16.10.14

Mi siglo (de Günter Grass)





Recientemente terminé de leer el libro Mi siglo, del escritor alemán Günter Grass, autor de la famosísima obra (luego película) El tambor de hojalata. Son cien relatos cortos (unas cuatro páginas de media) sobre todos y cada uno de los 100 años del siglo XX; si bien (tal vez por deformación profesional) me ha decepcionado que la cronología de los relatos abarque desde 1900 a 1999, puesto que, en rigor, el siglo XX va desde 1901 al año 2000. Pero el autor no se pilla los dedos y titula su libro “MI SIGLO” y sin duda habla de 100 años.

Comencé a leerlo con fruición, sin reparar en que la edición (Punto de Lectura) incluía un índice con el nombre dado por el autor a cada uno de los capítulos o relatos sobre cada año. Así que, ignorante de tal índice, y con el mero propósito de aclararme a mi mismo el asunto del que principalmente, trataba cada año o relato, les fui poniendo un título significativo.

Cuando, después de la lectura del libro, y tras inspeccionar todas las páginas del volumen, descubrí el índice del autor, me lancé a comprobar la coincidencia entre sus títulos y los que yo había improvisado con fines prácticos o nemotécnicos. Entonces descubrí que solo habíamos coincidido en dos de ellos: el correspondiente a 1951, que yo he marcado como “Volkswagen” y el autor como “Distinguidos señores de la empresa Volkswagen” y el de 1994, que yo resumí como “Dama de Piedra” y Grass lo llama “Dicen que soy dura como una piedra”.

Ahí va mi propuesta de lista de relatos. Si alguien quiere la original del autor, no tendré inconveniente en reproducirla aquí.

1900. Boxers
1901. Postales
1902. Sombreros
1903. Fútbol
1904. Mineros?
1905. El casco del káiser
1906. Submarinos
1907. Discos de gramófono
1908. Liebknecht
1909. Carrera ciclista
1910. Cañón Gran Berta
1911. Flota alemana
1912. Muerte en el hielo (poetas)
1913. Gran monumento
1914. Jünger/Remarque (2 p.v. sobre la Gran Guerra)
1915. Jünger/Remarque II
1916. Jünger/Remarque III
1917. Jünger/Remarque IV
1918. Jünger/Remarque V
1919. Mujer revolucionaria
1920. Ferrocarril alemán unificado
1921. Bailes
1922. Complot
1923. Inflación
1924. Zeppelin
1925. Radio
1926. S.M.I. tala árboles en Holanda
1927. Bailes (II)
1928. Hijos...
1929. Automóvil "La rana verde"
1930. Boxeadores
1931. Camisas pardas
1932. Oficina del paro
1933. El pintor
1934. El anarquista
1935. Autopista
1936. Olimpiadas
1937. Alcázar de Toledo
1938. Cristales rotos/Muro
1939. Corresponsales de guerra I
1940. Corresponsales de guerra II
1941. ¿Y si...?
1942. Bombardeo (¿de Colonia?)
1943. Gueto de Varsovia
1944. Deutschland uber Alles!
1945. 1962 y... Argelia?
1946. Berlinesas desescombradoras
1947. Ladrones de carbón
1948. Nueva moneda
1949. Lingüistas RDA/RFA
1950. Carnaval de Colonia (o "Contra Adenauer")
1951. Volkswagen
1952. Televisión
1953. Piedras contra tanques
1954. Puskas
1955. Refugio antiatómico
1956. Dos poetas
1957. Cascos de guerra
1958. Hermanas Kessler
1959. Feria del libro
1960. Adidas/Puma
1961. Pasar al otro lado del muro
1962. Celda de cristal
1963. Filarmónica
1964. Campos de concentración
1965. SPD
1966. Vietnam-Heidegger
1967. Celan-Heidegger
1968. Contradicciones del 68
1969. Guardería de izquierdas (“niña problemática”)
1970. Odioso canciller alemán
1971. Aborto... y propaganda ("política")
1972. Baader Meinhoff I
1973. Crisis del petróleo
1974. Partido de fútbol RDA/RFA
1975. Encuentro de escritores RDA/RFA
1976. ¿Escritores espiados? 
1977. Baader Meinhoff II
1978. Punkies
1979. Aeróstatas
1980. Boat people
1981. Okupa (entre Cruces de Hierro)
1982. Las Malvinas
1983. Reunión de cómicos (Kabaret)
1984. En Verdún
1985. Tesis (calle de los Tilos, serie)
1986. Setas (Chernobil)
1987. Theodor Fontane
1988. Estado de los bosques
1989. Neumáticos de invierno (Caída del Muro)
1990. Victoria de la CDU (o "el droguero")
1991. Guerra de Irak
1992. Espionaje en familia
1993. Cabezas rapadas (xenofobia)
1994. Dama de Piedra
1995. Love Parade...
1996. Clonación I (o "por Italia")
1997. Clonación II (preocupaciones futuras)
1998. Pedos de lobo (elecciones)
1999. Cachubos

Imagen (portada del libro) tomada de Ediciones Alfaguara.





12.10.14

Blog/FB... (Reflexión)


En mi trayectoria on line, he reparado en que mi participación en la red social FACEBOOK ha podido influir en la visible disminución de actividad en mi blog. Y no me extraña, porque la inmediatez  de FB, y su “frescura”, atacan directamente a los blogs, que surgieron en otro momento donde apenas tenían competencia.

Me paro a pensar si blog personal y FB son compatibles. Intento armonizar operatividad, rapidez, funcionalidad (FB), frente a reflexión y sosiego (blog). Pero no acabo de tener claro si es necesario mantener ambos.

Sin duda el blog se presta mejor a pensamientos más elaborados, a la reflexión pausada y temas menos inmediatos. Pero, a las velocidades de vértigo a las que vivimos hoy (propiciadas por las nuevas tecnologías), ¿Quién se para a reflexionar? ¿cómo competir con un medio tan ágil como Facebook que, además, añade imágenes? ¿sucumbiremos a la inmediatez o la serena reflexión seguirá gozando de su lugar?

Al terminar de escribir esto, había llegado a la conclusión de  que los blogs (personales) debían encontrar su lugar o desaparecer. Y sin embargo, ayer mismo, me topé con un artículo de Enrique Dans en el que señala la caída de FB que se ha iniciado en EE.UU….

Imagen tomada de: J E Tutoriales.




3.9.14

Berlín 2014


Palacio de Charlottenburg

Llegamos al hotel Alexander Plaza de Berlín bien entrada la noche y, tras dejar nuestras maletas en la habitación, salimos en busca de un lugar donde cenar algo. Gracias a las indicaciones que nos dieron en la recepción del hotel, encontramos un kebab cercano a Hackersher Markt. Allí unos jóvenes españoles nos echaron una mano a la hora de elegir.

