16.10.18

Periplo por la Toscana


Catedral de Siena

Partimos desde el aeropuerto de Madrid rumbo a Bolonia, donde tomamos un tren de alta velocidad (Frecciarossa) hasta Florencia, donde no esperaba Paolo, que nos trasladó en su coche hasta el nefasto hotel Il Gardino de Siena. Hasta ese momento todo iba bien, pero al llegar a la recepción de ese hotel nos dijeron que no teníamos reserva y que estaba completo. Una felonía. Sorpresa y desagrado, especialmente para el entregado Paolo que había hecho la reserva personalmente y semanas antes por encontrarse cercano a su casa. Posiblemente la mala pasada que nos jugó el personal se debiera a que los precios de de los hoteles de la zona se habían disparado por un evento, y el precio acordado previamente era mucho más bajo. Picaresca. Eran las 21 horas y Paolo decidió llevarnos a su casa, a pesar de que había quedado en ella para cenar con familiares venidos de otra localidad. Desde su casa, y mientras hacía los preparativos para le cena, nos fue buscando alojamiento con el apoyo telefónico y luego presencial de Cecilia. Estaba muy preocupado y nos preocupaba el sofocón que llevaba encima. Y nos invitó a la cena familiar, donde Alberto, Paco y yo degustamos la exquisita comida casera (fatto in casa) preparada para ocasión y regada con estupendo vino italiano. Mientras tanto llegó Cecilia para llevarnos a un hotel que habían encontrado a módico precio al menos para pasar esa noche. El hotel (La Vecchia Cartiera) está muy bien, en el centro de Colle di Val d'Elsa y había sido una antigua fábrica de papel que conserva en su exterior las presas de las canalizaciones hidráulicas para su abastecimiento.

Mecanismo de la canalización

A la mañana siguiente estaba solucionado el problema: ya nos habían encontrado un sitio definitivo para el resto de los días: un hotel rural estupendo en medio del campo (Relais Castel Bigozzi), nuestra “villa en la Toscana” con maravillosas vistas, muy tranquilo, excelentes instalaciones y trato deferente por parte del personal. Además decorado con un fresco de la batalla medieval de Colle, cosa de la que nos enteramos dos día después al visitar el Museo de San Prieto. En fin, que “no hay mal que por bien no venga”. Lo malo es que teníamos esclavizados a Paolo, Cecilia o Patricia, para los traslados a la ciudad y regreso al hotel ya que no teníamos coche. Todo generosidad por parte de los colegas profesores y ya amigos. Grazie Mille!


Land Art

Como fuimos el primer grupo internacional en llegar a la reunión, Paolo nos llevó a visitar la bella abadía románica A Isola, en cuyo atrio se exhibía una intervención de “Land Art” a base de piedras, afamado cristal de la zona y cerámica. Además nos enteramos de que nos encontrábamos en la Vía Francigena, una ruta de peregrinación desde Roma a Canterbury que enlaza en Francia con el Camino de Santiago. Después visitamos Monteriggioni.  Y luego  Paolo nos condujo a Siena, donde comimos con sus familiares de la noche anterior en un buen restaurante en una pintoresca calle empinada, por lo que utilizan unos llamativos artefactos de madera para nivelar mesas y asientos. Tras la comida Paolo partió para recoger a los profesores turcos, mientras nosotros paseamos por la bella ciudad plagada de monumentos, y nos encontramos a Paolo con Semih y Umut, venidos de Trebisonda. Quedamos en vernos en la grandiosa iglesia de Santo Domingo, que visitamos, para luego trasladarnos al hotel y volver a Siena para la cena, en la que ya se incorporaron las profesoras griegas e italianas. Estábamos todos.


Artefactos para nivelar sillas y mesas

San Gimignano

El lunes 1 de octubre fue la primera sesión de trabajo en el Liceo Statale Alessandro Volta, el centro anfitrión, en Colle di Val d'Elsa. Allí visualizamos varias presentaciones realizadas por alumnos del centro y luego una reunión para ver la marcha del proyecto. A continuación hubo una visita a distintas dependencias del instituto, cuyas paredes estaban decoradas por los alumnos con dibujos y frases. Luego del intercambio de regalos todos partimos hacia la fotogénica población de San Gimignano, donde disfrutamos de una visita a su abadía benedictina guiada nada menos que por su abadesa. Aprovechando que había un piano en el interior de su iglesia, convencimos a Alberto para que interpretase una pieza de Mozart (sonata para piano N 16, en Do mayor, KV 545) que fue merecidamente aplaudida. Me llamó la atención la portada de esta iglesia porque presentaba elementos decorativos propios del arte mudéjar, como los platos cerámicos de los campanarios de Teruel. Después comimos en un agradable restaurante desde el que se podían ver las altas torres que caracterizan a esta población, y donde probamos el Vin santo que se toma mojando un pan tostado trufado con frutos secos (Biscotti). Pero mientras comíamos, lamentablemente, se desató una tormenta con fuerte lluvia, rayos, truenos y ventolera, que nos impidió pasear por la atractiva ciudad medieval. Por la tarde visita guiada a la “Contrada del Bruco”, una de las asociaciones que participan en la competición del “Palio”.

