4.3.12

En tren a Posadas



A veces no somos conscientes de lo “a mano” que tenemos un momento feliz reviviendo gratos instantes de nuestra vida. Recuperando tiempos y lugares low cost. Casualmente la pasada semana recordé los viajes de mi niñez a la cercana/lejana Posadas. Y caí en la cuenta de que a lo mejor podía rememorarlos viajando allí en tren, como hacíamos entonces.

La idea me entusiasmó. Me puse manos a la obra y descubrí que seguía habiendo  ferrocarril hasta dicha localidad. No así a la vecina Almodóvar, con la que pretendía redondear la jornada visitando sosegadamente su castillo, al que había acudido la semana anterior durante una visita escolar.

Paco Madrigal, amigo y gran fotógrafo, se prestó a resolver el problema: así  que yo viajaría hasta Posadas en tren y él en su coche, en el que realizaríamos el traslado a Almodóvar y la vuelta a Córdoba.

El tren salió de la estación a las 9:25 y llegó puntualmente a Posadas a las 9:44. Durante el trayecto alcanzó velocidades de hasta 145 km/h. Nada que ver con el antiguo “Ferrobús” que cogíamos a las 7 o 7:05 h.  de la mañana con sus asientos de escay. Aunque también es cierto que no paró en ninguna otra estación como lo hacía antiguamente (“paras menos que el tren en Villarrubia” rezaba el dicho)…

Aparte de la comodidad del vagón (casi como el AVE), me sorprendió el estado de dejadez en que se encontraba la estación malena. A su salida ya no estaba el bar en el que mi padre tomaba café aquellas mañanas de verano cuando íbamos a bañarnos junto al puente (de E. Torroja). Pero quedaba el edificio. No así (lógicamente) el paso a nivel, lo que me obligó a dar un rodeo bajo un puente para encontrarme con Paco en La Melchora.

Recorrimos las limpias calles bajo un día azul, fotografiando rejas y edificios hasta que un irresistible olor a jeringos me obligó a indagar sobre su lugar de origen, desvelado por una amable paisana. Allí, y por solo un euro, me proporcionaron una buena cantidad que, recién sacada del perol, saboreé en un cercano  bar atiborrado de “desayunantes” y en el que nos trataron exquisitamente.

Proseguimos con las fotos y lugares del recuerdo: Teatro-cine Liceo (que imaginaba desaparecido), casas señoriales, calle Teodoro Domínguez (de tantos y buenos recuerdos), su barranco hacia el río… Y el Ayuntamiento, la iglesia, el abrevadero…

Mientras, la gente nos abordaba por la calle preguntando por qué estábamos allí, opinando que era un buen día para hacer fotos porque todo el pueblo se encontraba de perol en la Sierrezuela, apuntando que su calle es la más bonita del pueblo (“y muy limpia que está” les confirmamos…)


5 comentarios:

Paco Muñoz dijo...

Yo tengo allí muchos amigos, y he ido muchas veces en bicicleta. Me hubiera gustado haber ido con vosotros. Cuando hablas del Ferrobús, recuerdo cuando fuímos a Sevilla a repuestos San Roque a comprar idem para las bicicletas de carreras y era una odisea el viaje parando en todas las estaciones y cuando en los tramos sin estaciones parecía se iba a desarmar, por tener todo el velamen desplegado. Ya hace tiempo que con aquello del área metropolitana se pensaba en ese servicio de ferrocarril, por lo menos hasta Palma. Me alegro que disfrutaseis.
Un abrazo

Francisco Madrigal Aznar dijo...

Muy buen relato de la jornada. Me hubiese gustado también ir en tren pero al no existir combinación de Posadas a Almodóvar se fastidió la cosa, bueno se pasó bien haciendo unas fotos y demás.

Rafael Jiménez dijo...

P. Muñoz: verdaderamente era como aquellos autobuses de Aucorsa que vibraban como si fuesen cohetes despegando, y que tú tan bien conoces. Nos acordamos de ti, porque como dice P. Madrigal, lo pasamos bien haciendo fotos (y disfrutando de las vistas y la charla).

Cabe la posibilidad de que la próxima vez que vayamos a Palma, lo hagamos en tren...(?)

Mirna Gonzalez dijo...

Muchas felicidades por tu blog, me gustó mucho, en particular Posadas me recordó mucho mi viaje que hice a Querétaro en México, no se si lo hayas visitado es un pueblo mágico que combina perfectamente la modernidad con sus edificios coloniales, iglesias hermosas enclaustradas en reducidas calles empedradas en donde los coches y los visitantes deambulan como uno mismo por la misma calle, la noche fresca con ventiscas frías te lleva a la cafetería más cercana en medio del zócalo y ahí te pierdes viendo la gente caminar.

Lucas Ferrez dijo...

También es muy parecido a Guanajuato México, bueno que las mayorías de las ciudades coloniales se parecen entre sí, pero yo trabajo en un hotel en León y siempre que estoy en el centro me recuerda como algún lugar español o europeo.