El primer día pleno en la capital alemana estaba dedicado a los museos: primero el de Pérgamo, que al parecer permanecerá cerrado durante 4 largos años. Síntomas de esta clausura los pudimos apreciar en el cierre de alguna sala y el embalaje de algunas piezas expuestas en el interior del santuario.

La puerta de Isthar, la entrada el Mercado de Trajano, los relieves mesopotámicos, el palacio omeya…una auténtica borrachera de buen arte; de obras cimeras en la Historia de la Humanidad. Un lujo.

Al salir pasamos por una construcción neoclásica hoy dedicada a las víctimas de la guerra, con un diseño interior cuadrangular pero que imita al Panteón romano. En su centro una Piedad moderna que apreciamos. Luego pasamos ante la fachada de la universidad Humboldt para llegar a una gran plaza donde encontramos el monumento a Schiller. En un lateral de esa plaza aplacamos sed (y luego apetito) en la recomendada cervecería bávara Agustiner.

Por la tarde nos dirigmos a la plaza Potsdam y al Kulturforum, donde accedemos a la Pinacoteca (Gemäldegalerie)  y  apreciamos el audaz edificio de la Filarmónica. A la salida del museo tenemos también la oportunidad de  ver el edificio diseñado por Van der Rohe para la Nueva Galería Nacional. Allí no puedo echar fotos porque  se me ha agotado la batería y me he dejado la de repuesto en el hotel. El edificio de Van der Rohe está arropado en su exterior por esculturas modernas: Chillida, Calder… pero ¡mi gozo en un pozo!

El gracioso muñeco de paso de peatones en Berlín Este

El segundo día volvemos a la Isla de los Museos, esta vez para visitar el Altes y el Neues (Nefertiti) Museum. Y por la noche nos trasladamos al barrio de Kreuzberg, donde comemos en una buena taberna llamada Max und Moritz y luego tomamos una copa en uno de los sitios más kitsch de la kitsch Alemania que hemos visto, concepto sobre el que después opinamos y teorizamos alegremente. Nos sorprende que haya muchos españoles, por todas partes….

En la jornada siguiente nos trasladamos en tren a Potsdam, con tan mala fortuna que llegamos hasta la ciudad de Brandenburgo, que no podemos visitar para poder volver a nuestro destino original. Y es que esto de las estaciones automatizadas está muy bien para los paisanos, pero mal para el turista que tiene que sacar un billete siguiendo las opciones de la imperturbable máquina.

Llegados por fin a la Versalles berlinesa, recorremos sus jardines pero no podemos visitar el palacio de Sanssouci porque, a la hora que es, se han vendido todos los tickets. Es hora alta y tenemos la suerte de tropezar con un estupendo lugar donde comer que me recuerda a la película Deliciosa Martha. Una pequeña recompensa en un día en que los hados no nos fueron muy favorables. Por la tarde recorremos la arquitectura moderna junto al Spree hasta llegar al Bundestag y la Puerta de Brandenburgo.

A la mañana siguiente nos desplazamos hasta Charlottenburg para visitar su palacio. De paso hacia allí contemplamos un edificio destacado de la arquitectura moderna de finales del siglo XIX o principios del XX, y un cartel del Circo Krone, que me recuerda al barrio de Santa Marina. En el palacio pago 3€ por el derecho a hacer fotos, pero cuando leo la autorización resulta que las tomas no se pueden publicar y son exclusivamente de uso privado. Visitamos el palacio, recorremos sus jardines (versión “mini” de los de Versalles pero con tabaco ornamental), entramos en el Belvedere (con su atosigante colección de vajillas) y finalmente vemos el Mausoleo, de líneas tan clásicas.

Dresde

Por la tarde nos trasladamos en un austero tren (con compartimento para 6) a la ciudad de Dresde. Para ocupar nuestras plazas, que hemos tomado la precaución de reservar, debemos desplazar a dos jóvenes con mochila refugiadas allí. Damos gracias por haber hecho la reserva no sin compadecernos de las jóvenes, aunque nos amparamos en nuestra edad y cansancio; en fin el papel inverso que otras tantas veces, en otros tiempos, hemos sobrellevado. Llegamos a Dresde pasadas las 9 de la noche, son la suerte de que el hotel (Intercity) se encuentra enfrente de la estación. Allí nos reciben y nos proporcionan un billete gratis para todos los transportes públicos en nuestros días de estancia. Tras alojarnos cogemos un tranvía que nos lleva a un desértico casco histórico, hecho que no deja de sorprendernos porque es verano y se trata de una ciudad que tiene 400.000 habitantes. Por suerte encontramos vida en una calle a la que, a partir de ese momento y por analogía con Córdoba, denominamos “calle Deanes”. Nos establecemos en la terraza de un restaurante australiana denominado “Ayers Rock”, donde disponemos de mantas y estufas cabeceras para combatir el fresco. Junto a este establecimiento hay otro restaurante español que anuncia tapas y que visitaríamos la noche siguiente.

Por la mañana del segundo día en Dresde visitamos el  Zwinger, donde saco muchas fotos. Luego recorremos la ciudad, tomamos una cerveza con vistas al Elba y acabamos comiendo en un interesante restaurante-pastelería en un edificio de estilo neoclásico donde volveríamos el día siguiente. A las 15 horas tenemos cita para visitar la ópera (la 2ª más importante después de la Escala de Milán) y resulta ser algo sosa a pesar de la guía que pone todo su interés en explicárnosla en inglés (of course!).

En Alemania los gorriones entran en las cafeterías

La mañana del día siguiente la dedicamos al principal atractivo de esa ciudad completamente devastada por la guerra: la Madonna Sixtina, de Rafael. Aunque enseguida comprobamos que esa obra está acompañada de multitud de obras maestras. Y así disfrutamos de los Cranach, Rubens, Rembrandt, Vermeer, Tiziano, Botticelli, Ribera, Velázquez… y tantos otros. Una colección no demasiado extensa pero de un gusto excepcional. Incluso descubrimos una pintura española tal vez procedente de Córdoba. A la salida volvemos a comer en el restaurante del día anterior, adonde acudimos a recoger un sombrero extraviado. Pedimos, para compartir, lo que creíamos era un “codillo” (plato típico) por emulación respecto a una pareja de ancianos que teníamos cerca, comentando como éstos se reirían de nuestra endeblez porque ellos se habían zampado sendos platos. El codillo resultó ser una especie de “gran flamenquín” compuesto por una envuelta de hojas de col bien doradas y un rellenos de carne picada, regado por una suave y estupenda salsa; en resumen: exquisito, aunque de nombre irreproducible. Luego nos esperaba “a relaxing” paseo en barco por el Elba. Y verdaderamente que fue no solo relajante, sino francamente aburrido en sus casi 90 minutos de duración. Como terapia no debe estar mal. Por suerte pudimos adelantar nuestro tren de vuelta a Berlín, donde llegábamos pasadas las 19 horas. Estábamos decididos a ir a un club de jazz a escuchar música en directo, y así lo hicimos, pero nuestros horarios mediterráneos no contemplaban la posibilidad de que próximas las 23 horas todo estuviese acabado. Tomamos nuestra copa disfrutando del amplio local, su ambiente y la música enlatada y retornamos al extraño hotel que nos correspondió en esta segunda etapa en Berlín.

