29.4.18

Viaje a Marruecos (II)


Medersa

Cómo ya había quedado dicho, para este día había contratado un guía a través del propio hotel, para que me llevase por la medina y sus lugares más importantes. Mi sorpresa es que no se trataba de un guía “oficial”, que según tenía entendido te los ofrecían en los establecimientos hoteleros. Era un anciano de 80 años que chapurreaba un poco de español y que me costó veinticinco trompos, una cantidad que me pareció exorbitante, pero que me evitó los “moscones” (quienes si te ven con alguien que te guía no se acercan). 


Puerta principal de la Mezquita de los Andalusíes (en restauración)

Me condujo por zocos y los edificios más importantes: Mezquita de los Andalusíes (desafortunadamente en restauración), la mezquita más antigua y algunas medersas (o madrazas), etc. Pero también a varios talleres-tiendas: de tejidos, de trabajo manual en cobre y por supuesto a las famosas tenerías, dónde un guía que hablaba bastante bien el español, me explicó todo el proceso de curtido ante la vista de las pozas de distintos colores en las que se lleva a cabo el curtido, que según me dijo se prolongaba durante 27 días aproximadamente. También me ilustró sobre las cualidades de cada piel: oveja, vaca o camello. Cuando bajamos de la terraza desde la que habíamos observado el laborioso trabajo de los curtidores, me condujo a la tienda en la que trató de de encasquetarme una correa por la que mostré interés; me pidió 30 €, aduciendo el buen trabajo de su elaboración y su pertenencia a una Cooperativa de Artesanos reconocida oficialmente. Le dije que el precio me parecía excesivo y como prueba le mostré la correa que yo llevaba puesta, toda de buen cuero y tan artesanal como aquella, pues la compré muchos años atrás al guadamacilero de la calle Cárcamo de Córdoba por 20. Palpó mi correa y adujo que el cuero era de menor calidad, cosa a todas luces incierta, pero bajó el precio inicial a lo que me había costado la de Córdoba, cosa que decliné. No se lo tomó demasiado mal y se despidió de mí con educación y la hospitalidad que les caracteriza.


Curtiduría.

Pero no acabo de comprender su sistema económico: que un negocio que pertenece a una cooperativa oficial pueda vender cosas a precios no tasados. Es decir, mucha economía sumergida (tal vez el 80%). Y sin duda, en lo respectivo al sector servicios, basada en esquilmar al turista que ellos consideran una fuente inagotable de dinero.

En fin, tras más de tres horas mi guía, con su chilaba, me dejó en el hotel, no sin sudar porque el calor apretaba y las cuestas nos hacían llevar un pausado caminar, aunque él, a sus 80 años, iba siempre delante de mí.


3ª Jornada

En este día (viernes 13) las cosas afortunadamente mejoraron. Me lo tomé de compras y relax. Muhammad (a pesar de la cercanía) me acompañó por las laberínticas calles que todavía no me había aprendido hasta Dar Zyat por donde pueden transitar coches y me pidió un petit taxi, para que me llevase a un centro comercial donde había un Carrefour. Allí me sentí más seguro. Saqué dinero de un cajero automático, compré algunas cosas, como el único periódico en alfabeto occidental (Le Monde Diplomatique) y comí un calzone en unas de las pizzerías italianas del este centro. Intenté comprar un paraguas en el Carrefour pero se habían agotado, posiblemente por el “fin de temporada”. Así que “mi gozo en un pozo”, porque como todas las tardes anteriores se anunciaban lluvias, que cayeron en abundancia. Aunque es verdad que se veía poca gente con paraguas (como cuando estuve en Cuba) y los nativos iban en chanclas de goma o en babuchas a pesar de las lluvias.

Tras la comida volví al hotel para echarme una siesta. Al llegar al hotel, como siempre, me ofrecieron el exquisito té con menta de costumbre. Tras rechazarlo le pregunté al amable Muhammad dónde podía comprar un paraguas y me dijo que en los zocos de la medina, pero yo no tenía ganas de adentrarme otra vez en el laberinto. Tras la siesta me dediqué a la lectura retomando El hombre sin atributos” de R. Musil, que tenía abandonada desde semanas por ocupaciones varias. También aproveché la buena conexión wifi del hotel para mandar mensajes a familiares y amigos.

MÁS FOTOS: AQUÍ



28.4.18

VIAJE A MARRUECOS (I)


Vista parcial de la medina de Fez

Era mi primer viaje a este país tan cercano. Y ello debido a diversas circunstancias. Me hubiera gustado que fuese con un guía experimentado. Y no me faltan amigos para ello; simplemente el azar quiso que no fuese así.

De modo que lo afronté a solas, aprovechando un vuelo barato desde Sevilla, aunque bien pertrechado de libros, planos y consejos de amigos curtidos en muchos viajes a este país. Y también por otras razones.

En fin, que el primer día de periplo viajé a Sevilla en tren, y desde la estación de Santa Justa me trasladé al aeropuerto en el autobús que cubre esa línea. Y allí, al facturar, sufrí la “1ª clavada”: 40  € por la maleta que yo creía iba incluida en el billete de ida y vuelta. A la vuelta ídem: otros 40 “leros”, con lo cual el viaje de la maleta costó más que el mío sentado (60).