Batalla de Colle

Al día siguiente visitamos el Museo San Pietro guiados estupendamente por un grupo de estudiantes de formación profesional del Liceo. Una colección que abarca desde objetos etruscos hasta pintura del siglo XX. Y una sección dedicada al escritor a un escritor local, que nos fue explicada por su director, el profesor Migliorini, y que está formada por material del propio autor, su biblioteca y una colección de cuadros donados por él. A continuación tocaba recepción por parte de la autoridad municipal en su monumental ayuntamiento, donde nos recibió un jovencísimo alcalde o teniente de alcalde que nos ilustró sobre los principales hitos de la historia de la ciudad, sus escudos y las fenomenales piezas de cristal allí expuestas. Y por la tarde visita a la moderna mezquita de la misma localidad en la que fuimos recibidos por su imán y su esposa. Ya en el interior continuó la explicación, el imán hizo su oración, con un canto muy refinado, y después contestó a nuestras preguntas, tras lo que nos agasajaron con pasteles y zumos. Todo hospitalidad. Allí me llamó la atención que entre los múltiples ejemplares del Corán, los había que parecían en idioma eslavo, y es que, como explicó el imán, asistían muchos fieles y sus hijos provenientes del este de Europa, y que no sabían hablar árabe.

Florencia

La siguiente jornada estuvo dedicada a visitar Florencia, con la mala fortuna de que al ser miércoles cerraban algunos de los museos o monumentos que nos interesaban. Y en la Academia había un paro parcial de sus trabajadores por problemas de seguridad. No obstante pudimos visitar la iglesia de San Lorenzo y la escalera de su biblioteca, obra del genial Miguel Ángel y entrar hasta el patio del palacio Medici-Riccardi. Tras la comida y reunión en el Mercado San Lorenzo. Nos dispersamos y aproveché para comprarme unas sandalias cómodas, y a bajo precio, que previamente había visto en una tienda en la plaza de San Lorenzo, porque tenía los pies doloridos por mi fino calzado. Después pudimos ver el museo del Bargello con su interesante colección: Donatello, Verrocchio, della Robbia, Miguel Ángel, Juan de Bolonia… También visitamos una pequeña iglesia de la Badía, por su cuadro de Filippino Lippi. Tras ello me dirigí en solitario a hacer fotos de las esculturas originales existentes en la logia frente al Palazzo de la Signoria. De regreso al punto de encuentro, y en la calle peatonal que une la catedral con la plaza de la Signoria, vi una comitiva de Hare Krishnas que iban danzando y tocando instrumentos dando un toque de color, sonido y espiritualidad a la animada calle comercial.


Solería de la catedral de Siena

El jueves la protagonista fue Siena, una visita guiada por una experta en historia, en la que por la mañana visitamos el Palazzo pubblico, con interesantes frescos entre los que se encuentra el retrato ecuestre del condottiero Guidoriccio da Fogliano atribuido a Simone Martini. Allí también me llamaron la atención sus vidrieras no figurativas, de cristal sienés en diversos colores y algunos relieves geométricos de madera en su sillería que simulaban motivos propios del arte hispanomusulmán. Luego continuamos la ruta visitando la espectacular catedral que, por suerte, tenía descubiertos sus maravillosos pavimentos llenos de figuras de piedra, una especie de taracea marmórea con diversos motivos: bíblicos, de la Etruria… Una suerte, porque solo se descubren (levantan las alfombras que los protegen) en el mes de octubre. Luego comimos de pie y en la calle, una rica pizza con base dura y crujiente que regamos con una cerveza: parecíamos jóvenes litroneros españoles…! Ya en la tarde nos desplazamos a la abadía románica de Sant’ Antimo y su bello entorno. Me fijé en las ménsulas de sus ábsides y me llamaron especialmente la atención una que era un modillón de rollos y otra con azulejos; y también un dintel con motivo geométrico celta. Igualmente sus olivos centenarios y el ciprés que compite en altura con la torre de estilo románico-lombardo. De allí fuimos a Montalcino ("Monte de la encina"), localidad célebre por sus vinos, pero que además cuenta con una fortaleza y un pequeño casco histórico monumental y maravillosas vistas sobre la campiña toscana. Allí me agradó un panel con ilustraciones artísticas de los más diversos el vino de la región (¡A ver si aprendemos los de Montilla-Moriles!). En la ida y vuelta vimos viñedos que al principio de de sus hileras tenían rosales: nos explicaron que se trataba de una medida profiláctica, ya que los rosales sufren las mismas enfermedades o plagas que las vides, pero lo hacen antes y sirven de aviso. De vuelta a Siena, Cecilia nos ofreció en su casa un ágape con dulces y vino blanco, mientras disfrutábamos de las bellas vistas de la ciudad y su entorno campestre mientras se ponía el sol.

Abadía de Sant' Antimo

El viernes 5 no pude asistir a la interesante visita la necrópolis etrusca de Sovana, ni tampoco a la visita de la sinagoga de Pitigliano, porque me encontraba indispuesto; pero a cambio disfruté del relax del hotel, sus jardines y el paisaje circundante.

Castel Bigozzi



MÁS FOTOS:

Abadía A Isola, Monteriggioni y Siena: AQUÍ
Colle di Val d'Elsa y San Gimignano: AQUÍ y AQUÍ
Florencia: AQUÍ
Siena, Sant' Antimo y Montelcino: AQUÍ
Castel Bigozzi: AQUÍ




20.9.18

El hombre sin atributos




Acometí la lectura de esta novela de Robert Musil a mediados del pasado invierno. Era una tarea que tenía pendiente.

La comencé a leer en papel, sacada de la Biblioteca Municipal pero, al ver lo intrincado de ella y sus dos volúmenes que suman casi 1500 páginas, decidí adquirirla en digital, entre otras razones porque este formato me permitiría subrayar los pasajes más interesantes.

Es un libro denso y difícil; con la complicación de que está inacabado debido a la muerte de su autor antes de acabarla. Pero resulta que está considerada una obra maestra, o imprescindible, de la literatura del siglo XX.

Si bien hay una primera parte novelesca que gira en torno a la “Acción Paralela” (la celebración del aniversario del emperador Francisco José), la obra da un giro tras la muerte del padre del protagonista (Ulrich, el hombre sin atributos, sin cualidades o metas) cuando éste se reencuentra con su hermana Agathe. Este giro es importante pues la obra comienza a hacerse más filosófica, también lírica a veces. Creo haber leído en algún sitio que el autor se estuvo planteando hacer una obra de aforismos en lugar de novelada.

