14.5.18

Los “Entretantos” del Viaje a Marruecos (y IV)



Callejuela en El Barrio Judío

Hasta ahora en mi viaje marroquí he tratado de seguir una línea más o menos cronológica de los principales hitos. Pero entre ellos también han sucedido cosas, mayormente en Fez. Y a esto lo voy a tratar de forma temática, que no cronológica.

Medina: Cuando elegí un alojamiento en la medina lo hice, entre otras razones, porque pensaba que era un ventaja para visitar la parte más importante de la ciudad. Y esto resultó un gran error, porque si bien tenía la ventaja de la cercanía, resultó que estaba aislado, en el sentido de que era difícil trasladarse a otros lugares de la ciudad, porque la extensa medina de Fez no admite tráfico rodado con lo que coger un taxi para ir a otros lugares era complicado. Error de primerizo, porque hubiera resultado más fácil y cómodo alojarse en la parte moderna (Nouvelle Cité) y desde allí trasladarme a la medina.

Nouvelle cité: extensísima, con establecimientos a lo occidental. Como bares donde poder tomarte una cerveza, aunque tenían un licencia especial para suministrar alcohol. Solo al tercer de día de mi estancia lo conseguí, pidiendo un “petit taxi” que me llevó hasta las cercanías de un establecimiento donde pude quitarme el “mono” tras 3 días de monacal abstinencia. Allí me desquité a modo. Primero me senté en la terraza cubierta por la cuestión del tabaco, pero luego me di cuenta de que en su interior estaba permitido fumar. De modo que cuando arreció el temporal de lluvia y frío, me refugié en su barra. En el interior había muchos nativos, pero también algunos europeos. La chica que me atendió iba ataviada como una “rockera”. Algo que no había visto hasta ese momento en la medina. Y cuando mi incontinencia urinaria, debida a la ingesta de birra, se hizo urgente, resultó que el retrete estaba ocupado, pero enseguida llegó el amable camarero que me había atendido en la terraza y me llevó a un WC alternativo ante mi urgencia. Y esto sin que yo le manifestara mi inmediata necesidad, que podría haber arruinado toda mi incursión hasta allí.

Centro Comercial: Se llamaba Borj Fez o algo así. Está compuesto de tiendas y restaurantes de distinto tipo, incluido un Carrefour. Lo descubrí en uno de los viajes en taxi y se convirtió durante varios días en mi refugio en los momentos que me sentía más desolado. Se haya entre la medina y la ciudad nueva. Allí podía moverme a la occidental: comida para llevar, cajeros, etc. Si bien me costó encontrar donde adquirir cerveza, porque dentro del Carrefour no había, y un letrero, que me costó descifrar, indicaba que el alcohol solo se podía adquirir en “La Cave”, cercana al aparcamiento subterráneo del centro comercial. Esta ocultación me fue explicada por el gerente del hotel (Abdul). En esta “cave” las cervezas las expedían en bolsas no transparentes. Me sentí como un delincuente que está comprando algo ilegal que hay que ocultar. Y es que Fez es la capital religiosa del país. Y sin embargo el hachís te lo ofrecían a la luz del día sin ningún pudor. Nunca he apreciado tanto el pertenecer a la U.E. que allí.


                                                                           Terraza del hotel

Terraza hotel:  Fue mi refugio y solaz en las mañanas y las tardes soleadas (que también llovió…) Tenía unas vistas maravillosas sobre la medina y un mobiliario colorido. Y siempre atendido por Muhammad. Allí leí, escribí, reflexioné y charlé con otros huéspedes.


Jardín


Jardines y barrio judío (Jdid): El penúltimo día de mi estancia en Fez lo dediqué a visitar un jardín que me habían recomendado y el barrio judío. El jardín, pequeño y versallesco, estaba cerrado los lunes y era lunes, con lo que me hube de conformar con hacerle unas fotos  través de la verja de entrada. Luego me dirijí al Barrio Judío, cuyas casas fueron abandonadas para trasladarse a la “ciudad nueva” dado su mejor poder adquisitivo y ahora están ocupadas por musulmanes; destacan sus ventanas y balcones labrados bellamente en madera oscura. Dado mi despiste mirando el plano, se me acercó el vendedor de una tienda que se ofreció primero a indicarme y luego a acompañarme (dejando su tienda en manos de quién sabe Dios). Ya en el barrio me indicó que las antiguas casas judías tenían la fachada encalada de azul claro, mientras que las musulmanas lo estaban de un verde también claro. Y me hizo penetrar (nuevamente) en una casa con un patio con escasos frutales de los cuales sus habitantes estaban muy orgullosos a pesar de su dejadez, y para ello hubimos de atravesar la amplia cocina, rompiendo con la intimidad que yo pensaba era característica de las casas islámicas. Me regalaron una flor de azahar y me ofrecieron té que deseché. Mientras recorríamos las bellas callejuelas con flores, mi espontáneo guía me ofreció hachís, cosa que también deseché, pero él se fumó un buen canuto y me enseñó la casa donde dijo había vivido Gilles Deleuze, cosa que no he podido contrastar. Al final se despidió de mí en una de las callejuelas donde abundaban los pequeños puestos de verduras: menta, cebollas y enormes alcachofas como nunca había visto. Y luego vino la “factura” por su “ayuda” que hube de regatear no sin esfuerzo. No vi el Palacio Real y salí de allí a todo trapo.

                            Balconada casa judía                         Casa de G. Deleuze (supuesta)

Burros: como las calles de la medina son tan estrechas, el transporte en su interior se realizaba a través de burros o mulas. Cargaban desde bombonas de butano hasta garrafas de agua mineral y tenían prioridad en el tránsito, el cual me pareció que era por la izquierda, a diferencia de España o Europa. Luego, y gracias a mi amigo Alejandro Pérez, me enteré de que existía allí un hospital de burros, cosa que me imagino que conocerán las asociaciones en defensa del burro español como ADEBO. En cualquier caso aquello es el paraíso de los burros.