Al llegar al bello, funcional y moderno aeropuerto de Fez, y tras pasar exhaustivos controles policiales, el taxista enviado por el hotel a petición propia, me estaba esperando con i nombre escrito en un folio. Me trasladó hasta Dar Zyat, una puerta de la medina y, como estaba lloviendo, se esperó hasta que llegase el operario del hotel, Muhammad, con el que tan buenas migas hice dada su servicialidad, amabilidad y laboriosidad. Cargó con mi pesada maleta entre laberínticas callejuelas bajo la lluvia.

Aeropuerto de Fez (exterior)

 Aeropuerto de Fez (interior) 
                                                                                                                                                       
A la llegada me ofreció un exquisito té con menta totalmente gratis. Luego me llevó a instalarme en mi apartamento, que afortunadamente se encontraba en la 3ª planta del edificio, y daba a la terraza desde las que había maravillosas vistas de la medina de Fez (al parecer el espacio peatonal más grande del mundo). Después de tomar algunas fotos sobre las vistas, decidí salir a tomar algo. Pero cuando bajé a la recepción-sala de estar-comedor, no había nadie del personal del hotel, pero la puerta del establecimiento estaba abierta. Esperé allí y de pronto apareció un operario desconocido al que le pregunté quién me podía atender. Me dijo que Mohammad volvería “en 5 minutos”. Esperé largo rato y nadie aparecía. Entretanto un matrimonio italiano con un niño pequeño salió y comentó que iban a cenar a una pizzería. Después llegó un momento en que me desesperé.

Y esa fue mi perdición, sin duda debida a mi impaciencia y falta de prudencia (aunque estaba sobradamente advertido) que me hicieron lanzarme a la laberíntica medina. Empezaba a anochecer y traté de seguir la ruta que había tomado el matrimonio italiano, pero me encontraba totalmente perdido en aquel dédalo de callejas y adarves. Y en esas me abordó un adolescente que me preguntó si podía ayudarme; le dije que sí, acordamos el precio y lo que buscaba. Aceptó pero en el ulterior desarrollo el chico no sabía encontrar el sitio que quería, de modo que fue preguntando al respecto a otros jóvenes que había por las calles y que se fueron agregando como “guías”.  

Al final me condujeron a casa de uno de ellos que dijo que me podía proporcionar lo que buscaba: una cerveza. Allí, una casa en obras en oscuro y estrecho pasillo, me ofrecieron té y otras sustancias que decliné, y aunque insistí en que me diesen lo que iba buscando, primero me insistieron en que fumase del canuto que rápidamente liaron y, ante mi insistencia, me trajeron un bebedizo blancuzco y extremadamente salado. Solo tomé dos sorbos y les dije que me quería ir; tenía miedo y lo único que anhelaba era volver a la seguridad del hotel. 

No sin refunfuñar y regatear, salimos de la casa y me dejaron en la que ellos decían era calle de mi alojamiento. Seguí adelante y el hotel no aparecía; otra vez estaba perdido... Por suerte, todo se arregló a base de regateo y más dirhams.

Al llegar al hotel me recibió su gerente, que me preguntó que había ocurrido. Cuando se lo conté se echó las manos a al cabeza y acusó mi imprudencia. Alegué en mi favor que había estado esperando más de 1/2 hora en el hotel sin que apareciese nadie; se excusó diciendo que estaban en la oración de la tarde-noche y me obsequió con una botella de agua que pensaba comprar. Al día siguiente tuve noticia (y me consta) de que fue a buscar a los chicos y los reprendió para que no se acercasen al hotel ni molestasen o “guianse” a sus clientes.

Esa misma noche contraté en el establecimiento un guía para que me enseñara la medina en la mañana del día siguiente.



22.4.18

EXCURSIÓN A CÁSTULO


D. Marcelo Castro nos ilustra sobre el mosaico

A pesar de avatares que sufrió esta excursión, para la que no encontrábamos guía tras la defección de un reconocido arqueólogo cordobés que inicialmente se había ofrecido a guiar la visita, todo resultó a las mil maravillas; por pura carambola. En fin esas veces que el destino te sonríe finalmente.

Hubimos de aplazar la visita 1 mes, pero mereció la pena. Ante el problema de no encontrar guía, de dirigí telefónicamente al Conjunto Arqueológico de Cástulo (Linares). Me informaron que las visitas guiadas (y gratuitas), con un mínimo de 10 personas y un máximo de 15, solo podían tener lugar de lunes a sábado; una contrariedad porque a toda costa era necesario que la visita fuese en domingo, dado que algunos de los amigos que conforman el Grupo Cultural Andando trabajan los sábados. Así lo expresé a la persona que me atendió por teléfono. Quedó en responderme en tres días, cosa que hizo proporcionándome una grata sorpresa: nuestra excursión era aceptada para el domingo 8 de abril. Más tarde me volví a poner en contacto con ellos porque los interesados superaban el tope de las 15 personas, todo fueron facilidades por su parte, cosa muy de agradecer.

