierno nos guió en la visita al Museo del Cobre de Cerro Muriano que dirige.

Fernando es todo generosidad, sabiduría y modestia. Y escribe de muerte. Envidiable  la agilidad, precisión y riqueza léxica de su escritura.

Pienso que a veces podemos tener mala suerte en la vida, pero al mismo tiempo esa vida nos otorga buenos amigos. Conmigo la vida ha sido generosa en este sentido. Fernando, y otros Fernandos, Pepes o Toñis, son amistades que atesoro.

Y, volviendo al libro, que nadie espere un libro de viajes al uso. Se trata de un viaje a lo largo del tiempo, de la Historia. Un viaje cultural e interior, si se me permite. Un reto. Pero si quieres olisquear un trozo de atún recién cocinado, o sentir el sempiterno sol de Creta en tus espaldas o disfrutar de una bahía donde los fenicios arribaron hace casi 3000 años, este es tu libro. Porque nadie viaja si no deja su mente abierta.

17.2.14

Reivindicando Cerro Muriano



Hoy hemos tenido la suerte de visitar el Museo del Cobre de Cerro Muriano de la mano de su director, Fernando Penco Valenzuela, persona de una talla humana y profesional verdaderamente encomiables. Un privilegio el gozar de sus conocimientos, entusiasmo y amistad.

Las jugosas explicaciones de Fernando se han visto enriquecidas por los conocimientos de otros participantes en la excursión. El tiempo atmosférico nos ha respetado y el paisaje era espectacular. Una jornada redonda.

Me he quedado fascinado por cómo los romanos, con sencillas técnicas, ya explotaban intensamente los yacimientos mineros de esta localidad. Y como los ingleses, en pleno siglo XX, hubieron de marcharse “vencidos” por el agua; tan simple y primordial elemento.

Durante el recorrido han surgido interesantes temas colaterales sobre los que se ha hablado: la importancia de Cerro Muriano como único lugar minero que goza de protección oficial en la provincia de Córdoba, la importancia que tuvo Peñarroya cuando producía un destacado porcentaje de plomo del mundo, la trágica historia de Sexto Mario, el romano que explotaba las minas de Sierra Morena, la discutida foto de Capa con el miliciano muerto, las potencialidades de la vía férrea, que se lucha por recuperar…

Ya en el restaurante local en el que hemos puesto punto final a la jornada, nos ha sorprendido su maitre, que al preguntar sobre el motivo de nuestra visita a C. Muriano se ha entusiasmado y nos ha ilustrado con una reciente tesis doctoral sobre sus minas y otros datos interesantes de sus amplios conocimientos al respecto.

Mi reflexión después de la jornada no puede ser otra que admirarme del enorme valor turístico de C. Muriano; un potencial arqueológico y cultural  nada desdeñable. Otro tesoro a tan solo 15 minutos de Córdoba. 

En fin, que creo que es hora de que Cerro Muriano deje de ser conocido solo  por cuestiones militares. Como también pienso en tal vez sería conveniente que Cerro Muriano consiguiera su independencia como municipio, porque el pertenecer a los de  Córdoba y Obejo me temo que lo mantiene encajado en un nefasto “limbo”.




3.1.14

Italia 2013 (2)


He caído en la cuenta que en la anterior entrada me había dejado llevar por el penoso asunto del hotel  y había olvidado tantas cosas buenas. De modo que me pongo manos a la obra para que no pasen desapercibidas, aunque las más de mil fotos disparadas servirán para dejar constancia de tantos momentos buenos y lugares bellos.

Llegamos al hotel  de Roma sobre las 19 horas del día de Navidad. Un par de horas después salimos para cenar y dar nuestro primer paseo nocturno por una ciudad bastante solitaria y con pocos locales abiertos, como es lógico en ese día. Por fin encontramos un restaurante que Alberto conocía y que resultó fenomenal no solo por la buena comida y lo acogedor del sitio, sino el buen hacer y la mejor talla humana de su personal, que no dudó en devolvernos la mitad de lo pagado porque habían tenido un error al hacer la factura. Como la comida y el sitio nos habían parecido tan buenos, no habíamos reparado en el importe final!