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1.5.18

VOLUBILIS Y MEQUINEZ (sábado 14) - Viaje a Marruecos III


Arco de triunfo en Volubilis

Para este día había contratado en el hotel una visita-excursión guiada al yacimiento romano de Volubilis y la cercana Mequinez (o Meknès). El precio (85 €) me pareció excesivo, sobre todo teniendo en cuenta que solo había alrededor de 70 km. a estos lugares, pero no me quería perder esto de ninguna manera. Resultó un día grato aunque no exento de sorpresas, como por ejemplo que en el vehículo iría yo solo, y no porque no quisiese compañía sino porque no había más gente para esta excursión. Pero por la noche, durante la cena, el gerente del hotel logró captar para la excursión a una pareja de jóvenes estudiantes alemanes llegados aquel mismo día, y les pidió el mismo precio per capita que a mí. Y esto me sorprendió, porque pienso que si un viaje para una sola persona tiene el precio establecido, si se agregan más personas (2) el precio se debería dividir entre 3. Pero ¡Que va!. Además nuestro supuesto “guía” se reveló como solo un “taxista” o conductor, con lo cual hubimos de pagar todas las entradas (Volubilis, etc.) de nuestro bolsillo e ir por nuestra cuenta o pagar a otros guías que nos explicaban los sitios visitados.

La ciudad romana de Volubilis me pareció impresionante. No había visto nada igual desde Pompeya hacia el occidente. Ni en España. Una extensión enorme con cantidad de edificios, calles, y multitud de mosaicos en casas o termas. Desgraciadamente el yacimiento no cuenta con  otra protección que la valla metálica que lo circunda y sus abundantes vigilantes. Porque los bellos mosaicos yacen al aire libre, sin protección, a la intemperie, ante lluvias, temperaturas o vegetación que crece entre ellos y que, de no poner remedio, se acabarán deteriorando. Menos mal que las numerosas estelas funerarias romanas están más o menos a resguardo. Entre ellas, muy bien conservadas, encontré una cuya inscripción aludía a Hispania y cuya imagen he trasladado a mis amigos Alberto Monterroso y Jerónimo Sánchez para que, como especialistas, precisaran su traducción.

Uno de los mosaicos en Volubilis

A la salida del conjunto arqueológico y ante la sed que sentía por la solanera y elevadas temperaturas, compré un botellín de agua en uno de los quioscos existentes. Nunca he pagado un líquido tan caro como este: 1 € por 33 cl. de agua mineral. Proporcionalmente ha sido la bebida más cara que he pagado en mi vida, desbancando en el ranking hasta la que hasta entonces ostentaba el récord: la cerveza de 33 cl. que me tomé en Venecia (9 €), en una terraza de la Plaza de San Marcos. Claro que eso fue hace años en Europa, en un país y una ciudad potentes; y además del marco, es que en Italia me obsequiaron con un sustancioso aperitivo que degusté junto a la birra mientras disfrutaba de la música clásica interpretada por un pianista en la propia terraza.

Pero el “taxista” al llegar a Mequinez bien que nos llevó a un restaurante claramente concertado, si bien él no comió allí. El restaurante era muy bonito y elegante (con decoración nazarí); con atención  magnífica (cosa corriente en Marruecos), y la comida abundante y buena, si bien demasiado espaciada, con lo cual matan el sabor de las estupendas verduras de que gozan. 

Los jóvenes alemanes (con fluido inglés) tuvieron la deferencia de invitarme a su mesa, cosa que acepté con mucho gusto. El postre, sobreabundante para mí, era exquisito compuesto de sabrosos pasteles de miel, perrunillas… etc.

Luego nuestro chófer  nos invitó a que visitásemos la medina, pero tampoco nos podía guiar, por los obstáculos legales etc… De modo que  me adosé (o me “emperché”, según mi hija)  a los alemanes, y, como no, se nos adhirió un “guía” no solicitado y que, naturalmente, pidió su retribución al final; los pequeños gastos que creíamos iban incluidos en la visita se iban acumulando. Y los jóvenes alemanes se movían con mucho más desparpajo que yo.

El taxista, que nos dio 1 hora y 40 minutos para visitar la medina, se presentó más de 40 minutos después de la hora por él fijada. Tiempo perdido que contribuyó a que no pudiésemos visitar otros lugares programados. Cuando por fin apareció y creíamos que abandonábamos Mequinez, nos paró en unos graneros del siglo XVIII: Los Graneros de Moulay Ismail - Hri Souani. Pagamos la entrada y luego al espontáneo “guía” que se nos ofreció y explicó este interesante lugar.

Cuadras en los Graneros de Moulay Ismail

A la salida el taxista nos llevó hasta una bonita (como casi todas aquí) puerta  de la muralla, hicimos fotos y volvimos al vehículo, donde nuestro conductor nos comunicó que regresábamos a Fez. Serían las 18 o 18:30 horas; estaba claro que no visitaríamos otros lugares previstos. Pero yo respiré aliviado, porque ya solo deseaba volver al hotel cuanto antes; estaba saturado de tanta marrullería.

Puerta en Mequinez

En esa noche, mientras estaba sentado en la terraza del hotel, me abordaron una pareja de argentinos de mi edad, a los que habían  recomendado que hablaran con un turista español (Rafa) que se alojaba allí (yo). Habían llegado ese mismo día y empezaron a despotricar de su 1ª (y última) estancia en Fez. Yo estaba de acuerdo con su opinión, de modo que despotricamos a  tutiplén a cerca de como iban las cosas por allí. Mientras hablábamos, buscaban por internet a toda costa otro destino para el día siguiente. No querían permanecer allí ni un día más tras su mala experiencia.


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29.4.18

Viaje a Marruecos (II)


Medersa

Cómo ya había quedado dicho, para este día había contratado un guía a través del propio hotel, para que me llevase por la medina y sus lugares más importantes. Mi sorpresa es que no se trataba de un guía “oficial”, que según tenía entendido te los ofrecían en los establecimientos hoteleros. Era un anciano de 80 años que chapurreaba un poco de español y que me costó veinticinco trompos, una cantidad que me pareció exorbitante, pero que me evitó los “moscones” (quienes si te ven con alguien que te guía no se acercan). 