El día siguiente fue de despedida y viaje. Desayunamos en nuestra cafetería predilecta (cuyo nombre no tenemos claro) y hicimos un recorrido somero aunque distante: Potsdam Platz y alrededores (Sony Center, Filarmónica, muro de Berlín…), monumento a las víctimas del Holocausto, otra vez  la puerta de Brandenburgo y nuevamente Lustgarten. Luego un taxi nos llevó al austero aeropuerto de Berlín donde seguimos nuestro traslado a España y a la rutina. Estupendo viaje.



FOTOS  SERIAS  AQUÍ, AQUÍ, AQUÍ Y AQUÍ

16.8.14

Williams y Bacall (In memorian)



El pasado martes tuvimos noticia de la muerte de dos grandes actores. Dos enormes estadounidenses a los que admiraba y quería: Robin Willliams y Lauren Bacall. Parece que Williams se suicidó (ahorcado) porque atravesaba una fuerte depresión tras combatir la adicción al alcohol y las drogas. Bacall ha muerto por su edad, seguramente con la misma serenidad que siempre acompañó su elegante y sencilla belleza.

No se trata de sobrevalorar sus muertes cuando muere tanta gente a diario, tan valiosa, sean o no famosos, porque la vida es lo más preciado que tenemos y en estos días las guerras se han intensificado. 

Pero en concreto estos dos actores tenían un gran valor o, al menos, lo tenían para mí. Sin conocer sus vidas demasiado de cerca (no con la cercanía de las revistas del corazón) eran, a mi parecer, excelentes personas además de profesionales reconocidos universalmente por su gran talla. Personas con  talla ética que han dado la cara cuando tenían la mar de fácil mirar hacia otro lado. Y eso es de agradecer, y es una lección en este podrido mundo en que Don Dinero impera, trátese de la ideología que se trate.

Inefable Williams en sus papeles de El club de los poetas muertos, El rey pescador, Jumanji… Siempre sospeché que su mirada de los momentos álgidos era algo más que una interpretación. Este hombre lo vivía, lo experimentaba; esa mirada vidriosa y vibrante de emoción y melancólica alegría… Eso no se interpreta: se vive. Y es aquí donde está la cima de los grandes actores; y a lo mejor (o “peor”) por ese motivo muchos acaban mal. Vivir sentimientos intensos y elevados tiene su coste, como venimos sabiendo desde la antigua Grecia. No me puedo explicar de otro modo que un profesional de su talla y una buena persona (porque su rostro “no engañaba”), puede ser víctima del alcohol y las drogas. Le echaremos de menos, más como persona entrañable que como magnífico actor. 

Muy distinta desde el punto de vista personal ha sido la trayectoria de la divina Bacall, ese tipo de persona que es tan mito que a veces uno cree que hacía tiempo que había muerto. Pero ahí ha estado, ahí ha seguido, desde sus tiempos gloriosos  (y luchadores) de los años ’50 y ’60. Sin escándalos, pero siendo la primera contra la Caza de Brujas, en un momento en que un actor se lo jugaba todo; y cuando decimos todo, queremos decir “todo de todo”; no como ahora, que cualquier famosillo recula cuando desde Hollywood le llaman la atención por haber firmado un inofensivo manifiesto.

De Bacall, además de su talante de luchadora, me llama la atención su modestia, porque la hemos podido ver haciendo papeles secundarios, ya bastante mayor, incluso en una película española de bajo presupuesto (cuyo título no recuerdo pero que su joven director, mallorquín –creo recordar- afirmó que se podía titular "Las otras" en clara alusión al famoso film de Amenábar). Esta señora siempre aparecerá en mi recuerdo como lo que ha sido. No se me olvidará junto a Bogart encabezando la marcha contra el macartismo. Ni su belleza; ni la mención en una canción de Peor Imposible, ni a Terence Stamp imitándola espléndidamente en Priscilla… La antítesis, en fin, del repugnante Ronald Reagan.

La fotografía de Robin Williams procede de Que.es  y la de L. Bacall  del diario Deia

31.5.14

Viaje a Tartessos



Ayer tarde, y frente a una magnífica bahía de Málaga (Malaka o Mainake...) terminé de leer el libro que da título a esa entrada. Si su lectura se ha prolongado tanto no es debido al interés de la obra, ni mucho menos al estilo ágil y ameno de su autor. Solo al poco tiempo de sosiego de que dispongo y con el que tanto me gusta disfrutar de mis lecturas. 

Como tengo pensamiento disperso, cuando algo me interesa de un libro marco las hojas doblando su esquina. Con este libro calculo que he doblado casi la mitad de sus 318 páginas. Tan sugestivo me ha resultado.

Sin duda tengo que repasarlo y subrayarlo. Pero muy a menudo me hubiera gustado poder disfrutar del lujo de tener enfrente a su autor, e ir preguntándole…

Conozco directamente a Fernando desde hace muy poco, a pesar de ser vecinos. Y desde que lo conozco, no solo ha confirmado todas mis expectativas, sugeridas por buenos y comunes amigos, sino que las ha rebasado ampliamente. Como todo el mundo pudo comprobar cuando este invierno nos guió en la visita al Museo del Cobre de Cerro Muriano que dirige.

Fernando es todo generosidad, sabiduría y modestia. Y escribe de muerte. Envidiable  la agilidad, precisión y riqueza léxica de su escritura.

Pienso que a veces podemos tener mala suerte en la vida, pero al mismo tiempo esa vida nos otorga buenos amigos. Conmigo la vida ha sido generosa en este sentido. Fernando, y otros Fernandos, Pepes o Toñis, son amistades que atesoro.

Y, volviendo al libro, que nadie espere un libro de viajes al uso. Se trata de un viaje a lo largo del tiempo, de la Historia. Un viaje cultural e interior, si se me permite. Un reto. Pero si quieres olisquear un trozo de atún recién cocinado, o sentir el sempiterno sol de Creta en tus espaldas o disfrutar de una bahía donde los fenicios arribaron hace casi 3000 años, este es tu libro. Porque nadie viaja si no deja su mente abierta.

