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15.8.09

Londres 2009/I (arquitectura…)

Cursillo de inmersión lingüística en Londres con cargo a la Junta de Andalucía o, más bien, a la Unión Europea. Salida desde Málaga un tanto caótica. Llegada aún más caótica y dilatada a Londres. Nos atienden tarde y mal en la McLaren House, la residencia universitaria donde nos alojaremos durante los quince días que durará la “inmersión”.

Tras la temprana cena (a la que habré de acostumbrarme), ducha y salida nocturna a explorar los alrededores con un grupo de gente joven que acabo de conocer y que forman parte de la expedición inmersora andaluza. Recalamos en un pub cercano a la residencia donde trasegamos una pinta de cerveza mientras charlamos, y nos vamos conociendo, sentados en el exterior pues la noche es calurosa para lo esperable en Londres (luego me acabarían faltando camisetas de manga corta…).

Al día siguiente sesión de instrucciones y evaluación de nuestros conocimientos de inglés en un aula grande (especie de Aula Magna o Paraninfo) de la Southbank University. Cuando acabamos es la hora de comer (12-12:30 horas). Después, pequeña siesta para recuperar algo de fuerzas tras el viaje y sus alteraciones, y salida a los alrededores de la City y Southbank.

Un día más tarde (martes 30 de junio) dan comienzo las clases. En el grupo que me asignan somos mayoría los profesores andaluces. Se suman cuatro jóvenes gallegos de Lugo y dos eslovenos. Todos nos caen muy bien; son educados y simpáticos. Este día si que me incorporo a la excursión oficial: la catedral de San Pablo. Cruzamos por encima de la pasarela de Foster y subo hasta lo más alto permitido de la cúpula (falsa cúpula) de St. Paul. Allí observo la nueva arquitectura londinense, sobre todo hacia la City: se está construyendo mucho; numerosas grúas, gigantescas grúas que parecen de puerto, erizan el cielo de Londres; mucho hierro y cristal, mucho cristal, pienso, con técnicas arquitectónicas que parecen basarse en el ensamblaje de placas metálicas, vigas y cristales. No veo hormigoneras, ladrillos, ni sillares. En cuanto a los formas, gran diversidad: edificios verticales, horizontales, rectos, curvos, con remates en sus cornisas o repetitivos, rectos, cúbicos… Reconozco lo rápido y práctico de estos sistemas de construcción, y lo estéticamente “moderno” de su resultado, pero ignoro sus costos a la hora de mantener la temperatura interior (aunque sé de las técnicas de Foster, pero en aquellos calurosos días se hubo de repartir agua a los usuarios del Metro, en cuyas galerías se alcanzaron los 45º)… Otro día, cerca de la McLaren, me pareció ver un rascacielos (o un edificio muy alto) con aerogeneradores eólicos…

En cualquier caso Londres me pareció un excelente compendio de arquitectura moderna (es decir, actual), si bien desconozco lo que se está haciendo en Nueva York o en otros lugares del mundo como Dubai, donde sé que se levantan audaces construcciones al calor del dinero de los petrodólares, aunque me da la impresión de que pueda ser como la arquitectura de Las Vegas: edificios-escaparate, fachada, cartonpiedra; solo útiles para turistas, gentes de paso; lugares sin alma. Pero no en Londres, donde se construye en el centro de la ciudad, en lugares donde se vive y se trabaja; donde la vida bulle y donde junto a un rascacielos se mantiene una casa de dos plantas que alberga un pub, o una calle con casas unifamiliares. Y esta mezcolanza si que sorprende y resulta estridente. De ahí que Londres no alcance ni mucho menos la armónica belleza de París. También, a diferencia de la capital francesa, las orillas del Támesis no están completamente integradas en la vida urbana como lo están las del Sena. A menudo los edificios llegan hasta la misma orilla del río, sin que existan esos bellos bulevares que nos permiten disfrutar de las riberas del Sena; si bien la anchura del Támesis se me antoja muy superior y su importancia como arteria económica histórica ha marcado la personalidad de Londres, radicada en ser una gran puerto bien resguardado, cuyos Docks hoy se recuperan como centro de negocios.

Así Londres me ha parecido esta vez una ciudad grandiosa, variopinta; un cóctel urbanístico en una única aglomeración excitante en su vitalidad. Que ofrece numerosas posibilidades pero que, sin embargo, carece de algo parecido al “Periférico” parisino a la M-40 madrileña que permita su rápida circunvalación; o lo que es lo mismo, salir de la ciudad con cierta agilidad (salvando comparaciones de tamaño). Por eso, para cualquier excursión nuestro autobús atravesaba barrios y más barrios hasta salir a campo abierto después de casi una hora. De ahí que no sea de extrañar que a Canterbury u Oxford tardásemos casi dos horas en la ida o en la vuelta.

Queda por hablar de muchas cosas: las cafeterías en las catedrales, el jazz, sus bellos parques o la video-vigilancia que se va extendiendo…. Pero esas son otras historias.

Más fotos en Flickr.

4.8.08

Londres

Vuelvo a Londres. Corta estancia en aceptable hotel en Bloomsbury aunque solo con desayuno “continental”. Estación Victoria, Oxford Street, Trafalgar Square, Wetsminster, Coven Garden, Notting Hill

La ciudad está muy limpia y me sorprende el abundante tráfico de bicicletas. Como también me llama la atención su animación; incluso de noche cuando el ruido de la gente me hace creer entre sueños que estoy en una ciudad española.

Visitamos la National Gallery donde la sala del barroco español es una de las más concurridas. Al igual que en el British la entrada sigue siendo gratis; una forma efectiva de apoyar la cultura y evitar colas, que, sin embargo, los ingleses saben guardar con una paciencia y civismo encomiables. Descubrimos Camden Town y su mercado “gótico” y disfrutamos de una temperatura primaveral inesperadamente seca.

Entre los aspectos negativos están la comida, la lengua y el transporte. Un billete simple de metro cuesta 4 libras (1000 de las antiguas pesetas), en una ciudad cuyos habitantes no hacen ningún esfuerzo por entender a los forasteros, aunque éstos lo intenten afanosamente con el inglés aprendido en academia. Y el condumio casi lo peor: el imperio de la fast food; quizás muy funcional para quienes tienen que “producir más” en largas jornadas continuas permitidas por el clima, pero nada sanas ni apetecibles para quienes disfrutamos con el yantar “mediterráneo” y su ritual. Y es que eso de estar todo el día pizcando (sándwiches, refrescos, snacks, pastelitos…) a solas, de pie, o sentados en el césped, no puede ser cosa saludable.

Pero un grato viaje.