Joven como Diana
(Mº Termas)
En día siguiente nos dirigimos a las cercanías de Termini, pues otros amigos se incorporaban en ese momento al viaje y tenían reservado su hotel  por aquella zona. La idea era estar cerca para comer con ellos, pero un fallo de su móvil lo hizo imposible; de modo que nosotros estábamos cerca de su hotel mientras ellos iban al nuestro a buscarnos. Cosas de la tecnología.

En fin, que vimos la plaza de la República y la iglesia de Santa María de los Ángeles, todo ello construido sobre las colosales termas de Diocleciano. Luego el museo de las Termas, en cuya verja se podían ver frases de Séneca escritas en italiano e inglés. Dentro, además de las excelentes obras escultóricas, pictóricas, etc... que forman la colección permanente, tuvimos la suerte de ver una exposición temporal sobre los monstruos en la Antigüedad: gorgonas, minotauros, hidras, grifos... en mármol, cerámica, terracota... Una magnífica exposición. Tras ello San Carlino y San Andrés del Quirinal (que estaba cerrado por el receso del almuerzo). Igual ocurrió con el Éxtasis de Santa Teresa. Así que buscamos un sitio para comer que resultó un tanto penoso, pero la todavía presente resaca de Nochebuena y Navidad, mantenía muchos locales cerrados. Volvimos sobre nuestros pasos, por fin entramos en San Andrés, luego en Sta. Mª de la Victoria para fotografiar la obra de Bernini (esta  vez armado de trípode-monopode) que todavía no tengo claro si ha salido bien, a pesar de que Alberto echó una moneda para iluminar la obra, momento que fue aprovechado por numerosos turistas primermundistas, agarraos y gorrones. Luego fotografía a la portada de la cercana Santa Susana y entrada en el también próximo templo de San Bernardo (igualmente parte  de las susodichas termas). Tras ello visita al Palacio Barberini y su escogida colección. Finalmente, bajando por la Via Nazionalle, visita a los Mercados trajaneos, que abandonamos cuando se hace la noche.


Foro (Pompeya)
Al siguiente día viaje a Pompeya para  ver su impresionante, singular, yacimiento arqueológico; allí el dedo se me desbocó y tiré un montón de fotos  con las que prometo no atosigar a mis amigos (¡juro seleccionar solo unas pocas de entre las mejores y más significativas). Como en Italia anochece pronto, cerca de las 17 horas abandonamos el complejo, sobre el que nos llama la atención lo poco vigilado que está. Tal vez lo más adecuado hubiera sido pernoctar el Nápoles para disfrutar de la ciudad y también del museo donde se encuentran muchas de las obras halladas en Pompeya; pero "teta y sopa..." y teníamos pocos días de viaje. Otra vez será. A destacar lo dejados que tienen los italianos sus trenes, incluido el "flecha" (Alta Velocidad) que nos llevó de Roma a Nápoles y viceversa.


Ara Pacis (lateral)
El 28 teníamos reservada una visita a la villa Borghese a las 11 horas, así que con anterioridad nos encaminamos al mausoleo de Augusto (lo que queda) y al Ara Pacis, envuelta en un estupendo museo ad hoc. En la Borghese no se podían hacer fotos,  por lo que allí quedaron la Paulina Bonaparte, Caravaggio y otros maestros que sin embargo degustamos  con delectación. De vuelta para comer, paso por la plaza del Popolo.


La jornada siguiente nueva excursión: a Tívoli (Villa  Adriana y Villa d'Este). Tuvimos una guía políglota y muy amable que nos permitió ver el Teatro Marítimo de la adriana y nos sopló, consintiendo el consecuente retraso, la interpretación  de un concierto express en el órgano hidráulico de los jardines del hijo de Lucrecia Borgia. Por la noche disfrutamos del ambiente de la plaza Campo di Fiore sentados en una terraza.