Así que a las 10 de la mañana los expedicionarios nos fuimos congregando a las puertas del Centro de Recepción. Y cual no sería nuestra sorpresa cuando se presentó el guía: nada más ni menos que el Director del Conjunto Arqueológico: D. Marcelo Castro, quien, tras mostrarnos 2 breves vídeos, nos explicó cual iba a ser el programa de la visita, que se prolongó durante 3 horas que se nos hicieron breves gracias a las amenas, pero detalladas, de nuestro guía “de lujo”. Un auténtico profesional, apasionado de su trabajo, que sacrificó la mañana del domingo para atendernos. Con estas actitudes sí que se levanta un país. Nada que ver con la política, el cacareo o la propaganda insustanciales de nuestros políticos y su uso de los medios de comunicación de masas.

D. Marcelo se mostró orgulloso del equipo de trabajo con el que contaba, escaso, pero igualmente generoso y entusiasta, como él. Y eso debido a los bajos presupuestos debidos a la “crisis”. Puro voluntarismo (que tanto me gusta).

Nos llevó a los puntos más interesantes del extenso yacimiento, que abarca desde época ibérica (incluso tal vez tartésica)  pasando por la filiación a Cartago y luego a Roma (tanto durante las Guerras Púnicas, como con el Imperio y la época paleocristiana). 

Se nos explicó con todo lujo de detalles el estupendo mosaico romano que es “la joya de la corona” de Cástulo. Allí se nos adhirió un numeroso grupo de visitantes ajenos a nosotros. También nos ilustró sobre el templo paleocristiano, los restos de unas termas y un edificio que podía formar parte del foro y me recordó mucho a Torreparedones.

Detalle del mosaico

Terminada la visita al yacimiento, nuestro guía nos condujo hasta el Museo Arqueológico de Linares, donde nos explicó la exposición temporal que en ese momento se mostraba y trataba del mundo de las Creencias en varias de las culturas que por allí pasaron. La pieza estrella era una patena paleocristiana de vidrio labrado con el Pantocrátor y el crismón. Y nos señaló su parecido con una pieza parecida hallada en Córdoba. 

Patena de vidrio labrado

Tras ello nuestro guía se despidió y nosotros quedamos visitando otras salas del espléndido museo. Salidos de allí algunos de los participantes regresaron a Córdoba. Eran aproximadamente las 14 horas. Los que quedamos nos dirigimos al cercano pueblo de Guadalén, para comer en un estupendo restaurante, que estaba atestado y en el que hubimos de esperar hasta conseguir mesa. Por entonces ya solo quedábamos los “irreductibles”. 

Después de la copiosa, exquisita y barata comida, y su siempre atento servicio, los “más irreductibles todavía”, acudimos al cercano Paraje Natural de “El Piélago”, con su puente romano así como una casi derruida antigua “Fábrica de Chocolate”.

El Piélago

A pesar de la insistencia de nuestro cananero amigo José Luis en que visitásemos las próximas cercanas ruinas de Giribaile (que yo ya había visitado años atrás acompañado de él y un manojo de amigos), declinamos la invitación, bien por omisión o abierta negativa. Sobre todo después de la opípara comida, la pronunciada subida que había que realizar y lo avanzado de la hora del intenso día. Lo hemos dejado para otra ocasión, porque por allí hay materia para una excursión propia. De modo que decidimos volver a Córdoba cuando eran pasadas las 18 horas tras el intenso y fructífero día.


MÁS FOTOS: AQUÍ




2.4.18

2 AMIGOS 2 FOTOS



Se trata de 2 fotos de amigos. El orden en las comente no es indicativo de nada; es totalmente aleatorio. Lo único que las une, aparte de que son de amigos, es que son fotos de amigos, en blanco y negro, positivadas manualmente en papel fotográfico. No hay nada digital en ninguna de ellas y sus autores son Rafa Montes y Paco Madrigal. Tanto monta, monta tanto.

En una el negro, casi siluetas, destaca sobre el fondo blanco; está tomada en Córdoba, creo que en las proximidades del arroyo Bejarano. Mientras la otra procede de una ciudad en Marruecos y en ella predominan los blancos y grises. En la otra las perspectiva se hunde hasta el final de un adarve o azucaque, con la sorpresiva figura de un niño que se asoma a medias entre el cortinaje de su casa, proporcionándole un toque de humanidad.

En la de los toros, aunque no aparecen figuras humanas, la escena está “humanizada”; por la visión de su captador y de quienes la observamos: se trata de una dehesa, un paisaje natural pero humanizado, tan frecuente en Andalucía y Extremadura.

Una es un regalo, la otra una adquisición. Pero esta diferencia no disminuye mi apreciación sobre ellas, porque ambas cuelgan una al lado de otra en la misma pared de mi casa. Y les tengo mucho aprecio: poesía visual.

13.3.18

RETURN TO MONTORO



José Ortiz nos explica el Museo Histórico

El pasado sábado 10 de marzo y en convocatoria hecha por el amigo Eladio, nos reunimos en Montoro un grupo de antiguos profesores del Instituto Santos Isasa, para realizar una visita guiada por un ex alumno que ahora es Cronista Oficial de esa ciudad, a la que tantos lazos nos siguen uniendo.