14.4.14

Venancio Blanco en la Diputación



Ayer volví a visitar la exposición de esculturas de Venancio Blanco en la Diputación. Con mi cámara. He tratado de tomar vistas desde todos los puntos de vista interesantes. Creo que en estas obras se puede apreciar todo el valor del cubismo; casi la culminación de la aspiración del viejo arte egipcio de integrar todos los lados de una figura en una imagen única.

Girando alrededor de las obras he disfrutado de las distintas visiones, siempre contundentes o dinámicas, a pesar del uso del hueco. A veces siluetas, a veces detalles que pueden pasar desapercibidos. Lados abstractos juntos a otros muy bien definidos. Eso es lo que podemos disfrutar rodeando cada obra, en general de pequeño tamaño.

Predomina la temática  taurina, tan cuestionable (amigos tengo partidarios y contrarios a esta tradición). También una abstracción de título musical. Un cisne, mujeres, una reina, un pastor… Y el brillo y la luz de las superficies casi nunca lisas. Bronce, bronce, bronce… Y yo que había acudido buscando la luz que había el día anterior: la del nublado. Pero me topé con un contraste duro en el patio, que increíblemente actuaba de forma mágica sobre las obras, cambiando colores, reflejos, texturas a cada paso…

Esta muestra tiene otra parte de obras religiosas que se exhiben en Orive y que sigue la misma tónica. Allí me llamó la atención la (barroca) escenografía de la Santa Cena y por supuesto el realista Cristo en madera. Y ese siempre sorprendente marco que es la sala conventual.

Aconsejo visitar la exposición (abierta  hasta el 27 de abril) y dejarse llevar por lo que nos sugieren las formas y los reflejos; sin someter todo a la razón. Hemos de aprender a disfrutar del arte.



MÁS FOTOS PINCHANDO AQUÍ


2.3.14

Microteatro: Adolescencia…



El viernes 28 de febrero tuve la ocasión de asistir a una sesión de “microteatro” (creo que se llama así…); una actuación en la habitación de un piso con solo 10 o 12 espectadores.

Principalmente fui porque el actor (Juan Diego Calzada) es un apreciado y antiguo alumno que se dedica al arte de Talía y Tespis. Ya el año pasado pude presenciar su trabajo en el Teatro Góngora actuado con VÉRTEBRO TEATRO, la compañía de la que formaba parte, en su obra Oro, petróleo y escarcha… Obra por otra parte pionera de crowdfunding en Córdoba. Sin embargo, me fue imposible asistir a su trabajo en solitario EMOTICONOS, que se de desarrolló en noviembre.

Adolescencia es una obra autobiográfica. Se subtitula “Mi fiesta del pijama”, término que hube de consultar a mi hija. En fin, el autor, en la intimidad de su cuarto, nos desvela aspectos significativos de sus adolescencia en una mezcla de imágenes, música, texto y voz propia, con las Spice Girls como tema de fondo, todo trufado de sorpresas y espacios en blanco (o en rosa) para reflexionar.

En cuanto a mí, por momentos me sentí como un extraterrestre, pues con diferencia fui el de mayor edad de los presentes. También temí el “tener que participar” en la obra. Aun así, la sangre no llegó al río y todos salimos contentos y enriquecidos de una sesión que para muchos/as se hizo corta.


17.2.14

Reivindicando Cerro Muriano



Hoy hemos tenido la suerte de visitar el Museo del Cobre de Cerro Muriano de la mano de su director, Fernando Penco Valenzuela, persona de una talla humana y profesional verdaderamente encomiables. Un privilegio el gozar de sus conocimientos, entusiasmo y amistad.

Las jugosas explicaciones de Fernando se han visto enriquecidas por los conocimientos de otros participantes en la excursión. El tiempo atmosférico nos ha respetado y el paisaje era espectacular. Una jornada redonda.

Me he quedado fascinado por cómo los romanos, con sencillas técnicas, ya explotaban intensamente los yacimientos mineros de esta localidad. Y como los ingleses, en pleno siglo XX, hubieron de marcharse “vencidos” por el agua; tan simple y primordial elemento.

Durante el recorrido han surgido interesantes temas colaterales sobre los que se ha hablado: la importancia de Cerro Muriano como único lugar minero que goza de protección oficial en la provincia de Córdoba, la importancia que tuvo Peñarroya cuando producía un destacado porcentaje de plomo del mundo, la trágica historia de Sexto Mario, el romano que explotaba las minas de Sierra Morena, la discutida foto de Capa con el miliciano muerto, las potencialidades de la vía férrea, que se lucha por recuperar…

Ya en el restaurante local en el que hemos puesto punto final a la jornada, nos ha sorprendido su maitre, que al preguntar sobre el motivo de nuestra visita a C. Muriano se ha entusiasmado y nos ha ilustrado con una reciente tesis doctoral sobre sus minas y otros datos interesantes de sus amplios conocimientos al respecto.

Mi reflexión después de la jornada no puede ser otra que admirarme del enorme valor turístico de C. Muriano; un potencial arqueológico y cultural  nada desdeñable. Otro tesoro a tan solo 15 minutos de Córdoba. 

En fin, que creo que es hora de que Cerro Muriano deje de ser conocido solo  por cuestiones militares. Como también pienso en tal vez sería conveniente que Cerro Muriano consiguiera su independencia como municipio, porque el pertenecer a los de  Córdoba y Obejo me temo que lo mantiene encajado en un nefasto “limbo”.




3.1.14

Italia 2013 (2)


He caído en la cuenta que en la anterior entrada me había dejado llevar por el penoso asunto del hotel  y había olvidado tantas cosas buenas. De modo que me pongo manos a la obra para que no pasen desapercibidas, aunque las más de mil fotos disparadas servirán para dejar constancia de tantos momentos buenos y lugares bellos.

Llegamos al hotel  de Roma sobre las 19 horas del día de Navidad. Un par de horas después salimos para cenar y dar nuestro primer paseo nocturno por una ciudad bastante solitaria y con pocos locales abiertos, como es lógico en ese día. Por fin encontramos un restaurante que Alberto conocía y que resultó fenomenal no solo por la buena comida y lo acogedor del sitio, sino el buen hacer y la mejor talla humana de su personal, que no dudó en devolvernos la mitad de lo pagado porque habían tenido un error al hacer la factura. Como la comida y el sitio nos habían parecido tan buenos, no habíamos reparado en el importe final!

Joven como Diana
(Mº Termas)
En día siguiente nos dirigimos a las cercanías de Termini, pues otros amigos se incorporaban en ese momento al viaje y tenían reservado su hotel  por aquella zona. La idea era estar cerca para comer con ellos, pero un fallo de su móvil lo hizo imposible; de modo que nosotros estábamos cerca de su hotel mientras ellos iban al nuestro a buscarnos. Cosas de la tecnología.