Elefante, de Bernini
El día treinta paso la mañana recorriendo calles y lugares con la meta puesta en el Trastevere, ese barrio del que todo el mundo habla pero que no había conseguido visitar hasta  ahora . Previamente me paro en la plaza de España y no puedo fotografíar su fuente, llena de turistas a pesar de la lluvia. Sí que disparo sobre la fachada del cercano Colegio de Propaganda Fide, de mi admirado Borromini. Sigo adelante y fotografío el templo de Adriano, en cuyo interior hay una exposición de arte moderno que no tengo tiempo de contemplar. Más adelante el elefantito de Bernini, delante de la basílica Supra Minerva en la cual penetro y hago algunas tomas, aunque a la salida se me olvida hacer  lo propio con unas placas insertadas en su fachada (sigue lloviendo y es molesto fotografíar con un paraguas). Llego hasta il Gesu no sin antes, por fin, dar con el restaurante recomendado por Jerónimo. En el Gesu disfruto de lo lindo: bestial espacio, indescriptible la espectacularidad y funcionalidad del edificio. Hay un espejo para reflejar los frescos de su bóveda y mientras hago cola para fotografiarlo asisto sin querer a una ridícula e hilarante escena nacionalista (de los nacionalismos de las Españas). Sigo por Largo Argentina, y  además de sus ruinas, consigo fotografiar tres o cuatro gatos, bien resguardados de la lluvia que sigue cayendo. A estas alturas, y a pesar del paraguas, la cámara está mojada, lo que me hace temer por su suerte. También el objetivo lo está, pero no llevo mi siempre presente pañuelo de algodón ni tampoco los tissues limpiadores de lentes, por lo que decido entrar a una óptica para comprarlos. El señor que la atiende me dice que no tienen el producto y me ofrece un pañito de los que entregan cuando nos compramos unas gafas. Voy a pagarle y me dice que no es nada. Un alma generosa. Por fin encarrilo el Tíber (ese río que en Roma parece jugar al escondite, tal vez como, en menor categoría, el Manzanares en Madrid). Las aceras están preciosas (y peligrosas) con las doradas hojas caídas de sus plátanos. Veo una impotente Sinagoga y cruzo el puente Fabricio  llegando por fin a la isla Tiberina. De allí al Trastevere, donde deambulo sin rumbo por sus encantadoras calles hasta que, sin querer, llego a la basílica de Santa Cecilia con buen atrio, mosaico bizantino en su media cúpula y una encantadora escultura de la santa. Luego me dirijo a San Francesco a Ripa para ver la beata de Bernini, pero es la 1 en punto y la iglesia ha cerrado hasta las 14:30. Vuelvo sobre mis pasos para saborear el vino italiano, y un momento de reflexión, en un atractivo (y curioso) bar que vi poco después de desembarcar en el Trastevere (akbar). Retorno para  la comida cerca del palacio Farnese, en la plaza della Quercia (encina aún presente). La tarde la dedico a descansar y recoger velas de cara al regreso del día siguiente. Por la noche nos solazamos en Campo de' Fiori, que aumenta su nivel de animación a medida que avanza la hora. Nos llaman la atención las estilizadas  flamas de los calefactores de las terrazas en contraste con la estatua de Giordano Bruno, que murió allí en la hoguera; menos mal que los jóvenes le rinden tributo alrededor.

Día 31: triste. Regreso. Un taxi nos lleva a Fiumicino, donde el vuelo  de Iberia sale puntual y nos deja en Madrid poco después de las 14 horas. Teníamos previsto visitar una exposición en El Prado, pero cuando llegamos, alrededor de las 16 horas, está cerrado (es Nochevieja). Comemos unos bocadillos en la estación de Atocha, mientras vemos decenas de tortugas en el estanque del jardín tropical bajo hierro y cristal. Podemos adelantar el tren en el que montamos a las 18 horas.