Puerta principal de la Mezquita de los Andalusíes (en restauración)

Me condujo por zocos y los edificios más importantes: Mezquita de los Andalusíes (desafortunadamente en restauración), la mezquita más antigua y algunas medersas (o madrazas), etc. Pero también a varios talleres-tiendas: de tejidos, de trabajo manual en cobre y por supuesto a las famosas tenerías, dónde un guía que hablaba bastante bien el español, me explicó todo el proceso de curtido ante la vista de las pozas de distintos colores en las que se lleva a cabo el curtido, que según me dijo se prolongaba durante 27 días aproximadamente. También me ilustró sobre las cualidades de cada piel: oveja, vaca o camello. Cuando bajamos de la terraza desde la que habíamos observado el laborioso trabajo de los curtidores, me condujo a la tienda en la que trató de de encasquetarme una correa por la que mostré interés; me pidió 30 €, aduciendo el buen trabajo de su elaboración y su pertenencia a una Cooperativa de Artesanos reconocida oficialmente. Le dije que el precio me parecía excesivo y como prueba le mostré la correa que yo llevaba puesta, toda de buen cuero y tan artesanal como aquella, pues la compré muchos años atrás al guadamacilero de la calle Cárcamo de Córdoba por 20. Palpó mi correa y adujo que el cuero era de menor calidad, cosa a todas luces incierta, pero bajó el precio inicial a lo que me había costado la de Córdoba, cosa que decliné. No se lo tomó demasiado mal y se despidió de mí con educación y la hospitalidad que les caracteriza.


Curtiduría.

Pero no acabo de comprender su sistema económico: que un negocio que pertenece a una cooperativa oficial pueda vender cosas a precios no tasados. Es decir, mucha economía sumergida (tal vez el 80%). Y sin duda, en lo respectivo al sector servicios, basada en esquilmar al turista que ellos consideran una fuente inagotable de dinero.

En fin, tras más de tres horas mi guía, con su chilaba, me dejó en el hotel, no sin sudar porque el calor apretaba y las cuestas nos hacían llevar un pausado caminar, aunque él, a sus 80 años, iba siempre delante de mí.


3ª Jornada

En este día (viernes 13) las cosas afortunadamente mejoraron. Me lo tomé de compras y relax. Muhammad (a pesar de la cercanía) me acompañó por las laberínticas calles que todavía no me había aprendido hasta Dar Zyat por donde pueden transitar coches y me pidió un petit taxi, para que me llevase a un centro comercial donde había un Carrefour. Allí me sentí más seguro. Saqué dinero de un cajero automático, compré algunas cosas, como el único periódico en alfabeto occidental (Le Monde Diplomatique) y comí un calzone en unas de las pizzerías italianas del este centro. Intenté comprar un paraguas en el Carrefour pero se habían agotado, posiblemente por el “fin de temporada”. Así que “mi gozo en un pozo”, porque como todas las tardes anteriores se anunciaban lluvias, que cayeron en abundancia. Aunque es verdad que se veía poca gente con paraguas (como cuando estuve en Cuba) y los nativos iban en chanclas de goma o en babuchas a pesar de las lluvias.

Tras la comida volví al hotel para echarme una siesta. Al llegar al hotel, como siempre, me ofrecieron el exquisito té con menta de costumbre. Tras rechazarlo le pregunté al amable Muhammad dónde podía comprar un paraguas y me dijo que en los zocos de la medina, pero yo no tenía ganas de adentrarme otra vez en el laberinto. Tras la siesta me dediqué a la lectura retomando El hombre sin atributos” de R. Musil, que tenía abandonada desde semanas por ocupaciones varias. También aproveché la buena conexión wifi del hotel para mandar mensajes a familiares y amigos.

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28.4.18

VIAJE A MARRUECOS (I)


Vista parcial de la medina de Fez

Era mi primer viaje a este país tan cercano. Y ello debido a diversas circunstancias. Me hubiera gustado que fuese con un guía experimentado. Y no me faltan amigos para ello; simplemente el azar quiso que no fuese así.

De modo que lo afronté a solas, aprovechando un vuelo barato desde Sevilla, aunque bien pertrechado de libros, planos y consejos de amigos curtidos en muchos viajes a este país. Y también por otras razones.

En fin, que el primer día de periplo viajé a Sevilla en tren, y desde la estación de Santa Justa me trasladé al aeropuerto en el autobús que cubre esa línea. Y allí, al facturar, sufrí la “1ª clavada”: 40  € por la maleta que yo creía iba incluida en el billete de ida y vuelta. A la vuelta ídem: otros 40 “leros”, con lo cual el viaje de la maleta costó más que el mío sentado (60).

Al llegar al bello, funcional y moderno aeropuerto de Fez, y tras pasar exhaustivos controles policiales, el taxista enviado por el hotel a petición propia, me estaba esperando con i nombre escrito en un folio. Me trasladó hasta Dar Zyat, una puerta de la medina y, como estaba lloviendo, se esperó hasta que llegase el operario del hotel, Muhammad, con el que tan buenas migas hice dada su servicialidad, amabilidad y laboriosidad. Cargó con mi pesada maleta entre laberínticas callejuelas bajo la lluvia.

Aeropuerto de Fez (exterior)

 Aeropuerto de Fez (interior) 
                                                                                                                                                       
A la llegada me ofreció un exquisito té con menta totalmente gratis. Luego me llevó a instalarme en mi apartamento, que afortunadamente se encontraba en la 3ª planta del edificio, y daba a la terraza desde las que había maravillosas vistas de la medina de Fez (al parecer el espacio peatonal más grande del mundo). Después de tomar algunas fotos sobre las vistas, decidí salir a tomar algo. Pero cuando bajé a la recepción-sala de estar-comedor, no había nadie del personal del hotel, pero la puerta del establecimiento estaba abierta. Esperé allí y de pronto apareció un operario desconocido al que le pregunté quién me podía atender. Me dijo que Mohammad volvería “en 5 minutos”. Esperé largo rato y nadie aparecía. Entretanto un matrimonio italiano con un niño pequeño salió y comentó que iban a cenar a una pizzería. Después llegó un momento en que me desesperé.

Y esa fue mi perdición, sin duda debida a mi impaciencia y falta de prudencia (aunque estaba sobradamente advertido) que me hicieron lanzarme a la laberíntica medina. Empezaba a anochecer y traté de seguir la ruta que había tomado el matrimonio italiano, pero me encontraba totalmente perdido en aquel dédalo de callejas y adarves. Y en esas me abordó un adolescente que me preguntó si podía ayudarme; le dije que sí, acordamos el precio y lo que buscaba. Aceptó pero en el ulterior desarrollo el chico no sabía encontrar el sitio que quería, de modo que fue preguntando al respecto a otros jóvenes que había por las calles y que se fueron agregando como “guías”.  