La visita comenzó en la antigua iglesia de Santa María de la Mota, hoy museo histórico, arqueológico y geológico. Allí José Ortiz, nuestro guía, nos explicó el origen del monumento y la polémica sobre su estilo o periodo histórico. Luego vino una vista a las principales piezas que posee. No solo la Thoracata o el ángel de Mateo Inurria, dos “clásicos” del museo, sino a otras piezas importantes que se han ido incorporando desde la última vez que lo visité, hace ya algunos años y mientras ejercía mi profesión en esa localidad (17 años hasta el 2009). Entre esas nuevas piezas se encuentran la “Estela de Montoro” (de discutido origen), la “Muchacha orante” pareja del ángel de Inurria o una nueva inscripción romana recuperada hace poco tiempo.

En este paréntesis observo que el museo ha ganado mucho; entre otros motivos por su moderna musealización y más fácil acceso para montoreños y turistas gracias a su extendido horario de apertura pública.

Luego bajamos hasta la calle Postigo, donde Pepe nos da noticia del origen del altar allí situado, adosado a la iglesia de San Bartolomé, en cuyo interior penetramos a continuación y recibimos una breve pero completa explicación sobre ella y su evolución histórica. Después salimos a la plaza de España dónde también se nos ilustra su papel y edificios que la rodean y que concentraron los 3 poderes: el político (ayuntamiento construido ex profeso, nunca palacio ducal), el religioso (la ya mencionada iglesia de San Bartolomé) y el económico (restos de las Tercias y la Pescadería).

A continuación nos dirigimos a las nuevas Tercias (que no recientes), que hoy albergan el Museo del Aceite y, en su planta superior, una sala de exposiciones temporales. Al entrar nos encontramos con una grata sorpresa: nos recibe nuestra buena ex alumna Cristina Galán, que compatibiliza su trabajo en el museo los fines de semana con la impartición de clases en el Conservatorio Musical de a localidad entre semana. Allí Pepe nos habla de la desacertada intervención del arquitecto encargado de remodelar el edificio para su uso como Museo del Aceite. El moderno arquitecto decidió rellenar las vasijas que poblaban su suelo, taparlas y ponerle encima un suelo irradiante y un parquet de madera, ocultando de esta manera la verdadera esencia de lo que era una Tercia: un lugar para albergar aceite y grano. 

También el cronista nos habla de las dificultades para conseguir piezas para este museo, porque la gente  prefiere que antiguos molinos aceiteros se caigan antes que donarlos. Y también de los problemas para conseguir que nuevas generaciones aprendan antiguos oficios artesanos como el trabajo de espartería, que a mi parecer está en fase de recuperación gracias a la vía vaginal.  E igualmente nos habla de cómo los arqueólogos locales, o amigos de la cultura, se han de andar con ojo avizor cada vez que se derruye un edificio para construir, ya que posiblemente muchas de las piezas encontradas en solares cercados a cal y canto pasen a ser vendidas en el mercado de antigüedades.

Después subimos a la planta superior de las Tercias para visitar una exposición de pintura cuya duración prevista se alarga un día para que podamos visitarla. Una gran deferencia hacia nosotros, que tenemos ganas de verla porque su organización ha corrido a cargo de Juan Manuel Gutiérrez, amigo, pintor y colega que sigue impartiendo clases de Artes Plásticas en el instituto en que fuimos compañeros. La exposición se compone de pinturas de sus alumnas cañeteras en el Taller de Pintura que ha impartido en su localidad de nacimiento y residencia. De entre esos cuadros me llaman especialmente la atención dos: una con un pavo real y otra de flores sus autoras son, respectivamente Carmen Fernández y Rosa María Morena. 

 

Luego nos dirigimos al Hospital de Jesús Nazareno, atribuido al arquitecto Francisco Hurtado Izquierdo y que tiene un patio parecido al del Hospital del Cardenal Salazar (hoy Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba). Hasta entonces el tiempo nos había respetado a pesar del temporal previsto. Y aunque íbamos bien provistos de chubasqueros, paraguas y calzado para el agua, la tormenta se desata justo cuando estábamos cobijados en el hospital se acentúa mientras visitamos su iglesia que parece sufrir una maldición porque se “autodestruye” cada cierto tiempo: hundimientos, caída de muros, incendios…de modo que, tras la breve aunque completa explicación, salimos pitando de allí en vistas del aguacero, los rayos y truenos que azotan y que provocan que se vaya la luz. Nos refugiamos en el vestíbulo mientras vemos la intensa lluvia que cae. Pero se nos aconseja que no nos apiñemos en su puerta ni en su centro y que nos coloquemos en sus laterales, debido al peligro de que pueda penetrar un rayo, hecho que se ha dado en ocasiones anteriores. 

Ante la imposibilidad de conseguir un taxi, nuestros/as amigos conductores se aventuran a desplazarse a pie paraguas en mano y a pelo, hasta el lugar donde los dejamos aparcados: la cercana/lejana Santa Mª de la Mota. Luego vienen a recogernos al Hospital, dónde seguimos resguardados. Es el fin de la visita guiada. Son pasadas las 13 horas y no dirigimos al Hotel Mirador de Montoro para trasegar una caña mientras disfrutamos de sus excelentes vistas sobre el pueblo y el río Guadalquivir, que lo envuelve y que viene cargado de aguas terrosas gracias a las últimas lluvias.

Vista desde el Hotel Mirador de Montoro

De allí al restaurante El Jardinito, también un clásico, donde hemos quedado con otros colegas y amigos desplazados para la ocasión desde distintos puntos como Córdoba o el propio Montoro. Nos juntamos 20. Un grato reencuentro; y allí hablamos mientras deglutamos un buen, abundante y variado condumio.