Los hechos se sitúan en el año anterior a la Gran Guerra, en el Imperio austrohúngaro (Kakania) y resultan un gran fresco de la sociedad del momento, que vive los cambios que se están produciendo en todos los campos, desde la ciencia a la economía pasando por la ideología, los valores, las divergencias… Pero también de como esos cambios afectan a los individuos, que necesitan un creencia, una fe en las que apoyarse porque si no se sienten perdidos; una idea que posteriormente trataría con exhaustividad E. Fromm en su libro El miedo a la libertad.

También supone la introspección de una persona que reflexiona acerca de sí mismo y de esos cambios exteriores con ojos de científico y que, en cierto modo le resbalan, aunque le llevan  a ocuparse de la diferencia entre “moral” y “ética”. Hay algo de parecido entre la vida del autor y su personaje. Y nos queda la duda de qué hubiera escrito Musil de haber vivido nuestros tiempos de Internet, de cambios vertiginosos y mucho más acelerados que entonces; la “sociedad líquida” de Z. Baumman.

Hay personajes que a lo largo de la novela van declinando, como el de Diotima, y otros que van creciendo, como el general Stumm o Agathe, la hermana “gemela” del protagonista, que parece “consumar” o “consumir” el incesto.

En cualquier caso, y -a pesar o gracias- a sus disquisiciones filosóficas, merece la pena leer para poder entender al “hombre moderno”. O sea, tú y yo.




21.8.18

MI EXPERIENCIA EN ESCOCIA


Vista de Edimburgo desde la colina de los memoriales

Un viaje programado con mucha antelación y, entre otros fines, para quitarme un pellizco del verano cordobés. El vuelo salió con retraso y llegué a Edimburgo muy tarde, cansado y excitado por el viaje. A la mañana siguiente acudí a desayunar a un bar frente al hotel donde me alojaba (el Angels Share) y recibí la primera sorpresa: la chica que me atendió era española. Luego vino la visita a la colina de los memoriales (destacando el de Nelson, con forma de telescopio) y bajando un viejo y romántico cementerio que alberga la tumba de David Hume. Luego a la Royal Mile (Milla Real), centro neurálgico de la ciudad y del Festival de Edimburgo que se celebraba por esas fechas; una calle muy animada, repleta de gente y artistas que promocionaban sus espectáculos. Un ambiente festivo y cosmopolita. Escala en la terraza de uno de sus bares (Angel with Bagpipes) y, antes de comer, visita a la cercana catedral de Saint Giles. La comida fue en un restaurante recomendado y recomendable, llamado “The Doric”. Aunque a decir verdad toda la comida escocesa es recomendable y en nada parecida a la insulsa inglesa.

Lago Ness

El día siguiente estuvo dedicado a preguntar precios de alquileres de coche para visitar las Highlands y volver al casco histórico. La tercera jornada, una vez desechado el alquiler de coche, optando por los transportes públicos, partida hacia las Highlands en tren destino Fort William, donde el alojamiento era un hotel neogótico…. Fort William hace honor a su nombre: es un pueblo con una calle principal (como las ciudades del Far West) y poco más, pero parece una escala habitual para visitar las Tierras Altas. De allí, en autobús, a Inverness, ciudad bonita y limpia pero que resulta un tanto aburrida. De allí, al día siguiente (6 de agosto) excursión guiada en un microbús con 15 pasajeros que resultó un acierto (80 € per capita): iniciamos las jornada a las 8:30 y volvimos a Inverness a las 21 horas; con la gentileza del conductor-guía de dejarnos en la puerta del hotel, cosa que yo agradecí doblemente porque mi calzado estaba empapado tras el involuntario chapuzón volviendo de las “Piscinas de las Hadas” (¡parece que me tocó un hada acuática!). En este recorrido visitamos el lago Ness (que parecía un mar, porque tenía incluso olas), dimos de comer a los toros peludos escoceses, visitamos el castillo de Eilean Donan, la tumba de Roderick Mackenzie y la batalla de Glenshiel, las Cascadas de la Belleza, la destilería Talisker (con degustación gratuita), un pueblo donde pude comprar unos calcetines térmicos que me aliviaron del remojón hasta las rodillas. Parece que la degustación en Talisker animó a los, hasta entonces, silentes, aburridos, pasajeros del microbús, quienes incluso se divirtieron educadamente de mi ir y venir por el microbús y las bajadas en las paradas en calcetines, donde vimos muchas cascadas y lagos. La verdad es que llegado ese momento, lo único que anhelaba era volver al hotel de Inverness y secarme completamente, con la preocupación de no coger un resfriado. Y saturado de bellas vistas que habría de digerir.

La jornada posterior vuelta al mismo hotel de Edimburgo, donde en esta ocasión nos asignaron la habitación llamada “Robert Carlyle” (porque allí todas las habitaciones tenían nombres de personajes escoceses famosos). Esta es una habitación para minusválidos que cuenta con una terraza con mesa y sillas metálicas de blanco. Y cenicero. Además cada día nos obsequiaban con un gran bombón de chocolate relleno de nata, y por supuesto una máquina y provisiones de té y café; todo gratis. La habitación también contaba con plancha, mesa de planchado y secador de pelo (ese artefacto que tan poco necesito…)

Exterior de la National Gallery de Escocia

Ya de nuevo en Edimburgo, al día siguiente, visita a la National Gallery de Escocia, entrada libre como es frecuente en los museos estatales británicos. Una colección no muy extensa pero con obras muy escogidas, desde el Renacimiento italiano al Postimpresionismo. Había una exposición temporal sobre Rembrandt de pago, que no visité porque ya he visto bastantes obras de este pintor holandés como el Rijksmuseum de Amsterdam y otros.