En fin, que vimos la plaza de la República y la iglesia de Santa María de los Ángeles, todo ello construido sobre las colosales termas de Diocleciano. Luego el museo de las Termas, en cuya verja se podían ver frases de Séneca escritas en italiano e inglés. Dentro, además de las excelentes obras escultóricas, pictóricas, etc... que forman la colección permanente, tuvimos la suerte de ver una exposición temporal sobre los monstruos en la Antigüedad: gorgonas, minotauros, hidras, grifos... en mármol, cerámica, terracota... Una magnífica exposición. Tras ello San Carlino y San Andrés del Quirinal (que estaba cerrado por el receso del almuerzo). Igual ocurrió con el Éxtasis de Santa Teresa. Así que buscamos un sitio para comer que resultó un tanto penoso, pero la todavía presente resaca de Nochebuena y Navidad, mantenía muchos locales cerrados. Volvimos sobre nuestros pasos, por fin entramos en San Andrés, luego en Sta. Mª de la Victoria para fotografiar la obra de Bernini (esta  vez armado de trípode-monopode) que todavía no tengo claro si ha salido bien, a pesar de que Alberto echó una moneda para iluminar la obra, momento que fue aprovechado por numerosos turistas primermundistas, agarraos y gorrones. Luego fotografía a la portada de la cercana Santa Susana y entrada en el también próximo templo de San Bernardo (igualmente parte  de las susodichas termas). Tras ello visita al Palacio Barberini y su escogida colección. Finalmente, bajando por la Via Nazionalle, visita a los Mercados trajaneos, que abandonamos cuando se hace la noche.


Foro (Pompeya)
Al siguiente día viaje a Pompeya para  ver su impresionante, singular, yacimiento arqueológico; allí el dedo se me desbocó y tiré un montón de fotos  con las que prometo no atosigar a mis amigos (¡juro seleccionar solo unas pocas de entre las mejores y más significativas). Como en Italia anochece pronto, cerca de las 17 horas abandonamos el complejo, sobre el que nos llama la atención lo poco vigilado que está. Tal vez lo más adecuado hubiera sido pernoctar el Nápoles para disfrutar de la ciudad y también del museo donde se encuentran muchas de las obras halladas en Pompeya; pero "teta y sopa..." y teníamos pocos días de viaje. Otra vez será. A destacar lo dejados que tienen los italianos sus trenes, incluido el "flecha" (Alta Velocidad) que nos llevó de Roma a Nápoles y viceversa.


Ara Pacis (lateral)
El 28 teníamos reservada una visita a la villa Borghese a las 11 horas, así que con anterioridad nos encaminamos al mausoleo de Augusto (lo que queda) y al Ara Pacis, envuelta en un estupendo museo ad hoc. En la Borghese no se podían hacer fotos,  por lo que allí quedaron la Paulina Bonaparte, Caravaggio y otros maestros que sin embargo degustamos  con delectación. De vuelta para comer, paso por la plaza del Popolo.


La jornada siguiente nueva excursión: a Tívoli (Villa  Adriana y Villa d'Este). Tuvimos una guía políglota y muy amable que nos permitió ver el Teatro Marítimo de la adriana y nos sopló, consintiendo el consecuente retraso, la interpretación  de un concierto express en el órgano hidráulico de los jardines del hijo de Lucrecia Borgia. Por la noche disfrutamos del ambiente de la plaza Campo di Fiore sentados en una terraza.


Elefante, de Bernini
El día treinta paso la mañana recorriendo calles y lugares con la meta puesta en el Trastevere, ese barrio del que todo el mundo habla pero que no había conseguido visitar hasta  ahora . Previamente me paro en la plaza de España y no puedo fotografíar su fuente, llena de turistas a pesar de la lluvia. Sí que disparo sobre la fachada del cercano Colegio de Propaganda Fide, de mi admirado Borromini. Sigo adelante y fotografío el templo de Adriano, en cuyo interior hay una exposición de arte moderno que no tengo tiempo de contemplar. Más adelante el elefantito de Bernini, delante de la basílica Supra Minerva en la cual penetro y hago algunas tomas, aunque a la salida se me olvida hacer  lo propio con unas placas insertadas en su fachada (sigue lloviendo y es molesto fotografíar con un paraguas). Llego hasta il Gesu no sin antes, por fin, dar con el restaurante recomendado por Jerónimo. En el Gesu disfruto de lo lindo: bestial espacio, indescriptible la espectacularidad y funcionalidad del edificio. Hay un espejo para reflejar los frescos de su bóveda y mientras hago cola para fotografiarlo asisto sin querer a una ridícula e hilarante escena nacionalista (de los nacionalismos de las Españas). Sigo por Largo Argentina, y  además de sus ruinas, consigo fotografiar tres o cuatro gatos, bien resguardados de la lluvia que sigue cayendo. A estas alturas, y a pesar del paraguas, la cámara está mojada, lo que me hace temer por su suerte. También el objetivo lo está, pero no llevo mi siempre presente pañuelo de algodón ni tampoco los tissues limpiadores de lentes, por lo que decido entrar a una óptica para comprarlos. El señor que la atiende me dice que no tienen el producto y me ofrece un pañito de los que entregan cuando nos compramos unas gafas. Voy a pagarle y me dice que no es nada. Un alma generosa. Por fin encarrilo el Tíber (ese río que en Roma parece jugar al escondite, tal vez como, en menor categoría, el Manzanares en Madrid). Las aceras están preciosas (y peligrosas) con las doradas hojas caídas de sus plátanos. Veo una impotente Sinagoga y cruzo el puente Fabricio  llegando por fin a la isla Tiberina. De allí al Trastevere, donde deambulo sin rumbo por sus encantadoras calles hasta que, sin querer, llego a la basílica de Santa Cecilia con buen atrio, mosaico bizantino en su media cúpula y una encantadora escultura de la santa. Luego me dirijo a San Francesco a Ripa para ver la beata de Bernini, pero es la 1 en punto y la iglesia ha cerrado hasta las 14:30. Vuelvo sobre mis pasos para saborear el vino italiano, y un momento de reflexión, en un atractivo (y curioso) bar que vi poco después de desembarcar en el Trastevere (akbar). Retorno para  la comida cerca del palacio Farnese, en la plaza della Quercia (encina aún presente). La tarde la dedico a descansar y recoger velas de cara al regreso del día siguiente. Por la noche nos solazamos en Campo de' Fiori, que aumenta su nivel de animación a medida que avanza la hora. Nos llaman la atención las estilizadas  flamas de los calefactores de las terrazas en contraste con la estatua de Giordano Bruno, que murió allí en la hoguera; menos mal que los jóvenes le rinden tributo alrededor.