Al final me condujeron a casa de uno de ellos que dijo que me podía proporcionar lo que buscaba: una cerveza. Allí, una casa en obras en oscuro y estrecho pasillo, me ofrecieron té y otras sustancias que decliné, y aunque insistí en que me diesen lo que iba buscando, primero me insistieron en que fumase del canuto que rápidamente liaron y, ante mi insistencia, me trajeron un bebedizo blancuzco y extremadamente salado. Solo tomé dos sorbos y les dije que me quería ir; tenía miedo y lo único que anhelaba era volver a la seguridad del hotel. 

No sin refunfuñar y regatear, salimos de la casa y me dejaron en la que ellos decían era calle de mi alojamiento. Seguí adelante y el hotel no aparecía; otra vez estaba perdido... Por suerte, todo se arregló a base de regateo y más dirhams.

Al llegar al hotel me recibió su gerente, que me preguntó que había ocurrido. Cuando se lo conté se echó las manos a al cabeza y acusó mi imprudencia. Alegué en mi favor que había estado esperando más de 1/2 hora en el hotel sin que apareciese nadie; se excusó diciendo que estaban en la oración de la tarde-noche y me obsequió con una botella de agua que pensaba comprar. Al día siguiente tuve noticia (y me consta) de que fue a buscar a los chicos y los reprendió para que no se acercasen al hotel ni molestasen o “guianse” a sus clientes.

Esa misma noche contraté en el establecimiento un guía para que me enseñara la medina en la mañana del día siguiente.



22.4.18

EXCURSIÓN A CÁSTULO


D. Marcelo Castro nos ilustra sobre el mosaico

A pesar de avatares que sufrió esta excursión, para la que no encontrábamos guía tras la defección de un reconocido arqueólogo cordobés que inicialmente se había ofrecido a guiar la visita, todo resultó a las mil maravillas; por pura carambola. En fin esas veces que el destino te sonríe finalmente.

Hubimos de aplazar la visita 1 mes, pero mereció la pena. Ante el problema de no encontrar guía, de dirigí telefónicamente al Conjunto Arqueológico de Cástulo (Linares). Me informaron que las visitas guiadas (y gratuitas), con un mínimo de 10 personas y un máximo de 15, solo podían tener lugar de lunes a sábado; una contrariedad porque a toda costa era necesario que la visita fuese en domingo, dado que algunos de los amigos que conforman el Grupo Cultural Andando trabajan los sábados. Así lo expresé a la persona que me atendió por teléfono. Quedó en responderme en tres días, cosa que hizo proporcionándome una grata sorpresa: nuestra excursión era aceptada para el domingo 8 de abril. Más tarde me volví a poner en contacto con ellos porque los interesados superaban el tope de las 15 personas, todo fueron facilidades por su parte, cosa muy de agradecer.

Así que a las 10 de la mañana los expedicionarios nos fuimos congregando a las puertas del Centro de Recepción. Y cual no sería nuestra sorpresa cuando se presentó el guía: nada más ni menos que el Director del Conjunto Arqueológico: D. Marcelo Castro, quien, tras mostrarnos 2 breves vídeos, nos explicó cual iba a ser el programa de la visita, que se prolongó durante 3 horas que se nos hicieron breves gracias a las amenas, pero detalladas, de nuestro guía “de lujo”. Un auténtico profesional, apasionado de su trabajo, que sacrificó la mañana del domingo para atendernos. Con estas actitudes sí que se levanta un país. Nada que ver con la política, el cacareo o la propaganda insustanciales de nuestros políticos y su uso de los medios de comunicación de masas.

D. Marcelo se mostró orgulloso del equipo de trabajo con el que contaba, escaso, pero igualmente generoso y entusiasta, como él. Y eso debido a los bajos presupuestos debidos a la “crisis”. Puro voluntarismo (que tanto me gusta).

Nos llevó a los puntos más interesantes del extenso yacimiento, que abarca desde época ibérica (incluso tal vez tartésica)  pasando por la filiación a Cartago y luego a Roma (tanto durante las Guerras Púnicas, como con el Imperio y la época paleocristiana). 

Se nos explicó con todo lujo de detalles el estupendo mosaico romano que es “la joya de la corona” de Cástulo. Allí se nos adhirió un numeroso grupo de visitantes ajenos a nosotros. También nos ilustró sobre el templo paleocristiano, los restos de unas termas y un edificio que podía formar parte del foro y me recordó mucho a Torreparedones.

Detalle del mosaico

Terminada la visita al yacimiento, nuestro guía nos condujo hasta el Museo Arqueológico de Linares, donde nos explicó la exposición temporal que en ese momento se mostraba y trataba del mundo de las Creencias en varias de las culturas que por allí pasaron. La pieza estrella era una patena paleocristiana de vidrio labrado con el Pantocrátor y el crismón. Y nos señaló su parecido con una pieza parecida hallada en Córdoba. 

Patena de vidrio labrado

Tras ello nuestro guía se despidió y nosotros quedamos visitando otras salas del espléndido museo. Salidos de allí algunos de los participantes regresaron a Córdoba. Eran aproximadamente las 14 horas. Los que quedamos nos dirigimos al cercano pueblo de Guadalén, para comer en un estupendo restaurante, que estaba atestado y en el que hubimos de esperar hasta conseguir mesa. Por entonces ya solo quedábamos los “irreductibles”. 

Después de la copiosa, exquisita y barata comida, y su siempre atento servicio, los “más irreductibles todavía”, acudimos al cercano Paraje Natural de “El Piélago”, con su puente romano así como una casi derruida antigua “Fábrica de Chocolate”.

El Piélago

A pesar de la insistencia de nuestro cananero amigo José Luis en que visitásemos las próximas cercanas ruinas de Giribaile (que yo ya había visitado años atrás acompañado de él y un manojo de amigos), declinamos la invitación, bien por omisión o abierta negativa. Sobre todo después de la opípara comida, la pronunciada subida que había que realizar y lo avanzado de la hora del intenso día. Lo hemos dejado para otra ocasión, porque por allí hay materia para una excursión propia. De modo que decidimos volver a Córdoba cuando eran pasadas las 18 horas tras el intenso y fructífero día.