Abadía de Holyrood

La siguiente jornada estuvo dedicada a visitas el Palacio de Holyroodhouse, su abadía y jardines, desde los que apreciaba la “Silla de Arturo”. Y comida en otro restaurante recomendado y grato: Howies, especializado en comida típicamente escocesa. Tomé abadejo, pescado que no había probado nunca, de sabor similar al bacalao, en una potente salsa con patatas. Exquisito. Y es que aunque este plato figuraba entre los entrantes, allí podías pedirlos como plato principal, con el doble de ración y de precio (menos de 9 libras esterlinas en este caso). Nada caro. Por la tarde decliné una invitación a la ópera (El barbero de Sevilla) que se celebraba dentro del Festival, pero es que estaba muy cansado (cada vez me fatigo más en los viajes).

Y llegó el último día. Como el avión de vuelta a Málaga salía a las 16:30, la mañana estuvo dedicada a volver al Casco Histórico: el moderno Parlamento de Escocia, la Universidad y otros edificios destacables.

Patio central de la Universidad de Edimburgo

Otras consideraciones

Los restaurantes suelen ofrecer una carta de vinos amplia y detallada. Hemos podido degustar vinos de Chile, California, Sudáfrica, Chipre, Líbano, Siria o Australia. También los había españoles. Se podían elegir copas de distinto tamaño. Curiosamente los whiskys resultaban más baratos que el vino. A destacar las consistentes sopas.

Los escoceses son gente muy amable y en su comportamiento parecen mediterráneos: se ríen a carcajadas, por ejemplo. Y hay muchos jóvenes españoles trabajando allí (españoles por el mundo), por lo menos en la hostelería. A la chica de la cafetería del primer día en Edimburgo, hay que sumarle otra joven granadina en el restaurante Babá en que cenamos y con la que tuvimos una charla. Además de un camarero tarragonés que nos atendió en el restaurante vegetariano David Bann, que llevaba en Edimburgo 18 años o un taxista de origen africano pero que hablaba castellano por haber trabajado en España durante muchos años. Todos alababan el sueldo (bastante más alto que en España, si bien el nivel de vida allí es más alto) y las prestaciones sociales que reciben en caso de necesidad: ayudas para el alquiler en caso de paro, por hijos…

Los paisajes de las Highlands espectaculares; vimos muchos ciervos. Y el tiempo muy cambiante: de ahí el dicho de “Si no le gusta el tiempo de Escocia, espere 10 minutos”. Nunca rebasamos los 17º, cuando en esos días un equipo de la BBC se trasladaba a Córdoba para documentar como se afrontaban los más de 45º en Andalucía.

Edimburgo es llamada “la Atenas del Norte” y con razón, porque está dominada por su arquitectura neoclásica, como la de la National Gallery entre otros muchos edificios. Generalmente en piedra arenisca amarilla, pero también, de vez, en cuando con algún edificio con arenisca rojiza que me recordó mucho a la piedra “molinaza” de mi querido Montoro.

El regreso fue suave, porque desde el aeropuerto de Málaga, gocé de una pausa de unos días en Benalmádena, donde la temperatura máxima no pasaba de los 27º. Algo es algo, antes de pasar a los 37º de Córdoba, cuando ya había pasado el pico de calor en nuestra ciudad.

En fin, un viaje dominado por los ángeles y hadas a pesar de que éstas fueran acuáticas y solo se cobrasen la batería de mi cámara. Pero un disfrute de naturaleza y cultura.

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FOTOS DE LAS OBRAS DE LA NATIONAL GALLERY: AQUÍ
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27.7.18

CRÓNICAS TURCAS (Estambul 3 y final)

    
Torre Gálata

Otros lugares de interés y recomendaciones útiles

Entre otros interesantes monumentos, aparte de los citados en mi 1ª crónica, son recomendables la Torre Gálata, el versallesco Palacio de Dolmabahçe (donde pudimos visitar las dependencias del harén) y sus jardines, la Cisterna basilical, la iglesia de San Salvador in Chora (con sus magníficos mosaicos bizantinos), la iglesia de los Santos Sergio y Baco (transformada y convertida en mezquita), el Gran Bazar, el vistoso bazar de las Especias y el mirador de Pierre Lotti con buenas vistas sobre el Cuerno de Oro y el Bósforo, y varias terrazas escalonada, que se pueden recorrer bajando la cuesta a cuyos lados se despliega un romántico y bello cementerio, con tumbas de tierra donde crecen las rosas (otra forma de revivir).

En cuanto a la comida es buena y sabrosa, mediterránea, con restaurantes para todos los gustos. Con alcohol (en Turquía se cultivan viñas y hay vino turco y el raki) y sin él. Allí probamos un auténtico kebab turco (nada que ver con el kebab “durum” que es el habitual en España). Lo más típico en restaurantes de comida turca son los “lokanta”. Comimos en tres de ellos, que venían recomendados en nuestra guía, aunque nos costó encontrarlos porque no abundan. Comida y trato exquisitos, precios bajos y clientela turca: nosotros éramos los únicos “guiris”. Uno de ellos se llama “La casa del pescado”, y allí degustamos un “Bass grilled” (lubina) estupenda; con la recomendación del camarero de que pidiésemos solo media ración por persona, porque en la foto de la carta parecía más pequeña de lo que era, y además tenía una abundante guarnición de las ricas verduras turcas. Otro, más moderno y con buena música, fue el “Karaköy Lokantasi”. Allí me pedí, por la buena pinta que tenía en la carta, un plato de “silver fish” que resultaron ser boquerones fritos, pero tan exquisitos y frescos como solo se pueden comer a pie de playa en la Costa del Sol. Y a raíz de un malentendido que tuvimos con la camareras, dado su poco dominio del inglés, intervino una chica turca que comía en la mesa contigua para ayudarnos. Y entablamos una grata conversación con ella, que además de inglés hablaba un español fluido. Nos contó que vivía en Londres, estaba de vacaciones en su país y tenía previsto trasladarse a Hispanoamérica para consolidar su castellano. Todo agradable y espontáneo. Una suerte conocer gente así. Pero así son los turcos. Al margen de los sitios de comidas hay multitud de puestecillos para picar: de mazorcas y castañas asadas (allí he comido por 1ª vez en mi vida castañas en verano) y también de zumos naturales, como el de granada que me tomé por recomendación de un amigo, cerca de la Torre Gálata.