Día 31: triste. Regreso. Un taxi nos lleva a Fiumicino, donde el vuelo  de Iberia sale puntual y nos deja en Madrid poco después de las 14 horas. Teníamos previsto visitar una exposición en El Prado, pero cuando llegamos, alrededor de las 16 horas, está cerrado (es Nochevieja). Comemos unos bocadillos en la estación de Atocha, mientras vemos decenas de tortugas en el estanque del jardín tropical bajo hierro y cristal. Podemos adelantar el tren en el que montamos a las 18 horas.




1.1.14

Italia 2013



Acabo de volver de mi tercer viaje por Italia. En este caso por Roma mayormente, aunque también he visitado por vez primera Pompeya y Tívoli.

Ni mucho menos he cumplido mis objetivos para este viaje, porque la riqueza de Roma es tan grande que no se la puede abarcar en tan poco tiempo. Me hubiera gustado más gozar de paseos por ella, pero ¡a ver!, tendré que esperar una nueva oportunidad. Aunque siempre seguirá siendo esa ciudad de dimensiones y ambiente humanos, llena de grandezas del arte y rincones encantadores.

El hotel en el que nos hemos alojado estaba en pleno centro, lo que -unido al amable trato de su personal-quizá justifique sus cuatro estrellas que no llegarían a dos en nuestro país. Me ha parecido angosto, con una recepción casi inexistente y una soporífera habitación dónde era imposible reducir su alta temperatura y el incesante ruido de la calefacción o sistema de ventilación de su restaurante, o lo que fuere. En resumen, poco espacio y mucho ruido para un hotel que presume de cuatro estrellas, y que, definitivamente, se estrelló una tarde en que volví para descansar y no pude acceder a mi habitación porque estaban resolviendo un problema relacionado con el agua. No sé si el arte de los italianos es la mentira edulcorada con esa pronunciación que muchos dicen “musical”, pero sin duda me tomaron el pelo a “tutiplén” prometiéndome primero que todo estaría resuelto de 10 minutos, luego en thirty minutes, a continuación en otros 30 minutos… En resumen, que desde las 17 horas que llegué al hotel (rendido tras una larga jornada de ese turismo intensivo que abomino) hasta las 19:15, no pude acceder a la habitación tan cara que había contratado. Cierto es que el staff del hotel, una cohorte de chicas clónicas y bien adiestradas, trató de corromperme ofreciéndome primero un café o (incluso) un capuchino para calmar mi espera. Ante mi negativa, la cosa ascendió a una copa de champán que yo no pedí, y luego, tras dudar  sobre mis gustos, a una tónica. Como tampoco tragué, pues como le dije a la amable, taimada y apesadumbrada recepcionista, no quería ni necesitaba tónicas ni otros brebajes: lo que quería era mi habitación (simple y llanamente eso; cosa por otra parte difícil de entender incluso para mis más preciados amigos) finalmente lo que hicieron es ofrecerme una  cena gratis en el restaurantito del presuntuoso hotel. Cosa que no era sino un cebo envenenado donde los haya para una persona que viaja con amigos. En fin, que no me dejé corromper (cosa por otra parte rara en mí). Y aunque esperaba que en la factura final quedara patente tanta generosidad reparadora, la avaricia italiana dejó la cuenta como si nada hubiese ocurrido. Cierto es que finalmente descarté escribir una hoja de reclamaciones, pero la tarjetita que me han entregado con sustanciosos descuentos en próxima visitas, me suena a musiquita celestial. Quiero decir, puro vampirizar al cliente, tan típico de esos deplorables descendientes de los romanos que son hoy el marrullero pueblo italiano.

He visto obras de arte sublimes y he visitado monumentos grandiosos, pero el sabor de boca que me queda es que no he conseguido lo que necesitaba y quería hacer: pasear por las calles de Roma, de día y de noche, sin ataduras, disfrutando las grandezas que la Ciudad Eterna ofrece gratuitamente. En fin, que mi paseo por la ribera del Tíber y por el Trastevere han sido lo mejor del viaje, junto al disfrute de Campi di Fiori. Y eso que ni mucho menos pude ver todo lo quería. De modo que mis prioridades para la próxima visita (si los hados me son propicios) serán:

*La boca de la Verdad
*San Pietro in Montorio
*San Ivo alla Sapienza
*Santa Sabina
*San Juan de Letrán
*El puente Milvio…

¡Hay tantas cosas que ver en Roma…!


Avance de fotos AQUÍ

Habrá más en los próximos días.

5.11.13

Dulce hogar




El lunes 21 octubre acudí al Círculo de la Amistad para asistir a la presentación del libro Dulce Hogar. Fue un acto organizado por al Ateneo de Córdoba para una obra editada por Manolo Patiño; dos motivos más que suficientes para no perderme el acto. Sin embargo, lo que hizo imprescindible mi presencia allí era su autora.

María Teresa Morales fue mi profesora de Lengua y Literatura cuando cursaba 1º o 2º de bachillerato en la antigua “Sección Delegada” del Instituto Séneca (hoy IES Góngora) en la calle Claudio Marcelo. Una profesora de las que dejan huella.

Algo que actualmente puede resultar tan fácil como tener acceso a una obra de la literatura universal, en aquella época no lo era en absoluto. Recuerdo que la única biblioteca pública que había en Córdoba, creo que se llamaba “Biblioteca Provincial”; estaba ubicada en la calle Capitulares, donde hoy se encuentra la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía. Si mi memoria no me traiciona, creo recordar que solo tenía abierta al público una única y escueta sala con una maciza mesa de madera donde no cabían más de doce o catorce lectores. Me parece que los préstamos de libros no existían, o eran poco accesibles para preadolescentes como yo.

En fin, que gracias a María Teresa pude leer Guerra y Paz o Platero y yo, volúmenes que ella me prestó de su biblioteca personal. Y es que, en un chico de 11 o 12 años para el que los libros eran un artículo de lujo en su humilde familia, aquello resultaba un regalo del cielo.

El libro en cuestión recoge en sus 55 páginas una colección de 25 microrrelatos que tienen en común, aparte de su escueta extensión, el tema del hogar al que se refiere el título. Y también lo terrible de las situaciones que narra y  que pueden ser tan cotidianas. La edición artesanal a que nos tiene acostumbrados Depapel cuenta con interesantes ilustraciones que acompañan al texto y que pueden resultar valiosas para reflexionar sobre lo leído.