Tras la sobremesa algunos deciden volver al Mirador para tomar café. Son las 17 horas aproximadamente y yo ya no estoy para estos trotes, así que acepto gratamente la invitación de Juani (nuestra conductora) para regresar a Córdoba, acompañados de María José.

Una jornada fenomenal.

MÁS FOTOS: AQUÍ




4.3.18

VIAJE A MURCIA (2018)



Catedral de Murcia

Es mi primer viaje con el IMSERSO. Ha sido por Antequera-Granada-Guadix-Baza-Gor-Puerto Lumbreras y Águilas, dónde llegamos sobre las 17:45. 

En Gor comimos hemos estupendamente y en Puerto Lumbreras hemos hecho una paradiña.

Al llegar al hotel el reparto de habitaciones ha resultado rápido, a pesar de que éramos un grupo de más de 50 personas. Y aunque me han asignado una habitación sin vistas al mar ni terraza al menos tiene bañera. Es un hotel de 4 estrellas pero de de no fumadores, pero muy bien situado junto al mar. Se trata del Hotel Puerto Juan Montiel y cuenta con un servicio de SPA de pago (25 €) del que no hemos podido disfrutar por lo apretado del programa. También tiene piscina climatizada gratis, pero he caído en la cuenta de que no me he traído el bañador.

En el autocar me han asignado un asiento junto a una señora muy simpática, futbolera y amante del arte llamada Mari, con la que además he compartido mesa todos los días junto a las también simpáticas, vitalistas y maestras Ana y Lola. Todas de Córdoba capital y muy experimentadas en estos viajes.

Una vez alojados he disfrutado de la terraza del hotel teniendo al frente el peñón de Águilas. Una bella vista.

Al día siguiente visita a Murcia capital. Día completo dónde hemos visitado la Catedral y luego un paseo por el casco histórico: Plaza de Santo Domingo, monumento a Paco Rabal, teatro (y su maldición) … Después subida al santuario de la Virgen de la Fuensanta, patrona de Murcia y  dónde no bebí agua del pocito de las monjas (contra las arrugas y otros padecimientos) pero que tiene un emplazamiento estupendo, dominando las vistas de la ciudad. Tras ello bajamos hasta La Alberca donde comimos. Por la tarde, en visita opcional (de pago), acudimos al Museo de Salzillo (siguen prohibidas las fotos, no. sé por qué) y luego al Casino, de estilo ecléctico: modernista, neomudéjar, hierro y cristal, clasicismo. Todo ello acompañados de un buen guía que nos explica magníficamente las composiciones de los pasos de Salzillo y nos hace notar, acertadamente, que al ser  grupos escultóricos que procesionan hay que verlos desde distintas perspectivas. Cuando estábamos en el santuario recibo una mala noticia: la muerte de mi tío Rafalín a cuyo funeral no podré asistir por encontrarme tan lejos. Volvemos al hotel muy tarde (20:30). Me encuentro exhausto, y después de la cena tomo un baño con abundante espuma antes de acostarme. 

 MÁS FOTOS DE MURCIA CAPITAL: AQUÍ



Monumento al Carnaval de Águilas (Ícaro)

En el 2º día de estancia visita matutina guiada por Águilas. Vemos el puerto pesquero con su Lonja y el Monumento al Carnaval (escultura de Ícaro), cuya importancia, y peculiaridades (musas, musona, la Cuerva…) pone de manifiesto nuestra simpática y preparada guía al tiempo que nos explica el porqué de haber elegido a este mítico héroe como símbolo de su carnaval. Luego subimos al castillo de San Juan y en el camino vemos una escaleras de acceso decoradas por jóvenes artistas con el patrocinio del Ayuntamiento. Una vez en el castillo (del siglo XVIII) nuestra guía nos hace una foto de grupo y luego nos repartimos por sus estancias. Desde su planta superior o azotea, en la que quedan un par de cañones de la época, gozamos de interesantes vistas de Águilas: desde su trazado ortogonal dieciochesco a dos de sus bahías y playas.

Tras la bajada nos dirigimos en autobús al CIMAR con barco pesquero de arrastre incluido (“José y Josefa”) activo hasta hace pocos años. Después comida de buffet en el hotel. Declino la visita a Lorca para la tarde porque me encuentro cansado y necesito echar la siesta, pasear y escribir en mi cuaderno de viaje; lo que hago en una terraza junto al mar en la playa de La Colonia. Disfruto de las vistas y la cercanía del mar, que me sentaron muy bien.