 Mezquita del Gran Bazar 

 
  Escuela coránica en esa mezquita

Por lo que respecta a las mezquitas hay que decir que se pueden visitar (al contrario que en Marruecos, por ejemplo). Incluso en horas de culto, aunque el espacio suele estar delimitado entre creyentes y visitantes, pero se pueden ver en todo su esplendor. Las hay de varios siglos, algunas son iglesias bizantinas reconvertidas. Hay dos normas a cumplir: entrar descalzos y no llevar pantalones o faldas cortas. Pero lo tienen todo previsto. En cuanto al calzado hay muebles en el interior de las mezquitas con abundantes muebles para dejarlo, y no hay peligro de que te lo roben, es sagrado. Y en algunos otros sitios te proporcionan gratuitamente unas fundas de plástico para envolverlo. Y en cuanto a las piernas descubiertas, a pesar de que yo iba prevenido con unos pantalones desmontables, tampoco había problema: a la entrada estaban dispuestas, también gratuitamente, faldas o túnicas, que se devolvían al salir. En una ocasión me puse una túnica azul celeste con una capilla roja casi a lo Superman. En otra una falda larga también celeste con la que sentí la tentación de arrancarme por sevillanas; cosa que lógicamente no hice por respeto, que no por falta de ganas. Estas faldas las había de 2 colores: celeste o rosa o amarillo, para que cada persona eligiese el color que considerase más adecuado. Mucha tolerancia, porque en una de las mezquitas visitadas (la del Gran Bazar), nos colamos por una puerta falsa, la primera que encontramos, que daba acceso directo a la zona de oración. Y lo hice con pantalones cortos por mi despiste. Y nadie vino a recriminarme, a pesar de mi invasividad y falta (involuntaria) de respeto, cuando había orantes e incluso un grupo de niños y adolescentes reunidos en lo que me pareció una escuela coránica. En una de esas mezquitas (….), a la entrada, nos ofrecieron, siempre gratuitamente, unos pastelillos cúbicos, dulces y de frutos secos, como los que recibimos de bienvenida en nuestro hotel. En las mezquitas ubicadas en antiguas iglesias cristiana (bizantinas) el mihrab estaba descentrado con respecto al ábside central, para mirar hacia La Meca.

No puedo dejar de recomendar la Tarjeta de Museos si se va a estar allí varios días. No solo es un ahorro considerable, sino que además te evitan las colas. Cierto es que no sirven para todos los monumentos, pero compensa sobradamente.

También es recomendable acudir a un hamman o baño turco. Es una grata experiencia. Nosotros acudimos a uno cercano a nuestro hotel llamado Cağaloğlu Hamami, que data de 1741 y tiene como núcleo una  gran cúpula con lucernarios por donde entra la luz y acoge la sala de baños y masajes. Cuenta con una amplia recepción de 2 plantas donde se encuentran las habitaciones privadas que sirven como vestuarios, con cama, y en ellas dejas tus pertenencias y cierras con tu propia llave. Primero nos hicieron pasar a una sala caliente y seca para sudar durante 15 minutos, transcurridos estos, nos vinieron a buscar nuestros masajistas y nos llevaron bajo la cúpula y allí el masaje y baño, que duró 35 minutos según la tarifa que escogimos y que ascendía a 65 €. Una tarifa intermedia. Al terminar, una vez vestidos, nos ofrecieron un té con pastelillos cúbicos y blancos que ya antes habíamos probado el día de nuestra llegada al hotel y a la entrada de una mezquita. Quiso la casualidad que el joven que nos atendió en la recepción sabía hablar español y entabló conversación con nosotros a la salida: nos dijo que vendría precisamente a Córdoba en septiembre para permanecer aquí dentro de un programa Erasmus+, para perfeccionar su español. Nos intercambiamos los teléfonos para encontrarnos con él a la salida de su trabajo al día siguiente, nuestro último día allí. Primero nos invitó a un café turco en una terraza dentro de los jardines de Topkapi y luego nos llevó a un bar situado en la terraza de un hotel cercano a la Torre Gálata. Desde allí las vistas sobre el Cuerno de Oro, el Bósforo e incluso el mar de Mármara, eran majestuosas, sobre todo con el dorado del atardecer. Estuvimos hablando largamente de muchos temas y de Córdoba, sobre la que le dimos todo tipo de información. Y por supuesto, le afirmamos todo nuestro apoyo para cuando viniese a Córdoba. Él nos invitó a que pasásemos la primera decena de septiembre en su casa junto al mar Egeo, antes de venirse para España. Así es la hospitalidad turca.

En cuanto a la moneda hay que decir que hay numerosas casas de cambio y cajeros internacionales. 

Servicios turísticos hay un montón: desde viaje en barco por el Cuerno de Oro, hasta cruceros por el Bósforo con escala en el lado asiático o excursiones por Anatolia.

Por desgracia, aunque será para mejor, muchos edificios importantes estaban en obras de restauración, como la cúpula de Santa Sofía y la de la Mezquita Azul o el Museo Arqueológico, donde no estaba accesible el supuesto sarcófago de Alejandro Magno. Pero todo esto es pasajero y para bien. Y es que la ciudad fue Capital Europea de la Cultura en 2010, por lo que se ve que muchos de sus monumentos estaban ya necesitados de mantenimiento.