Espero contar con el permiso de autora y editor para reproducir aquí uno de los microrrelatos más cortos. Se titula "INTERIORES":

“Abrió la puerta y la encontró como otras veces, tirada en el suelo del salón. Estaba descalza y la bata arrugada dejaba ver la mancha blanca de las piernas cruzadas de venillas azules.  El líquido de una botella abierta había oscurecido la mopa a su alrededor.
-¡Muérete, muérete de una puñetera vez! –masculló con rabia, las llaves todavía en la mano.
Entonces ella levantó el rostro hinchado y sucio y arrastrándose con dificultad, se abrazó a sus pies y le besó delicadamente los zapatos.”

4.10.13

22 de 24: exposición de cerámica



Nueva exposición de HORNO 24, la asociación de ceramistas creativos de Córdoba. Afortunada celebración del  22 aniversario de su existencia. Una trayectoria marcada por el trabajo, la investigación y la creación artística con material cerámico.

Trabajo con barro, pura creación, que, como en ocasiones anteriores, tiene como resultado un variopinto, pero siempre atractivo conjunto de obras, con técnicas y temáticas tan diversas como las personalidades de los artistas que componen el colectivo.

José L. Richarte, Auxi Cañas, Maruchi Camacho, Pilar Olmo, Carmen  Lucena, Nela Rodero, Carmen Álvarez, Jesús Rey y Valle Sillero, nos trasladan al mundo mágico de la creación con manos, arcilla, fuego... y corazón. No te lo pierdas.


Más información:




Más FOTOS




15.9.13

Llamar-hada (otra obra de Elena)




Una nueva obra de Elena, esta vez digital. Aunque no se trata de una dragón, como la vez anterior, las llamas siguen presentes. La he titulado por mi cuenta Llamar-hada. Espero que no le moleste.


29.8.13

Polonia 2013


Torre junto a la barbacana (Cracovia)

A pesar de las adversidades he tenido la suerte de poder viajar unos días a Polonia, un país que casi podríamos considerar hermano. La suerte ha sido doble porque lo he hecho guiado por el amigo Alberto, quien se ha encargado de todos los preparativos, me ha animado y ha oficiado de inmejorable guía. Un privilegio.

Salimos de Córdoba un lunes por la mañana y volvimos el domingo siguiente por la noche. En total cuatro noches en Cracovia y dos en Varsovia, ciudad ésta en la que fuimos agasajados por la atenta compañía de Anna y Marek, amigos de Alberto.

Lo que he visto del país me ha fascinado. No solo su nivel de desarrollo económico que está cercano al español, sino por su belleza, la limpieza de calles y edificios y la laboriosidad y simpatía de sus habitantes.

Cracovia goza de un extenso y bien cuidado casco histórico rodeado de un cinturón verde que ocupa sus derribadas murallas, una idea que hubiera sido de agradecer en Córdoba, por ejemplo. Un paraíso del peatón y del ciudadano al que suma el frecuente uso de la bicicleta y otros medios de transporte ecológicos (tranvía, coches turísticos eléctricos…). En esta ciudad nos alojamos en el hotel Francuski, un estupendo hotel de resonancias proustianas situado en la calle San Juan, que lleva directamente a la plaza  del Mercado medieval (la más grande de Europa según dicen). En el otro extremo del casco histórico (el sur) se levanta el castillo de Wawel, que recorrimos guiados por una magnífica profesional que nos dedicó con entusiasmo casi 3 horas. Wawel es un mundo. Allí se puede disfrutar de excavaciones arqueológicas, construcciones defensivas, salas palaciegas, una catedral y, todavía, la Dama del armiño, obra de Leonardo que tuvimos la suerte de disfrutar en una sala con un número contado de personas. Almorzamos en uno de los restaurantes del mismo castillo, donde pedimos por primera vez platos tipicamente polacos: bigos y pierocki.

Por la noche acudimos a un café fundado por un artista y recomendado por una guía llamado El Antro de Michalik.  Pedimos nuestra consumisión mientras tomábamos algunas fotos y constatábamos que de antro solo le quedaba el nombre, porque entre su escueta clientela predominaban las familias. Más tarde tendríamos ocasión de comprobar que los verdaderos antros se encontraban mucho más cerca. Y que en la noche, aquellas calles discretas y elegantes dominadas siempre por una o varias iglesias, se convertían en animados lugares de sensual  esparcimiento.

Una de las mañanas de nuestra estancia en Cracovia la dedicamos al barrio judío (Barrio de  Casimiro o Kazimierz) en el que visitamos tres de sus sinagogas: la Sinagoga Alta (en un primer piso), la Vieja y la Sinagoga Remu que cuenta con un cementerio anejo y en la que tuvimos que cubrirnos con  kipá. También comimos en un cercano restaurante judío recomendado por Anna.

La estancia en Cracovia solo estuvo levemente empañada por dos frustraciones: el viaje en barco hasta el monasterio de Tyniec y la iglesia de Santa Ana, que tanto se nos resistió, debido a sus continuas misas.

Despachar Cracovia en cuatro pequeños párrafos no solo es inexacto sino injusto, de modo que habría que hablar de muchas otras cosas como sus iglesias, el monumento a la batalla contra la Orden de los Caballeros Teutones, la leyenda del cuchillo del mercado, o el dragón-dinosaurio de Wawel…pero eso son “otras historias” que merecen espacio propio.


El río Vistula a su paso por Varsovia

Frente al “recogimiento” de  Cracovia la sorpresa nos asaltó al ver Varsovia. Es cierto que la ciudad está totalmente reconstruida tras la II Guerra Mundial, cuando fue arrasada por las tropas nazis, pero su reconstrucción le ha valido justamente el reconocimiento de la UNESCO. Su casco histórico es muy reducido en comparación con Cracovia, pero sus abundantes parques y amplias calles se extienden a lo largo de kilómetros. Allí visitamos palacios, jardines y murallas medievales, además de asistir a la proyección de un documental sobre el alzamiento en 1944. Por la tarde acudimos al museo Chopin y bien entrada la noche asistimos a un concierto dentro  del Festival  Chopin que se celebra cada cinco años. Un broche final inmejorable.

Por la mañana Anna y Marek tuvieron la deferencia de llevarnos al aeropuerto; de allí aterrizamos en Barcelona con breve escala para comer en La Perla y después el AVE hasta Córdoba.

En fin, un viaje que me gustaría repetir porque Polonia me ha parecido un lugar magnífico: belleza, amabilidad y eficiencia nórdicas a precio mediterráneo del sur (I’m sorry…!).





5.8.13

Siria en Almuñécar


Hace unos años (2007) estuve en Almuñécar y descubrí  que el Parque del Majuelo, donde se encuentra el yacimiento arqueológico fenicio de la factoría de salazones, estaba salpicado de esculturas de artistas sirios actuales. Lamentablemente no tomé todas las fotos que hubiera sido necesario, confiado, tal vez, en que encontraría en Internet toda la información necesaria al respecto.