 MÁS FOTOS DE ÁGUILAS: AQUÍ



Teatro romano de Cartagena

En el tercer día nos dirigimos a Cartagena (por la mañana ) y Mazarrón (tarde). Comemos en Cartagena, donde visitamos las Murallas Púnicas (cartaginesas) con guía y luego el Teatro Romano también guiados. Como nos dejan bastante tiempo libre, telefoneo a un amigo que vive allí y al que le prometí encontrarnos si era posible, pera andaba de obras en casa y no podía acudir. Apreveché el tiempo libre en visitar el Museo del Teatro Romano, contiguo al teatro pero al que no accedimos en la visita al propio teatro. Me ponen un precio especial (5 €) por ser jubilado, cosa que agradezco enormemente, porque me pidieron algún documento que acreditara y como no existe, que yo sepa, carnet de jubilado, se conformaron con la Tarjeta Dorada de Renfe. En este pequeño museo (obra de Moneo con musealización parecida al de Mérida) se exhiben las principales piezas encontradas en las excavaciones del teatro y otras anteriores o posteriores a su construcción. El Museo está conectado con el teatro y accedo a su cavea desde dónde pude hacer fotos desde distintas perspectivas, cosa que no fue posible durante la visita guiada, que se limitó a una pormenorizada y fructífera charla de guía sobre la historia y partes del teatro y su excavación.

Como seguía teniendo mucho tiempo libre, me senté en una terraza junto a la entrada al museo y frente al imponente Ayuntamiento de esta ciudad. Había nubes y corrían ráfagas de viento procedente del cercano puerto.


"Las Gredas", en Mazarrón

Por la tarde nos desplazamos hasta El Puerto de Mazarrón, dónde una joven simpática y preparada que resultó ser de Córdoba, nos llevó a “Las Gredas”, junto a la playa, una formación geológica muy interesante y que recuerda a la Ciudad Encantada de Cuenca, aunque de origen y dimensiones distintas. Previamente hicimos un recorrido en autobús por la pedanía de El Puerto de Mazarrón, una urbanización desértica llena de chalets vacíos o con el cartel de “se alquila”, etc. Esto fue antes de la visita guiada, porque llegamos casi una hora antes de la cita con la guía (17 horas), de modo que nuestro autocar aparcó en la también Estación de Autobuses, que se encuentra en el centro de esta pedanía, cerca del mercado y otros establecimientos en los que se veía algo de vida. Tras Las Gredas, volvimos, ya más tierra adentro, hacia la Torre de los Caballos, adosada a una ermita y desde cuyas vistas predominaban las vistas de esos chalets cerrados. A continuación nos dirigimos al Centro de Interpretación de los pecios fenicios encontrados bajo el mar hace no mucho y que siguen en un cofre metálico en el lugar de su hallazgo, a pocos metros de la playa. En el Centro de Interpretación atendemos las explicaciones de nuestra guía y podemos ver una maqueta del barco más entero a escala 1:3. Luego regresamos a nuestro hotel en Águilas. Es verdad que volvimos pronto (sobre las 19 horas) y tuve tiempo de tomar un relajante baño e ir recogiendo la maleta. Durante la cena (21 hora, como siempre) se decide por unanimidad adelantar el regreso a Córdoba a las 9:30 horas.

 MÁS FOTOS DE CARTAGENA Y MAZARRÓN: AQUÍ


Al día siguiente partimos puntualmente, con sol y buenas temperaturas como hemos gozado estos días, pero, ya en ruta, empezó a azotarnos la lluvia y las bajas temperaturas cerca de Baza, dónde hicimos una “parada técnica” y me tomé un descafeinado (por el frío, sobre todo). En el exterior del establecimiento los fumadores nos cobijamos bajo un toldo del que a veces caen gotas frías, y departimos con dos jóvenes agricultores de la zona que bendicen la lluvia, tras la sequía del año anterior. Por lo que dicen se dedican al cultivo del almendro.

Para comer nos paramos en un restaurante en ruta llamado “La Parada” cerca de Huétor Tájar. Lo hacemos rápidamente y con fruición. Los dos platos que nos sirven están buenos y combinan con el frío y lluvioso tiempo que nos ha acompañado durante el viaje. Seguimos y hacemos una parada en un área de servicio cerca de Lucena para que se puedan bajar los excursionistas de esa localidad (18) más algunos de Encinas Reales. Al llegar a Córdoba (temprano) vemos los efectos del temporal: árboles caídos y contenedores volcados e incluso desplazados hasta la calzada. Fin del viaje.

24.2.18

Presentación del libro: EL ANARQUISMO EN EL ESPEJO JUDÍO



Anoche asistí a la presentación del libro que titula esta entrada, obra y tesis doctoral, del joven cordobés Yago Mellado López. Fue en La República de las Letras, dónde coincidí con varios amigos y donde hice, casualmente, otros no menos gratos.

El libro me interesaba porque no sabía apenas nada específico sobre la relación entre el movimiento libertario y los judíos. Y me interesó más durante la amena charla de su autor, nada dogmático, que centró su análisis (como el libro) en los 40 años que van desde 1880 a 1920. Un periodo bastante convulso en Europa pero del que desconocemos mucho, aparte del auge del antisemitismo (caso Dreyfus en Francia), la Revolución rusa de 1905, la Gran Guerra y las Revoluciones rusas de 1917.

En la conferencia se arrojó mucha luz sobre el tema: el problema de los estados-nación adoptado por el liberalismo imperante, el de los pueblos sin estado, el de nacionalismo vs. internacionalismo (suscitado dentro del socialismo emergente, tanto marxista como libertario), el éxodo judío desde la Europa oriental a la occidental y la configuración de una importante organización anarquista Yiddish en Inglaterra, cuyas ideas de colectivización (Kibutz) fueron ulteriormente instrumentalizadas (y desvirtuadas) por el sionismo que logró crear el estado de Israel en claro perjuicio de los habitantes naturales en que se asentó: los palestinos.