Como curiosidades 3: los árboles son allí venerados, y aunque tengan enfermedades o su tronco hueco, los dejan sobrevivir (nada que ver con nuestra taladora Córdoba). Los gatos son muy respetados, abundantes y poco huidizos. Los cuida todo el mundo proporcionándoles alimento y agua. Casi no existe el “¡zape gato!”. Otra de las cosas es la presencia cerca de los restaurantes de colecciones de jarritos de barro con papel albal horadado como tapadera. Hasta el último día no nos enteramos de su utilidad: servían para cocinar un abundante kebab cuya elaboración dura 2 o 3 horas. No lo probamos. ¡Otra vez será!

Árbol hueco

Gatos jugando en la calle 

   Jarritos de kebab


MÁS FOTOS (Museo Arqueológico y otras): AQUÍ 



25.7.18

CRÓNICAS TURCAS (Estambul 2)


Otras muchas bondades…

Además de sus muchos monumentos, en gran parte mezquitas de distintos siglos (algunas de ellas iglesias bizantinas reconvertidas), la seguridad de sus calles es tremenda, con coches policiales blindados en los principales lugares de afluencia y discreta vigilancia en otras zonas turísticas. Nada de asaltos o atracos fuera la hora que fuese. Y nada de picaresca en hoteles y restaurantes, como ocurre en otros países islámicos (Marruecos o Egipto). Los precios fijados en sus cartas o tarifas sin ninguna marrullería; sin pedir nada a cambio del excelente trato que se recibe por parte de los turcos, siempre dispuestos a ayudarte. Solo simpatía natural. Incluso si detectaban que eras español se esforzaban en chapurrear algunas palabras en nuestro idioma para que te sintieses bien. Porque muchos de ellos habían estado trabajando en España (Málaga, Madrid, Barcelona, Islas Canarias). Un encanto, vamos. En Turquía saben tratar al turismo.

Me sorprendió la juventud de su población y la cantidad de niños. La mayoría de jóvenes que trabajaban en servicios de hostelería (restaurantes, hoteles, etc.) y también como guías en grupo que vestían una camiseta azul rotulada con “Ask Me” en los sitios más turísticos para orientar gratuitamente  los “guiris”. (Por cierto, que la palabra turca “Giris” significa “Entrada”). Una nota jocosa.

Jóvenes "Ask Me"

Y en cuanto a los niños, qué decir. Los vimos vestidos principescamente (como en Aladino) cuando celebraban la fiesta de su circuncisión. Muy graciosos y siempre educados, incluso con sus patinetes, bicicletas, pelotas y artefactos volanderos en las plazas. Y de entre ellos, los más mayores, colaborando durante la noche en negocios posiblemente familiares, aprendiendo el oficio, algo que en nuestro país sería considerado “explotación infantil”, como Harum, que tendrá entre 10 o 12 años, y que nos atendió algunas noches cuando nos solazábamos, tras una intensa jornada, en una de las terrazas de la misma calle de nuestro hotel. Todo formalidad y disciplinada atención.

Bolardo moderno y bello en una calle de Estambul

La limpieza de calles y locales hosteleros también me sorprendió, equiparables cuando no superiores a los de España y otros países europeos.

En cuanto a los transportes igual se puede decir: modernos, limpios, confortables. Utilizamos principalmente el tranvía, pero también el funicular y el autobús. En los tranvías me llamó la atención el ver pegatinas en sus cristales contra el “manspreading”,  un concepto que no conocía hasta entonces, pero también, negativamente, el que no hubiese asientos reservados para ancianos, embarazadas o minusválidos. Y el que apenas existiese la cortesía al respecto. Para quienes van a permanecer varios días es recomendable sacar la tarjeta recargable de transporte, que a nosotros nos recomendaron y facilitaron en el hotel y que se puede recargar en una especie de cajeros siempre cercanos a las distintas paradas. El ahorro es significativo.

Pegatina contra el "manspreading" en un tranvía de Estambul.


…Y algunas objeciones

Algunos taxistas se niegan a hacer una carrera que les parece corta, y si la aceptan, tratan de fijar el (alto) precio de antemano, sin atender a lo que marca el taxímetro. Los “transfers” entre el aeropuerto y el hotel y viceversa es mejor contratarlos por nuestra cuenta, y no a través del hotel de destino, porque el hotel se lleva una alta comisión y además se desentienden del servicio aduciendo que son meros intermediarios. Eso lo sufrimos sobre todo a la vuelta, cuando el transfer contratado tenía que estar en nuestro hotel a las 9:30 y llegadas las 10 horas no aparecía,  con lo que se ponía en juego la posibilidad de perder nuestro vuelo. La cosa se solucionó a iniciativa nuestra, cuando, pasadas las 10 horas, decidimos parar cualquier taxi que circulaba libre por la calle donde estábamos esperando el contratado transfer. Determinado a pagarlo de nuestro bolsillo a pesar de que ya habíamos pagado una cantidad considerable en el hotel para el medio de transporte que no aparecía. Pero el empleado del hotel que nos asistía en la espera del transfer, ante nuestra determinación, paró él mismo un taxi para que nos llevase en tiempo al aeropuerto; eso sí, abonándole este empleado mucho menos de lo que habíamos pagado en el hotel por este servicio.



MÁS FOTOS (Palacio Topkapi, Santa Irene y Basílica Cisterna): AQUÍ
(San Salvador in Chora, Gran Bazar, Mesquita de Solimán...) AQUÍ




23.7.18

CRÓNICAS TURCAS (Estambul 1)


Cúpula central de Santa Sofía

Acudí a este viaje un tanto preocupado por las posibles temperaturas. En verano me gusta viajar al norte, en busca del fresco. Pero hubo suerte, porque a la sombra se estaba muy bien durante el día y las noches eran agradables.