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2.4.18

2 AMIGOS 2 FOTOS



Se trata de 2 fotos de amigos. El orden en las comente no es indicativo de nada; es totalmente aleatorio. Lo único que las une, aparte de que son de amigos, es que son fotos de amigos, en blanco y negro, positivadas manualmente en papel fotográfico. No hay nada digital en ninguna de ellas y sus autores son Rafa Montes y Paco Madrigal. Tanto monta, monta tanto.

En una el negro, casi siluetas, destaca sobre el fondo blanco; está tomada en Córdoba, creo que en las proximidades del arroyo Bejarano. Mientras la otra procede de una ciudad en Marruecos y en ella predominan los blancos y grises. En la otra las perspectiva se hunde hasta el final de un adarve o azucaque, con la sorpresiva figura de un niño que se asoma a medias entre el cortinaje de su casa, proporcionándole un toque de humanidad.

En la de los toros, aunque no aparecen figuras humanas, la escena está “humanizada”; por la visión de su captador y de quienes la observamos: se trata de una dehesa, un paisaje natural pero humanizado, tan frecuente en Andalucía y Extremadura.

Una es un regalo, la otra una adquisición. Pero esta diferencia no disminuye mi apreciación sobre ellas, porque ambas cuelgan una al lado de otra en la misma pared de mi casa. Y les tengo mucho aprecio: poesía visual.

13.3.18

RETURN TO MONTORO



José Ortiz nos explica el Museo Histórico

El pasado sábado 10 de marzo y en convocatoria hecha por el amigo Eladio, nos reunimos en Montoro un grupo de antiguos profesores del Instituto Santos Isasa, para realizar una visita guiada por un ex alumno que ahora es Cronista Oficial de esa ciudad, a la que tantos lazos nos siguen uniendo.

La visita comenzó en la antigua iglesia de Santa María de la Mota, hoy museo histórico, arqueológico y geológico. Allí José Ortiz, nuestro guía, nos explicó el origen del monumento y la polémica sobre su estilo o periodo histórico. Luego vino una vista a las principales piezas que posee. No solo la Thoracata o el ángel de Mateo Inurria, dos “clásicos” del museo, sino a otras piezas importantes que se han ido incorporando desde la última vez que lo visité, hace ya algunos años y mientras ejercía mi profesión en esa localidad (17 años hasta el 2009). Entre esas nuevas piezas se encuentran la “Estela de Montoro” (de discutido origen), la “Muchacha orante” pareja del ángel de Inurria o una nueva inscripción romana recuperada hace poco tiempo.

En este paréntesis observo que el museo ha ganado mucho; entre otros motivos por su moderna musealización y más fácil acceso para montoreños y turistas gracias a su extendido horario de apertura pública.

Luego bajamos hasta la calle Postigo, donde Pepe nos da noticia del origen del altar allí situado, adosado a la iglesia de San Bartolomé, en cuyo interior penetramos a continuación y recibimos una breve pero completa explicación sobre ella y su evolución histórica. Después salimos a la plaza de España dónde también se nos ilustra su papel y edificios que la rodean y que concentraron los 3 poderes: el político (ayuntamiento construido ex profeso, nunca palacio ducal), el religioso (la ya mencionada iglesia de San Bartolomé) y el económico (restos de las Tercias y la Pescadería).

A continuación nos dirigimos a las nuevas Tercias (que no recientes), que hoy albergan el Museo del Aceite y, en su planta superior, una sala de exposiciones temporales. Al entrar nos encontramos con una grata sorpresa: nos recibe nuestra buena ex alumna Cristina Galán, que compatibiliza su trabajo en el museo los fines de semana con la impartición de clases en el Conservatorio Musical de a localidad entre semana. Allí Pepe nos habla de la desacertada intervención del arquitecto encargado de remodelar el edificio para su uso como Museo del Aceite. El moderno arquitecto decidió rellenar las vasijas que poblaban su suelo, taparlas y ponerle encima un suelo irradiante y un parquet de madera, ocultando de esta manera la verdadera esencia de lo que era una Tercia: un lugar para albergar aceite y grano. 

También el cronista nos habla de las dificultades para conseguir piezas para este museo, porque la gente  prefiere que antiguos molinos aceiteros se caigan antes que donarlos. Y también de los problemas para conseguir que nuevas generaciones aprendan antiguos oficios artesanos como el trabajo de espartería, que a mi parecer está en fase de recuperación gracias a la vía vaginal.  E igualmente nos habla de cómo los arqueólogos locales, o amigos de la cultura, se han de andar con ojo avizor cada vez que se derruye un edificio para construir, ya que posiblemente muchas de las piezas encontradas en solares cercados a cal y canto pasen a ser vendidas en el mercado de antigüedades.

Después subimos a la planta superior de las Tercias para visitar una exposición de pintura cuya duración prevista se alarga un día para que podamos visitarla. Una gran deferencia hacia nosotros, que tenemos ganas de verla porque su organización ha corrido a cargo de Juan Manuel Gutiérrez, amigo, pintor y colega que sigue impartiendo clases de Artes Plásticas en el instituto en que fuimos compañeros. La exposición se compone de pinturas de sus alumnas cañeteras en el Taller de Pintura que ha impartido en su localidad de nacimiento y residencia. De entre esos cuadros me llaman especialmente la atención dos: una con un pavo real y otra de flores sus autoras son, respectivamente Carmen Fernández y Rosa María Morena. 

 

Luego nos dirigimos al Hospital de Jesús Nazareno, atribuido al arquitecto Francisco Hurtado Izquierdo y que tiene un patio parecido al del Hospital del Cardenal Salazar (hoy Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba). Hasta entonces el tiempo nos había respetado a pesar del temporal previsto. Y aunque íbamos bien provistos de chubasqueros, paraguas y calzado para el agua, la tormenta se desata justo cuando estábamos cobijados en el hospital se acentúa mientras visitamos su iglesia que parece sufrir una maldición porque se “autodestruye” cada cierto tiempo: hundimientos, caída de muros, incendios…de modo que, tras la breve aunque completa explicación, salimos pitando de allí en vistas del aguacero, los rayos y truenos que azotan y que provocan que se vaya la luz. Nos refugiamos en el vestíbulo mientras vemos la intensa lluvia que cae. Pero se nos aconseja que no nos apiñemos en su puerta ni en su centro y que nos coloquemos en sus laterales, debido al peligro de que pueda penetrar un rayo, hecho que se ha dado en ocasiones anteriores. 

