La Fresnedilla es una finca en Obejo propiedad de unos amigos de Paco, que conocí hace dos años cuando visitamos el cercano Pico de la Perdiz.
Me interesan el arte moderno (el arte de nuestro tiempo) y también el campo. Y en este evento podía disfrutar de ambos; de modo que no dudé en aceptar la invitación a esta jornada de puertas abiertas.
Es cierto que esperaba encontrar más obra gráfica producida durante el encuentro, pero solo había dos: un pato de excelente (y curiosa factura) obra de Miguel Gómez Losada y la otra, un árbol dibujado en una pared aparentemente sosteniendo un nido de cigüeña auténtico, cuya autoría desconozco. El resto de la obra gráfica parece que se lo llevaron sus autores, o tal vez (pues no me llegué a enterar bien) no existió, sino que más bien el encuentro se habría centrado en debates y performances/acciones. O sea, “arte efímero”.
No obstante mis expectativas, la jornada resultó sumamente positiva: conocí artistas emergentes, propuestas interesantes, hospitalidad a raudales, participación en una “acción” allí democráticamente decidida y de la que logré formar parte a pesar de mi timidez y otros defectos que se acumulan con la edad. Pero la naturalidad logró fusionarse con la solemnidad y, gracias a ello, disfruté de instantes de elevada espiritualidad. En el buen sentido, quiero decir. Porque este mi blog personal trata de eso: de mi subjetividad, de mis vivencias…Sin ánimo de afirmaciones rotundas, polémicas políticas o de cualquier tipo. Es mi espacio de paz, de reflexión sosegada. Y por ello me tengo prohibidas las discusiones políticas; porque además ya existen otros muchos foros para ello.
Como ya he señalado, participé en la actividad elegida. Y confieso que lo hice con mucho miedo y un punto de “retranca” porque conozco este tipo de performances o happenings desde los años 70, cuando era joven y lucía una cabellera abundante y raudales de idealismo (tempus fugit…) Pero me gustó la acción porque me permitió contactar (mentalmente) con antiguos amigos y la misma Madre Tierra. Y no quiero que se me considere un místico, ni mucho menos que hago proselitismo de alguna religión. Cualquiera que me conozca de cerca sabe que soy un racionalista empedernido; siempre buscando una explicación científica a cualquier tipo de fenómeno; personal o social. Simplemente me sentó muy bien la experiencia o “acción” y con eso basta. Decía mi admirado Henry Milller: “el que sube, canta”. Y yo subí; como en otras ocasiones me ha ocurrido estando entre la naturaleza, o al encontrarme con alguna persona que me ha transmitido una energía inesperada y positiva.
La segunda y complementaria “acción” giró en torno a una alberca o piscina circular. No dejó de recordarme al lavatorio de Jesucristo. Y no me pareció mal. El simbolismo del círculo, el poder purificador del agua, el compartirla (por no ser agua corriente), reforzó el sentimiento de “comunión” (común unión) de todos los participantes. (Espero no ser “desollado” por esta expresión por parte de quienes se creen en posesión de la verdad absoluta).
Finalmente fuimos agasajados con el exquisito perol vegetariano facturado por Mari. Y luego unos postres extraordinarios, de los que desconozco la bendita mano que los confeccionó.
Por razones familiares hube de retornar a Córdoba antes de que finalizara esa magnífica jornada de convivencia y enriquecimiento. Y eso que fue un día con tiempo muy cambiante (sol, calor, nubes, viento frío….) que tanto nos afecta psíquica, anímica y físicamente.
Pero al final de la estancia agradecí el haber disfrutado de unas horas con gente excelente mientras gozaba del pleno sol y el aire libre.
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