El hotel y sus alrededores

Nos alojamos en el Hotel  Sapphire, muy cerca del cogollo monumental, histórico, de Estambul: Santa Sofía, el Palacio Topkapi, Santa Irene, el Museo Arqueológico, la Mezquita Azul, el antiguo hipódromo bizantino con sus obeliscos (uno de ellos traído del templo egipcio de Karnak). Y además contábamos con una cercana parada de tranvía (recomendable la tarjeta recargable para los transportes públicos), que nos facilitaba el dirigirnos a cualquier parte de la extensa ciudad, a un lado y otro del Cuerno de Oro.

En el hotel nos recibieron muy bien, como a todos los huéspedes, y el recepcionista nos proporcionó gratuitamente planos de la ciudad y se explayó explicándonos cosas útiles y señalándonos los sitios interesantes; sin prisas, exhaustivo y tremendamente amable, como es habitual en Turquía. Como regalo de bienvenida nos sirvieron un té y unos pastelitos cúbicos y blancos, sabrosos y consistentes.
El día de nuestro regreso nos hicieron también dos regalos.

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No hicimos ninguna salida fuera de Estambul, a pesar de la variedad de ofertas asequibles: barcos por el Bósforo, o pasar a la cercana ribera asiática del país. No fuimos a Capadocia, ni a Pamukkale… por ejemplo, porque Estambul tenía demasiadas maravillas para los 6 días que permanecimos allí. Y es que Estambul es mucho Estambul, con sus casi 20 millones de habitantes.

Monumento en el centro de la plaza Taksim

Por la plaza Taksim

Una ciudad cosmopolita a pesar de la creciente islamización palpable. Con zonas conservadoras y otras plenamente europeas, como la plaza Taksim, a la que llegamos en funicular y donde están construyendo una nueva mezquita, o la adyacente y kilométrica calle De la Independencia, cuyo nombre he logrado descifrar. Una calle llena de embajadas o consulados palaciegos (Rusia, Suecia, Francia… en la que lucía un cartel del orgullo gay), así como tiendas, bares, pubs y restaurantes. En uno de estos bares, llamado Parole, nos sentamos en su terraza para apagar la sed y picar algo (un plato de quesos), mientras escuchábamos buena música y veíamos pasar a los variopintos viandantes provenientes de muchas naciones y culturas. Y es que estábamos en el Barrio de Pera, posiblemente el más occidentalizado, divertido y laico de Estambul. Volvimos a este local días después, hicimos una escala antes de dirigirnos al restaurante recomendado por una guía turística. Lamentablemente ese día estaba cerrado, así que deambulamos por los alrededores y fuimos a dar con un pasaje al aire libre pero sombreado, repleto de restaurante con terraza y elegimos uno de ellos que resultó un acierto el Welldone. Rápido y amable servicio, amplia carta, buenos precios, música y diseño modernos (como en el Parole). Allí degustamos una exquisita y enorme pizza egipcia (la tabla en la que la sirvieron ocupaba casi todo el ancho de nuestra mesa) y unas bolas de humus no menos exquisitas, con abundante guarnición de las excelentes verduras turcas en las que el tomate sigue sabiendo a tomate y la lechuga a lechuga. Casi no fui capaz de comerme este completo plato que figuraba de entrante en la carta. Luego pedimos un solo postre: sandía. Sandía que también sabía a las sandías de antes y cuya abundancia y buena presentación, con grandes y sabrosas cerezas alternando entre los gajos sin corteza; una delicia. En la sobremesa pedimos un raki, licor turco típico que ya habíamos probado y que es como un anís al que se le debe añadir agua porque lo consideran muy fuerte; el resultado es lo que en España conocemos como una “palomita”. Pero ¡que presentación tan completa y atractiva! Y también compleja, de modo que pedir ayuda a nuestro amable camarero para que nos explicase el “funcionamiento”, cosa que hizo con satisfacción. Igual que nosotros al ingerirlo plácidamente y como digestivo. Después retirada al hotel (siesta).

Raki


FOTOS Santa Sofía: AQUÍ
OTRAS (alrededores de Santa Sofía): AQUÍ


19.7.18

RAFAEL MONTILLA CARDEÑOSA (In memoriam)


Te fuiste pronto. De golpe. La vida … que es tan injusta. No has sido el único en irte prematuramente en los últimos meses; en junio cayó nuestro común amigo Luis Alberto y luego también María Ramos a la que conocías menos si mi memoria no me falla.

El pasado lunes de este mes (16-7-2018), acudí al cementerio para visitar la tumba de mi madre, que también cayó en octubre pasado (Annus horribilis). Y allí acudí a la tuya, que me pareció entrañable; como tú. Tengo pendiente hacerle una foto y descifrar el pentagrama que la ornamenta y que me traerá buenos recuerdos tuyos, con quién tanto he compartido.

Para mí eras más que un amigo del alma; fuiste como un bondadoso hermano. Y no exagero.

Ahora leo, o más bien escucho, mucha poesía, ese género que tanto te gustaba. Góngora, Quevedo, el Arcipreste de Hita, Alberti, Blas de Otero, J. A. Goytisolo, Lorca, Jorge Manrique, Nicolás Guillén, Machado, León Felipe o Gabriel Celaya, a cargo de Paco Ibáñez. Pero también de Chicho Sánchez Ferlosio, que tu me recomendaste (“Círculos viciosos”), musicados por La Mandrágora.

He tenido la suerte de haber gozado de tu cálida amistad, siempre sincera y generosa. Y de la que tanto aprendí. Todo un ejemplo a seguir.

Solo me queda dedicarte una poesía que conoces bien. Es lo menos que puedo hacer.