Ante la imposibilidad de conseguir un taxi, nuestros/as amigos conductores se aventuran a desplazarse a pie paraguas en mano y a pelo, hasta el lugar donde los dejamos aparcados: la cercana/lejana Santa Mª de la Mota. Luego vienen a recogernos al Hospital, dónde seguimos resguardados. Es el fin de la visita guiada. Son pasadas las 13 horas y no dirigimos al Hotel Mirador de Montoro para trasegar una caña mientras disfrutamos de sus excelentes vistas sobre el pueblo y el río Guadalquivir, que lo envuelve y que viene cargado de aguas terrosas gracias a las últimas lluvias.

Vista desde el Hotel Mirador de Montoro

De allí al restaurante El Jardinito, también un clásico, donde hemos quedado con otros colegas y amigos desplazados para la ocasión desde distintos puntos como Córdoba o el propio Montoro. Nos juntamos 20. Un grato reencuentro; y allí hablamos mientras deglutamos un buen, abundante y variado condumio.

Tras la sobremesa algunos deciden volver al Mirador para tomar café. Son las 17 horas aproximadamente y yo ya no estoy para estos trotes, así que acepto gratamente la invitación de Juani (nuestra conductora) para regresar a Córdoba, acompañados de María José.

Una jornada fenomenal.

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4.3.18

VIAJE A MURCIA (2018)



Catedral de Murcia

Es mi primer viaje con el IMSERSO. Ha sido por Antequera-Granada-Guadix-Baza-Gor-Puerto Lumbreras y Águilas, dónde llegamos sobre las 17:45. 

En Gor comimos hemos estupendamente y en Puerto Lumbreras hemos hecho una paradiña.

Al llegar al hotel el reparto de habitaciones ha resultado rápido, a pesar de que éramos un grupo de más de 50 personas. Y aunque me han asignado una habitación sin vistas al mar ni terraza al menos tiene bañera. Es un hotel de 4 estrellas pero de de no fumadores, pero muy bien situado junto al mar. Se trata del Hotel Puerto Juan Montiel y cuenta con un servicio de SPA de pago (25 €) del que no hemos podido disfrutar por lo apretado del programa. También tiene piscina climatizada gratis, pero he caído en la cuenta de que no me he traído el bañador.

En el autocar me han asignado un asiento junto a una señora muy simpática, futbolera y amante del arte llamada Mari, con la que además he compartido mesa todos los días junto a las también simpáticas, vitalistas y maestras Ana y Lola. Todas de Córdoba capital y muy experimentadas en estos viajes.

Una vez alojados he disfrutado de la terraza del hotel teniendo al frente el peñón de Águilas. Una bella vista.

Al día siguiente visita a Murcia capital. Día completo dónde hemos visitado la Catedral y luego un paseo por el casco histórico: Plaza de Santo Domingo, monumento a Paco Rabal, teatro (y su maldición) … Después subida al santuario de la Virgen de la Fuensanta, patrona de Murcia y  dónde no bebí agua del pocito de las monjas (contra las arrugas y otros padecimientos) pero que tiene un emplazamiento estupendo, dominando las vistas de la ciudad. Tras ello bajamos hasta La Alberca donde comimos. Por la tarde, en visita opcional (de pago), acudimos al Museo de Salzillo (siguen prohibidas las fotos, no. sé por qué) y luego al Casino, de estilo ecléctico: modernista, neomudéjar, hierro y cristal, clasicismo. Todo ello acompañados de un buen guía que nos explica magníficamente las composiciones de los pasos de Salzillo y nos hace notar, acertadamente, que al ser  grupos escultóricos que procesionan hay que verlos desde distintas perspectivas. Cuando estábamos en el santuario recibo una mala noticia: la muerte de mi tío Rafalín a cuyo funeral no podré asistir por encontrarme tan lejos. Volvemos al hotel muy tarde (20:30). Me encuentro exhausto, y después de la cena tomo un baño con abundante espuma antes de acostarme. 

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Monumento al Carnaval de Águilas (Ícaro)

En el 2º día de estancia visita matutina guiada por Águilas. Vemos el puerto pesquero con su Lonja y el Monumento al Carnaval (escultura de Ícaro), cuya importancia, y peculiaridades (musas, musona, la Cuerva…) pone de manifiesto nuestra simpática y preparada guía al tiempo que nos explica el porqué de haber elegido a este mítico héroe como símbolo de su carnaval. Luego subimos al castillo de San Juan y en el camino vemos una escaleras de acceso decoradas por jóvenes artistas con el patrocinio del Ayuntamiento. Una vez en el castillo (del siglo XVIII) nuestra guía nos hace una foto de grupo y luego nos repartimos por sus estancias. Desde su planta superior o azotea, en la que quedan un par de cañones de la época, gozamos de interesantes vistas de Águilas: desde su trazado ortogonal dieciochesco a dos de sus bahías y playas.

Tras la bajada nos dirigimos en autobús al CIMAR con barco pesquero de arrastre incluido (“José y Josefa”) activo hasta hace pocos años. Después comida de buffet en el hotel. Declino la visita a Lorca para la tarde porque me encuentro cansado y necesito echar la siesta, pasear y escribir en mi cuaderno de viaje; lo que hago en una terraza junto al mar en la playa de La Colonia. Disfruto de las vistas y la cercanía del mar, que me sentaron muy bien.

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Teatro romano de Cartagena

En el tercer día nos dirigimos a Cartagena (por la mañana ) y Mazarrón (tarde). Comemos en Cartagena, donde visitamos las Murallas Púnicas (cartaginesas) con guía y luego el Teatro Romano también guiados. Como nos dejan bastante tiempo libre, telefoneo a un amigo que vive allí y al que le prometí encontrarnos si era posible, pera andaba de obras en casa y no podía acudir. Apreveché el tiempo libre en visitar el Museo del Teatro Romano, contiguo al teatro pero al que no accedimos en la visita al propio teatro. Me ponen un precio especial (5 €) por ser jubilado, cosa que agradezco enormemente, porque me pidieron algún documento que acreditara y como no existe, que yo sepa, carnet de jubilado, se conformaron con la Tarjeta Dorada de Renfe. En este pequeño museo (obra de Moneo con musealización parecida al de Mérida) se exhiben las principales piezas encontradas en las excavaciones del teatro y otras anteriores o posteriores a su construcción. El Museo está conectado con el teatro y accedo a su cavea desde dónde pude hacer fotos desde distintas perspectivas, cosa que no fue posible durante la visita guiada, que se limitó a una pormenorizada y fructífera charla de guía sobre la historia y partes del teatro y su excavación.