Pero no voy a hacer un spoiler o destripar el libro que, naturalmente, adquirí tras la charla, dado su interés y rigor. Un libro editado por la FAL (Fundación Anselmo Lorenzo) en 2017 que consta de casi 300 páginas, abundante bibliografía y un CD con información complementaria.

Finalizado el acto me dirigí a uno de los asistentes, que además participó en el coloquio, y cuya cara me “sonaba”; le pregunté su nombre y resultó ser Alejandro Ruiz-Huerta, uno de los pocos supervivientes de la Matanza de Atocha de 1977, y el único vivo en la actualidad. Tuvo la deferencia (para mí un honor) de invitarme a una consumisión que degustamos en la terraza de la librería-enoteca mientras manteníamos una distendida (y para mí) agradable charla.

Cuando el polifacético y humilde autor del libro salía le pedí que me firmara el libro. Y nos habló de que reside en Granada y se dedica sobre todo a la música dentro de un grupo llamado Faluka en el que interpretan música mediterránea antigua: desde la sefardí a las nubas musulmanas. Polifacetismo que se extiende a la traducción y la poesía.

Una gran velada. Un gran libro.

Presentación del libro



18.2.18

RIMA ASONANTE (Poesía gráfica) de Pepe Lara


Aquel hombre llamado flor de otoño

Hoy tocaba ir a la inauguración de una exposición en la librería La República de las Letras titulada “Rima asonante” y obra de Pepe Lara.

Aunque no acababa de tener claro si el autor era un viejo amigo al que hacía años no veía. Al final, y gratamente, ha resultado que sí, que era él.

Allí he coincidido con otros amigos, como Nela y Carlos. Y hemos departido con Ana Rivas.

La obra me ha parecido coherente con la trayectoria artística de Pepe. La caligrafía, presente en todas las obras expuestas, resulta a menudo ininteligible, pero variada y cumpliendo su papel estético. Tal vez el autor algún día nos desvele su contenido y, en cualquier caso, me ha recordado un libro leído recientemente en el que se ponía de manifiestos la dimensión espiritual que puede tener la caligrafía, tan desvalorada en Occidente en estos tiempos de las nuevas tecnologías.

Además de la escritura el autor introduce otras técnicas como el estampado o la tinta dejada correr o mojarse al azar. Y el resultado, estimulante y atractivo, me ha parecido una suerte de “dadaísmo expresionista”.

Todas las obras llevan título, lo que ayuda al espectador a establecer un “diálogo” con las obras.

Mis felicitaciones, Pepe.

Pepe Lara junto a su obra


13.2.18

TURISMO, MASIFiCACIÓN, DESPERSONALIZACIÓN


Fotografía tomada de la revista AJOBLANCO

Leo un brevísimo artículo titulado “Decoración y turismo” en el 1er. número de la nueva etapa de la revista AJOBLANCO (verano 2017). Su autor es Javier Pérez Andújar, periodista y escritor premiado.

El título del artículo es una alusión al ministerio creado por Franco y ostentado por Fraga Iribarne. Hay que indicar que el nombre completo de tal organismo fue “Ministerio de Información y Turismo”. La indicación no es baladí, pues la palabra “información” va ligada a “censura”; sobre todo en una dictadura.


Y paso a citar literalmente (y comentar) frases del artículo:

-“Dicen que las palabras están para ocultar lo que se piensa, y lo que se hace”.

-“Spain is different!” Fue el lema del creado por el  ministerio. Pero “Las palabras avisan siempre por su reverso”, es decir, nos avisaban de que íbamos “a la uniformidad”.

-“No es lo mismo viajar que hacer turismo”. Tampoco “veranear”.

-El turismo ha censurado a todas las ciudades del mundo en su propio carácter”. Y esta frase me recuerda un cartel que vi en Coimbra el último verano y en el que sus habitantes se quejaban de lo perjuicios causados por el turismo. Igual que ha ocurrido en Barcelona y en algún otro lugar.

Fotografia del autor

-“Hace mucho tiempo que vivimos dentro de unos grandes almacenes, se pasa por los países como se pasa por las plantas”. “Mismo tipo de calle peatonal, las mismas cadenas comerciales […] Mismos autocares […] Mismas bermudas”, etc.

Creo que es un buen tema de debate; un tanto espinoso para mí, que vivo en una ciudad en la que el turismo es un sector clave de su economía. Y cuando digo economía me refiero a los puestos de trabajo y a las familias que sobreviven gracias a él.



7.2.18

"Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla" (frase)


Un ex alumno y amigo me pregunta sobre si la frase de esta entrada la formuló Cicerón. La cuestión resulta un tanto complicada, pero acepto con agrado el reto porque también me enriquece.

Entre las frases que conozco de Cicerón la que más se parece es esta: “No saber lo que ha ocurrido antes de nosotros es como seguir siendo niños”. Es verdad que en esta cita encontramos  la idea esencial de lo que luego otros han plasmado en formulaciones muy parecidas que son las que nos ocupan. Incluso he consultado a amigos latinistas que afirman que Cicerón no ha escrito la frase objeto de discusión.