S.T.T.L., compañero.


ELEGÍA A RAMÓN SIJÉ

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha
muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien
tanto quería.)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracoles
Y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte
a parte a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de mis flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas...
de almendro de nata te requiero,:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

22.6.18

Colección del Museo Ruso de San Petersburgo (Málaga)


                                                   Retrato del herrero S. Petrán

Recientemente visité la Colección del Museo Ruso de San Petersburgo, en Málaga y me gustó. Una buena colección de cuadros, algunas esculturas y otros objetos.

La mayoría de los cuadros eran del siglo XIX y de la Rusia Soviética. De estos últimos había retratos de los líderes bolcheviques y también de obreros en sus fábricas. Y ensalzamiento del deporte y la tecnología (aviones, siderurgias…)

Mineros escriben una carta al creador de la Gran Constitución

Paisaje con árbol rojo (Carrera)

Esperaba encontrar obras de las vanguardias rusas de principios del siglo XX (Kandinsky, Malévich, Goncharova, El Lisitski…), pero nada había. Desconozco si estas obras no forman parte del museo o es que sus obras fueron tachadas de antirrevolucionarias tras octubre de 1918. Una pena. Es la única pega que se puede poner a este museo cuya visita es más que recomendable.

Corredores

El as derribado

La reciente inauguración de este museo, viene a sumarse al Museo Picasso, Pompidou y Thyssen, lo que ha reforzado el papel de la capital malagueña como potentísimo polo cultural de vanguardia. Posiblemente la capital cultural de la mitad sur de España. ¡Chapeau!




29.5.18

MENORCA 4 (y final)


Campamento romano altoimperial con foso

Viernes 11-5-2018

En este día nos quedamos solos en el apartamento Buensu y yo, tras la partida matutina de Marijo y Elena. Las echamos de menos. Y nos tomamos el día de relax, visitando parte de la localidad donde nos alojábamos (Sant Tomas) y de sus playas que tan cerca teníamos pero que no habíamos visitado a pie de tierra.

Desayunamos en chiringuito junto a la preciosa cala que se extendía frente a nuestro apartamento, donde encontramos a un locuaz camarero marroquí que llevaba allí desde hace 20 años. Había poca gente en ese momento.

Luego a las 13 horas yo volví al chiringuito mientras Buensu hacía un recorrido senderista por la costa. Cuando me senté en el chiringuito frente a la playa en el que habíamos desayunado, los clientes se había multiplicado debido a que era la hora de comer. La locuacidad del camarero marroquí (Moha, según la tarjeta que prendía en su chaleco) retornó con la llegada de Buensu, que, como de costumbre, le tiró de la lengua; y entonces se enorgulleció de que tras su larga estancia en Menorca, su hijo era “menorquín”. Ya he vivido situaciones parecidas en las que debes poner cara de póker; porque confunden tener la nacionalidad con ser. Y además reniegan de sus orígenes; los denostan; tratan de borrarlos. Para mí no hay mayor desprecio a las raíces. Nunca en la historia los españoles, exiliados o emigrados, han renegado de su lugar de nacimiento. Y es que, además, llovía sobre mojado, porque en el Aeropuerto de Barcelona asistimos a un episodio similar protagonizado por una inmigrante hispanoamericana, acompañada de un niño de 7 u 8 años,  que increpaba a gritos a un operario del aeropuerto que muy educadamente la retiró de la cola de embarque por algún problema, al que decía que era tan española como él… jajjaja! No había nada más que verla y oírla. Pero en fin, este mi blog no es un blog de política, por lo que no voy a seguir por ahí.

Este día fue espléndido, sin nubes ni lluvias como en otros días anteriores.


Mihrab en arco de herradura

Sábado 12-5-2018

Tocaba emprender el retorno, pero como había tiempo suficiente hasta la salida de nuestro ferry a Alcudia, dedicamos la mañana a ver yacimientos  arqueológicos a los que pudimos acceder gracias a nuestro impagable amigo y guía José Luis. Ciudades o campamentos romanos, basílica paleocristiana y mezquita con mihrab de herradura… Y luego a una granja donde compramos queso menorquín traes degustar sus diversas variedades. Esta granja cuenta con una gran casa de toques modernistas.

Casa en quesería

Luego José Luis nos trasladó hasta Ciudadela. Y allí visitamos el Palacio Olivar (y sus interesantes habitaciones y estancias…), recorrimos sus bellas calles (pulcras y poco transitadas), y también visamos el no menos interesante Museo Diocesano, con muchas piezas arqueológicas de diversas épocas (desde la Prehistoria hasta épocas plenamente históricas, inclusive una sala dedicada a los avances científicos del siglos XIX y). Tras la comida en un restaurante en una de sus recoletas y agradables placitas, visitamos la catedral por dentro. Una catedral gótica del siglo XIV que cumple con los cánones de este tipo de edificaciones en la zona levantina.

Catedral (ábside)

Como quedaba tiempo, José Luis nos llevó hasta Son Catlar poblado talayótico que conserva todo su amurallamiento, incluidas torres adosadas a la muralla de época romana. Luego vuelta a Ciudadela, hasta su puerto, dónde nos despedimos de nuestro amigo-guía. Y allí empezó nuestro episodio con el Land Rover (volvemos al final).

P.D.: La isla es muy verde, tranquila, limpia y florida. La huella fenicia continúa: la ecotasa (2€+IVA por día), wifi por 2€ día y terminal en Sant Tomas (5 € en Hotel Bellevue de Alcudia)… Y aquellas abejas en el camino del último poblado visitado que se afanaban en la tierra sin saber por qué.


  FOTOS: AQUÍ.
                                                                   Y AQUÍ (Palacio Olivar)
                                                                   Y AQUÍ (Museo Diocesano)