Este verano he vuelto a pasear por ese parque y por las calles de aquella ciudad descubriendo que se han colocado numerosas esculturas sirias en otros lugares. Tomo fotografías de las que me salen al paso y me llaman la atención. Confío nuevamente en la Red para documentarme sobre ellas, pero lo único que encuentro es que anualmente se vienen celebrando allí unos encuentros con jóvenes escultores sirios que donan sus obras al municipio.

Casi nada de nombres de autores y apenas de los títulos de las obras. Afortunadamente en esta ocasión he fotografiado las inscripciones de algunas de ellas que, al parecer, me permiten al menos saber el nombre de su autor y el año de su realización. 

Llamativamente las esculturas se encuentran a ras de suelo, lo que facilita el vandalismo, aunque, a decir verdad, tampoco he observado demasiado. Quizás esa ubicación sea una forma de acercar el arte a la gente, aunque creo que unos pedestales vendrían bien a estas obras de arte; sobre todo de cara al futuro.

En cualquier caso, me parece muy positivo que Almuñécar se vaya llenando de esculturas y dotándose de una patrimonio artístico contemporáneo importante, que además embellece sus calles y plazas. 

Monumento a los fenicios

Ya hace años me gustó su espectacular monumento a los fenicios, así como encontrar en un lugar privilegiado una estatua de Abderramán I, que desembarcó allí para luego fundar  el reino omeya con capital en Córdoba, donde no es conmemorado en consonancia con su importancia, al igual que ocurre con otros destacados personajes de su linaje.

 
Estatua de Abd al-Rahman I

En estos días en que la guerra asuela Siria me ha parecido aún más oportuno este hermanamiento mediante el arte. Y me ha hecho recordar los vínculos de Córdoba con Siria, que me los puso de relieve un turista sirio, con el que coincidí durante un crucero por el Nilo en 1991, quien sorprendentemente me llamó “hermano” al conocer que era de Córdoba, pues se sentía orgulloso de que cordobeses y sirios compartiésemos sangre. ¡Ojalá esa sangre deje de correr pronto en ese país con el que compartimos tanto!´


Para saber más:

El  Embajador de Siria en España, invitado de excepción de los  XXVI Encuentros Hispano Árabes de Almuñécar






22.7.13

Marea de información ¿cómo llegar a tierra y tener tiempo de vivir?


Desde hace tiempo les vengo diciendo en broma a mis amigos que yo, cuando entro en Internet, no navego, sino que naufrago. Porque sé de dónde parto (lo que busco, lo que quiero) pero no donde acabaré. En esta navegación los cantos de sirena son tantos, tan diversos y atractivos que uno acaba perdiéndose  en la telaraña del conocimiento (o  “información”, que ya no lo tengo tan claro).

Pero no toda la responsabilidad de la zozobra corresponde a la Red. En mi revistero se almacenan publicaciones periódicas gratuitas y de pago, que resultan imposibles de “gestionar” (léase leer, seleccionar, desechar/aprovechar). También son cantos de sirena.

Es como si uno hubiera pedido un deseo: “estar informado” y un genio burlón lo hubiera hecho realidad (no querías información: ¡ahí tienes!).

Ya sé que “información” no es “conocimiento”, pero difícilmente se puede llegar al conocimiento sin un mínimo de información.

Lo ideal para mi sería poder retirarme a algún lugar aislado acompañado de un buen libro. Al abrigo de la trepidante información que circula por las redes sociales (FB, Twitter…) pero, al leerlo, ¿no sentiré la tentación de saber más cosas sobre su autor/a?

¿Alguien me ayuda al respecto? ¿algún consejo? ¿alguien me puede decir qué hago con mis recortes de periódico?. De veras que mi S.O.S. es sincero.

P.D. 1: escribo esto mientras cientos de emails esperan que al menos los lea.

P.D. 2: qué cantidad de papel (periódicos) obtenemos a tan bajo precio.

La imagen procede del blog MIRAR, PENSAR Y CREAR


7.7.13

DESPEDIDAS (verano 2013)



Se han cumplido cuatro años de mi traslado voluntario al IES Medina Azahara. Y también 4 años de mi participación en su programa bilingüe. Llegué a este centro en septiembre de 2009 y me hice cargo del grupo de 1er. curso de la ESO bilingüe. Eran pequeños muy educados y cariñosos que compartían conmigo el llegar a un sitio nuevo, desconocido, nada familiar.

Hace un par de semanas me despedía de ellos: habían terminado con éxito 4º de la ESO poniendo punto final a una etapa, una época. Posiblemente ya solo coincidiré con ellos y ellas en los pasillos, o en alguna guardia. Ahora han crecido y a menudo casi me doblan en estatura. Les deseo un buen futuro en el que no falte su dimensión humana.

Unas semanas antes de que el curso acabase tuvieron la tentativa de invitarme a su cena de “graduación”, ese rito de paso importado de Norteamérica que se va colando en nuestra cultura. No me negué a asistir (el corazón me puede) pero, al pedirles la fecha, les expliqué que para nosotros los profesores el mes de junio era un mes muy duro: desde el punto de vista profesional al económico pasando por el afectivo. En lo profesional por la acumulación de tareas que se produce: elaboración y corrección de infinidad de exámenes, sesiones de evaluación y burocracia (el trabajo “invisible”). En lo económico porque las despedidas han ido multiplicándose como setas, sobre todo para los que tenemos cierta edad y acumulamos (gratamente) buenos compañeros/as y amigos que se van jubilando; o promociones de antiguos buenos alumnos que te invitan a una reunión después de muchos años. En lo afectivo porque es época de despedidas: compañeros que se trasladan, alumnos que parten a la universidad o a otras etapas o centros, a los que posiblemente nunca volverás a ver. En definitiva, una separación, como es el caso que me ocupa; un trocito de ti que se va, que se pierde…

Por suerte no insistieron en lo de la cena, de la que luego tuve noticia a través de la redes sociales. Hicieron bien en no insistir en invitarme porque, a fin de cuentas ¿qué pinta una persona adulta entre jóvenes deseosos de hablar de sus cosas sin trabas?. Les agradezco su detalle de no insistir y me alegra el que lo pasaran muy bien.

A lo largo de estos cuatro años ha habido ratos buenos, regulares y malos; las cosas han ido cambiando; pero la convivencia deja huella.

Las Cármenes, Marías, Pablos o Carlos… (por no aburrir a nadie con una lista que me sé de memoria) tienen un hueco en mi corazón. Y aunque crezcan, coronen sus estudios y lleguen a ser buenos profesionales, para mí siempre serán aquellos pequeños amables, graciosos y aplicados que llegaron a un sitio nuevo, como yo.