Me recomendaron esta obra que principio pensé se trataba de
un ensayo filosófico pero que resultó una novela -eso sí- filosófica de más de
1000 páginas. He dedicado muchos días a su lectura; ciertamente leo rápido,
pero como me gusta mucho subrayar y anotar las frases o párrafos que me parecen
interesantes, mis lecturas se alargan más allá del tiempo medio de lecturas. La
terminé la noche del 15 de diciembre, ya casi en la madrugada.
Al día siguiente traté de recuperar mis subrayados y
anotaciones para imprimirlos (como suelo hacer) pero no lo permitió mi Kindle,
pues la obra, en formato digital, no la había comprado a Amazon sino que me la
descargó gratis mi yerno de una recomendable web que alberga más de 63 millones de libros en
todos los idiomas.
Esta novela de una autora rusoestadounidense se publicó en
1957, año de mi nacimiento, tras unos once años en su redacción. Calificada en
las redes como “distópica” y “libertariana”, o simplemente filosófica dentro de
las tesis de la autora que fundó el “objetivismo”. Sin duda se trata de una
obra antimarxista, anticomunista, posiblemente por el rechazo de su autora
hacia el estalinismo del que huyó y del sovietismo del que profetiza su
hundimiento.
La protagonista principal es “Miss Taggart”, copropietaria y
codirectora de la más importante compañía de ferrocarriles de EE.UU. Una mujer
fuerte, decidida y con las ideas muy claras con respecto al futuro y desarrollo
de la empresa iniciada por su bisabuelo. No aparece egoísta ni ávida de
riqueza, solo honor y estar a la altura funcionalista de las circunstancias
económicas y prácticas, para mejorar sus líneas ferroviarias en la certeza de
que tales objetivos redundarán en un mejor bienestar público. Sin embargo, se
enfrenta al gobierno inclinado al intervencionismo social-comunista, que va
dictando normas autoritarias, castradoras del esfuerzo individual, del ingenio
personal y su apreciable aportación a la mejora de la vida de las gentes y que
necesita ser retribuido o, al menos, no coartado o limitado. La ideología del libertarianismo tan en auge hoy en día tras la victoria electoral de Trump o
de Milei en Argentina. Este término pervierte el original de “libertario” (o
anarquismo) al cual yo me adscribo y que se diferencia de aquél por su
vertiente humanista, solidaria, del aforismo “De cada cual según sus
posibilidades, a cada cual según sus necesidades”. Ambas corrientes de
pensamiento casi coinciden en la necesidad de menos Estado (libertarianos) o su
total desaparición defendida por los anarquistas (libertarios). ¿Utopías o distopías
ambas? ¿Es que la Democracia Parlamentaria, con sus clamorosas imperfecciones y
sus graves corruptelas, no es también una utopía? El ser humano es perfectible
y siempre lo será, de ahí el fracaso del “hombre nuevo” defendido tanto por las
dictaduras de derechas (nazismo, fascismo…) como de izquierdas (“socialismo
científico” de Marx plasmado en el sovietismo); todas ellas se han llevado por
delante la vida de millones de personas inocentes en el siglo XX. Estoy
convencido de que ese hombre perfecto no existirá nunca, pues no se puede
obviar nuestra condición animal, biológica, que tiene como norte el instinto de
supervivencia y conservación.
Me parece que esta novela bebe de las fuentes del
anarco-individualismo de Stirner (El único y su propiedad) que habré de leer
para calibrar mejor el mensaje de “La rebelión de Atlas” y aunque los críticos
opinan que su autora no defiende las ideas de Nietzsche por su “irracionalismo”
y le contrapone su “objetivismo” en el cual la razón es la reina absoluta, sin
concesiones; ¿Qué hay de Zaratustra?...
También esta lectura me ha recordado a Camus y su obra El
hombre rebelde (1951), y por supuesto a Escohotado y su magno libro Los
enemigos del comercio (2008), al igual que también lo ha hecho de la obrita
del filósofo italiano N. Ordine La utilidad de lo inútil (2013)
Tal vez Rand se esté vengando del asfixiante estatismo de su
país de origen. Parece que en principio la novela se iba a titular “La huelga”,
pero su marido estadounidense la persuadió de que le cambiase el título por el
de “La rebelión de Atlas”, aquel titán de la mitología griega que fue castigado
para soportar bajo sus hombros el peso de la bóveda celeste y el mundo, de modo
que la huelga es en realidad un “lock out” de empresarios y científicos que se
rebelan contra la voracidad y autoritarismo del gobierno, cosa impensable en
EE.UU., dónde parece que esta obra es el segundo libro más leído tras la
Biblia.
A mi parecer le sobran unas 400 páginas, entre descripciones
de paisajes, tanto urbanos como naturales, como del físico de sus personajes y
las relaciones amorosas, románticas, de su protagonista.
Creo que se realizó
una película de la primera parte de la novela que tuvo poco éxito.
En cualquier caso obra para pensar.