Como seguía teniendo mucho tiempo libre, me senté en una terraza junto a la entrada al museo y frente al imponente Ayuntamiento de esta ciudad. Había nubes y corrían ráfagas de viento procedente del cercano puerto.


"Las Gredas", en Mazarrón

Por la tarde nos desplazamos hasta El Puerto de Mazarrón, dónde una joven simpática y preparada que resultó ser de Córdoba, nos llevó a “Las Gredas”, junto a la playa, una formación geológica muy interesante y que recuerda a la Ciudad Encantada de Cuenca, aunque de origen y dimensiones distintas. Previamente hicimos un recorrido en autobús por la pedanía de El Puerto de Mazarrón, una urbanización desértica llena de chalets vacíos o con el cartel de “se alquila”, etc. Esto fue antes de la visita guiada, porque llegamos casi una hora antes de la cita con la guía (17 horas), de modo que nuestro autocar aparcó en la también Estación de Autobuses, que se encuentra en el centro de esta pedanía, cerca del mercado y otros establecimientos en los que se veía algo de vida. Tras Las Gredas, volvimos, ya más tierra adentro, hacia la Torre de los Caballos, adosada a una ermita y desde cuyas vistas predominaban las vistas de esos chalets cerrados. A continuación nos dirigimos al Centro de Interpretación de los pecios fenicios encontrados bajo el mar hace no mucho y que siguen en un cofre metálico en el lugar de su hallazgo, a pocos metros de la playa. En el Centro de Interpretación atendemos las explicaciones de nuestra guía y podemos ver una maqueta del barco más entero a escala 1:3. Luego regresamos a nuestro hotel en Águilas. Es verdad que volvimos pronto (sobre las 19 horas) y tuve tiempo de tomar un relajante baño e ir recogiendo la maleta. Durante la cena (21 hora, como siempre) se decide por unanimidad adelantar el regreso a Córdoba a las 9:30 horas.

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Al día siguiente partimos puntualmente, con sol y buenas temperaturas como hemos gozado estos días, pero, ya en ruta, empezó a azotarnos la lluvia y las bajas temperaturas cerca de Baza, dónde hicimos una “parada técnica” y me tomé un descafeinado (por el frío, sobre todo). En el exterior del establecimiento los fumadores nos cobijamos bajo un toldo del que a veces caen gotas frías, y departimos con dos jóvenes agricultores de la zona que bendicen la lluvia, tras la sequía del año anterior. Por lo que dicen se dedican al cultivo del almendro.

Para comer nos paramos en un restaurante en ruta llamado “La Parada” cerca de Huétor Tájar. Lo hacemos rápidamente y con fruición. Los dos platos que nos sirven están buenos y combinan con el frío y lluvioso tiempo que nos ha acompañado durante el viaje. Seguimos y hacemos una parada en un área de servicio cerca de Lucena para que se puedan bajar los excursionistas de esa localidad (18) más algunos de Encinas Reales. Al llegar a Córdoba (temprano) vemos los efectos del temporal: árboles caídos y contenedores volcados e incluso desplazados hasta la calzada. Fin del viaje.

24.2.18

Presentación del libro: EL ANARQUISMO EN EL ESPEJO JUDÍO



Anoche asistí a la presentación del libro que titula esta entrada, obra y tesis doctoral, del joven cordobés Yago Mellado López. Fue en La República de las Letras, dónde coincidí con varios amigos y donde hice, casualmente, otros no menos gratos.

El libro me interesaba porque no sabía apenas nada específico sobre la relación entre el movimiento libertario y los judíos. Y me interesó más durante la amena charla de su autor, nada dogmático, que centró su análisis (como el libro) en los 40 años que van desde 1880 a 1920. Un periodo bastante convulso en Europa pero del que desconocemos mucho, aparte del auge del antisemitismo (caso Dreyfus en Francia), la Revolución rusa de 1905, la Gran Guerra y las Revoluciones rusas de 1917.

En la conferencia se arrojó mucha luz sobre el tema: el problema de los estados-nación adoptado por el liberalismo imperante, el de los pueblos sin estado, el de nacionalismo vs. internacionalismo (suscitado dentro del socialismo emergente, tanto marxista como libertario), el éxodo judío desde la Europa oriental a la occidental y la configuración de una importante organización anarquista Yiddish en Inglaterra, cuyas ideas de colectivización (Kibutz) fueron ulteriormente instrumentalizadas (y desvirtuadas) por el sionismo que logró crear el estado de Israel en claro perjuicio de los habitantes naturales en que se asentó: los palestinos.

Pero no voy a hacer un spoiler o destripar el libro que, naturalmente, adquirí tras la charla, dado su interés y rigor. Un libro editado por la FAL (Fundación Anselmo Lorenzo) en 2017 que consta de casi 300 páginas, abundante bibliografía y un CD con información complementaria.

Finalizado el acto me dirigí a uno de los asistentes, que además participó en el coloquio, y cuya cara me “sonaba”; le pregunté su nombre y resultó ser Alejandro Ruiz-Huerta, uno de los pocos supervivientes de la Matanza de Atocha de 1977, y el único vivo en la actualidad. Tuvo la deferencia (para mí un honor) de invitarme a una consumisión que degustamos en la terraza de la librería-enoteca mientras manteníamos una distendida (y para mí) agradable charla.

Cuando el polifacético y humilde autor del libro salía le pedí que me firmara el libro. Y nos habló de que reside en Granada y se dedica sobre todo a la música dentro de un grupo llamado Faluka en el que interpretan música mediterránea antigua: desde la sefardí a las nubas musulmanas. Polifacetismo que se extiende a la traducción y la poesía.

Una gran velada. Un gran libro.

Presentación del libro



18.2.18

RIMA ASONANTE (Poesía gráfica) de Pepe Lara


Aquel hombre llamado flor de otoño

Hoy tocaba ir a la inauguración de una exposición en la librería La República de las Letras titulada “Rima asonante” y obra de Pepe Lara.