1.1.14

Italia 2013



Acabo de volver de mi tercer viaje por Italia. En este caso por Roma mayormente, aunque también he visitado por vez primera Pompeya y Tívoli.

Ni mucho menos he cumplido mis objetivos para este viaje, porque la riqueza de Roma es tan grande que no se la puede abarcar en tan poco tiempo. Me hubiera gustado más gozar de paseos por ella, pero ¡a ver!, tendré que esperar una nueva oportunidad. Aunque siempre seguirá siendo esa ciudad de dimensiones y ambiente humanos, llena de grandezas del arte y rincones encantadores.

El hotel en el que nos hemos alojado estaba en pleno centro, lo que -unido al amable trato de su personal-quizá justifique sus cuatro estrellas que no llegarían a dos en nuestro país. Me ha parecido angosto, con una recepción casi inexistente y una soporífera habitación dónde era imposible reducir su alta temperatura y el incesante ruido de la calefacción o sistema de ventilación de su restaurante, o lo que fuere. En resumen, poco espacio y mucho ruido para un hotel que presume de cuatro estrellas, y que, definitivamente, se estrelló una tarde en que volví para descansar y no pude acceder a mi habitación porque estaban resolviendo un problema relacionado con el agua. No sé si el arte de los italianos es la mentira edulcorada con esa pronunciación que muchos dicen “musical”, pero sin duda me tomaron el pelo a “tutiplén” prometiéndome primero que todo estaría resuelto de 10 minutos, luego en thirty minutes, a continuación en otros 30 minutos… En resumen, que desde las 17 horas que llegué al hotel (rendido tras una larga jornada de ese turismo intensivo que abomino) hasta las 19:15, no pude acceder a la habitación tan cara que había contratado. Cierto es que el staff del hotel, una cohorte de chicas clónicas y bien adiestradas, trató de corromperme ofreciéndome primero un café o (incluso) un capuchino para calmar mi espera. Ante mi negativa, la cosa ascendió a una copa de champán que yo no pedí, y luego, tras dudar  sobre mis gustos, a una tónica. Como tampoco tragué, pues como le dije a la amable, taimada y apesadumbrada recepcionista, no quería ni necesitaba tónicas ni otros brebajes: lo que quería era mi habitación (simple y llanamente eso; cosa por otra parte difícil de entender incluso para mis más preciados amigos) finalmente lo que hicieron es ofrecerme una  cena gratis en el restaurantito del presuntuoso hotel. Cosa que no era sino un cebo envenenado donde los haya para una persona que viaja con amigos. En fin, que no me dejé corromper (cosa por otra parte rara en mí). Y aunque esperaba que en la factura final quedara patente tanta generosidad reparadora, la avaricia italiana dejó la cuenta como si nada hubiese ocurrido. Cierto es que finalmente descarté escribir una hoja de reclamaciones, pero la tarjetita que me han entregado con sustanciosos descuentos en próxima visitas, me suena a musiquita celestial. Quiero decir, puro vampirizar al cliente, tan típico de esos deplorables descendientes de los romanos que son hoy el marrullero pueblo italiano.

He visto obras de arte sublimes y he visitado monumentos grandiosos, pero el sabor de boca que me queda es que no he conseguido lo que necesitaba y quería hacer: pasear por las calles de Roma, de día y de noche, sin ataduras, disfrutando las grandezas que la Ciudad Eterna ofrece gratuitamente. En fin, que mi paseo por la ribera del Tíber y por el Trastevere han sido lo mejor del viaje, junto al disfrute de Campi di Fiori. Y eso que ni mucho menos pude ver todo lo quería. De modo que mis prioridades para la próxima visita (si los hados me son propicios) serán:

*La boca de la Verdad
*San Pietro in Montorio
*San Ivo alla Sapienza
*Santa Sabina
*San Juan de Letrán
*El puente Milvio…

¡Hay tantas cosas que ver en Roma…!


Avance de fotos AQUÍ

Habrá más en los próximos días.