Aunque no acababa de tener claro si el autor era un viejo amigo al que hacía años no veía. Al final, y gratamente, ha resultado que sí, que era él.

Allí he coincidido con otros amigos, como Nela y Carlos. Y hemos departido con Ana Rivas.

La obra me ha parecido coherente con la trayectoria artística de Pepe. La caligrafía, presente en todas las obras expuestas, resulta a menudo ininteligible, pero variada y cumpliendo su papel estético. Tal vez el autor algún día nos desvele su contenido y, en cualquier caso, me ha recordado un libro leído recientemente en el que se ponía de manifiestos la dimensión espiritual que puede tener la caligrafía, tan desvalorada en Occidente en estos tiempos de las nuevas tecnologías.

Además de la escritura el autor introduce otras técnicas como el estampado o la tinta dejada correr o mojarse al azar. Y el resultado, estimulante y atractivo, me ha parecido una suerte de “dadaísmo expresionista”.

Todas las obras llevan título, lo que ayuda al espectador a establecer un “diálogo” con las obras.

Mis felicitaciones, Pepe.

Pepe Lara junto a su obra


13.2.18

TURISMO, MASIFiCACIÓN, DESPERSONALIZACIÓN


Fotografía tomada de la revista AJOBLANCO

Leo un brevísimo artículo titulado “Decoración y turismo” en el 1er. número de la nueva etapa de la revista AJOBLANCO (verano 2017). Su autor es Javier Pérez Andújar, periodista y escritor premiado.

El título del artículo es una alusión al ministerio creado por Franco y ostentado por Fraga Iribarne. Hay que indicar que el nombre completo de tal organismo fue “Ministerio de Información y Turismo”. La indicación no es baladí, pues la palabra “información” va ligada a “censura”; sobre todo en una dictadura.


Y paso a citar literalmente (y comentar) frases del artículo:

-“Dicen que las palabras están para ocultar lo que se piensa, y lo que se hace”.

-“Spain is different!” Fue el lema del creado por el  ministerio. Pero “Las palabras avisan siempre por su reverso”, es decir, nos avisaban de que íbamos “a la uniformidad”.

-“No es lo mismo viajar que hacer turismo”. Tampoco “veranear”.

-El turismo ha censurado a todas las ciudades del mundo en su propio carácter”. Y esta frase me recuerda un cartel que vi en Coimbra el último verano y en el que sus habitantes se quejaban de lo perjuicios causados por el turismo. Igual que ha ocurrido en Barcelona y en algún otro lugar.

Fotografia del autor

-“Hace mucho tiempo que vivimos dentro de unos grandes almacenes, se pasa por los países como se pasa por las plantas”. “Mismo tipo de calle peatonal, las mismas cadenas comerciales […] Mismos autocares […] Mismas bermudas”, etc.

Creo que es un buen tema de debate; un tanto espinoso para mí, que vivo en una ciudad en la que el turismo es un sector clave de su economía. Y cuando digo economía me refiero a los puestos de trabajo y a las familias que sobreviven gracias a él.



7.2.18

"Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla" (frase)


Un ex alumno y amigo me pregunta sobre si la frase de esta entrada la formuló Cicerón. La cuestión resulta un tanto complicada, pero acepto con agrado el reto porque también me enriquece.

Entre las frases que conozco de Cicerón la que más se parece es esta: “No saber lo que ha ocurrido antes de nosotros es como seguir siendo niños”. Es verdad que en esta cita encontramos  la idea esencial de lo que luego otros han plasmado en formulaciones muy parecidas que son las que nos ocupan. Incluso he consultado a amigos latinistas que afirman que Cicerón no ha escrito la frase objeto de discusión.

He comprobado que la cita se le ha atribuido desde al propio Cicerón pasando por Julio César, Napoleón y llegando hasta decir que su autoría corresponde a Churchill. Pero, con leves variaciones, parece que los que de verdad la escribieron fueron, por orden cronológico (más o menos): Nicolás Avellaneda (político argentino) y los españoles Menéndez Pelayo y George Santayana (este filósofo tan desconocido en infravalorado en nuestro país).


Estas son sus diversas formulaciones:

*Avellaneda: “Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla”

*Menéndez Pelayo: “Pueblo que no sabe su  historia es pueblo condenado a irrevocable  muerte"

*Santayana: "Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”


Como curiosidad solo añadir que he tenido conocimiento de que existe gente que se dedica a crear frases lapidarias, para después atribuirlas a algún personaje del pasado. Y es que “Hay gente pa tó” como dijo el torero.

2.2.18

AJOBLANCO VUELVE


Portada del nº 1 del nuevo Ajoblanco

Si en 2009 dábamos la lamentable noticia de que desaparecía la revista ARCHIPIÉLAGO y unos pocos meses después de que lo hacía un periódico estadounidense con casi 150 años, parece que el papel vuelve. O como mínimo las revistas alternativas en España.

Y así ocurre con a reaparición de la emblemática revista contracultural AJOBLANCO. En el verano pasado lanzaron su 1er. número de esta nueva y 3ª etapa. Y acaban de publicar su 2º número. Parece que será trimestral y su edición ha sido posible gracias al crowdfunding y al admirable e infatigable Pepe Ribas entre otros.

De momento parece que solo se puede conseguir vía Internet (a través de su web) o en determinadas librerías o establecimientos. En el caso de Córdoba, de momento, en La Tejedora.

Su precio son los escuetos 7€ para una publicación bien encuadernada y en la que, entre otras novedades, se encuentra una sección llamada “EL MURO” dónde, según la propia revista: “Si quieres compartir tus delirios, tu colectivo, cooperativa, agrupación o asamblea, tus rimas, ilustraciones, collages o fotografías, tus críticas, opiniones o frustraciones” puedes enviarlas a elmuro@ajoblanco.org


Puedes seguirla en:

Facebook:  https://www.facebook.com/RevistaAjoblanco/
Twitter: @revistajoblanco
Instagram: revista_ajoblanco

Nuevos tiempos, nuevos medios… En fin, un nuevo solo de aire fresco tras el 15-M que se hacía necesario.


Naturalmente le deseamos éxito.

                                                                                     Portada del nº 2