He comprobado que la cita se le ha atribuido desde al propio Cicerón pasando por Julio César, Napoleón y llegando hasta decir que su autoría corresponde a Churchill. Pero, con leves variaciones, parece que los que de verdad la escribieron fueron, por orden cronológico (más o menos): Nicolás Avellaneda (político argentino) y los españoles Menéndez Pelayo y George Santayana (este filósofo tan desconocido en infravalorado en nuestro país).


Estas son sus diversas formulaciones:

*Avellaneda: “Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla”

*Menéndez Pelayo: “Pueblo que no sabe su  historia es pueblo condenado a irrevocable  muerte"

*Santayana: "Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”


Como curiosidad solo añadir que he tenido conocimiento de que existe gente que se dedica a crear frases lapidarias, para después atribuirlas a algún personaje del pasado. Y es que “Hay gente pa tó” como dijo el torero.

2.2.18

AJOBLANCO VUELVE


Portada del nº 1 del nuevo Ajoblanco

Si en 2009 dábamos la lamentable noticia de que desaparecía la revista ARCHIPIÉLAGO y unos pocos meses después de que lo hacía un periódico estadounidense con casi 150 años, parece que el papel vuelve. O como mínimo las revistas alternativas en España.

Y así ocurre con a reaparición de la emblemática revista contracultural AJOBLANCO. En el verano pasado lanzaron su 1er. número de esta nueva y 3ª etapa. Y acaban de publicar su 2º número. Parece que será trimestral y su edición ha sido posible gracias al crowdfunding y al admirable e infatigable Pepe Ribas entre otros.

De momento parece que solo se puede conseguir vía Internet (a través de su web) o en determinadas librerías o establecimientos. En el caso de Córdoba, de momento, en La Tejedora.

Su precio son los escuetos 7€ para una publicación bien encuadernada y en la que, entre otras novedades, se encuentra una sección llamada “EL MURO” dónde, según la propia revista: “Si quieres compartir tus delirios, tu colectivo, cooperativa, agrupación o asamblea, tus rimas, ilustraciones, collages o fotografías, tus críticas, opiniones o frustraciones” puedes enviarlas a elmuro@ajoblanco.org


Puedes seguirla en:

Facebook:  https://www.facebook.com/RevistaAjoblanco/
Twitter: @revistajoblanco
Instagram: revista_ajoblanco

Nuevos tiempos, nuevos medios… En fin, un nuevo solo de aire fresco tras el 15-M que se hacía necesario.


Naturalmente le deseamos éxito.

                                                                                     Portada del nº 2



24.1.18

2 EXPOSICIONES: Sánchez Collado y GOVAL



Me avisa el amigo Eladio de que un ex-alumno del IES SANTOS ISASA de Montoro acaba de inaugurar una exposición de pintura en el Círculo de la Amistad y quedamos para verla con presencia del autor, el villarrense Enrique Sánchez Collado, con el que charlamos brevemente.

La mayoría de las obras son de mediano formato y representan mujeres sobre fondos neutros. Lo que más me gustó fueron sus miradas. Indudablemente -en las formas o en el colorido- como avisa el breve texto introductorio, son visibles las influencias de Modigliani o de los maestros flamencos, así como de su coterráneo Pedro Bueno.

Miradas X. Óleo sobre lienzo. 100x100


Ya animados, decidimos visitar la exposición de Goval en la librería La República de las Letras. Consta de una serie de viñetas (en formato 21 x 21 cm.) sobre el problema catalán que su autor ha ido publicando diariamente en las redes sociales Facebook  (su muro) y Twitter (@govalart). 






31.12.17

VIAJE A EGIPTO 2017 (y VII)


Avenida de los Carneros, a la entrada de Karnak


7ª y última jornada: Karnak e Isla de los plátanos

La última jornada estuvo dedicada a la ciudad de Luxor, concretamente al templo de Karnak y a la Isla de los Plátanos. Creo que fue el día que más tarde nos levantamos: a las 8 horas para salir a la 9. Estuvimos en el templo toda la mañana y lo recorrimos completamente e incluso participamos en pequeños “rituales”. Uno de ellos fue la fundación de la religión que adora al dios “Ptakh” (PTK). De modo que nuestro jefe de Expedición sacó una botella de vino que escanció en los que brindamos en un recóndito lugar a la sombra de los árboles (tarajes o tamarindos, creo). El sobrante de esta libación me lo ofreció Manuel J. Y lo saboreé durante la noche en mi balcón del hotel. Los otros, más formales, fueron la estancia a solas de 1 minuto cada uno de nosotros en la oscura capilla de la amenazante/protectora diosa Sekhmet para luego reunirnos todos dentro de ella tomados de la mano. Hermandad, buenos deseos y abrazos. Ni que decir tiene que no se me ocurrió tomar una foto de la estatua de la imponente diosa, porque hubiera sido desnaturalizarla. Y es que, a veces, hay fotos uno no debe tomar ya que la atmósfera se desvirtúa y es más potente el recuerdo que queda grabado en ese gran disco duro que es nuestro cerebro. El tercero de los rituales, aunque tal vez no en este orden, fue darle 7 vueltas al escarabajo tallado que se encuentra al aire libre para tener suerte. Enseguida fuimos imitados por turistas circundantes. Luego cada uno tuvimos la oportunidad de escuchar la resonancia producida en el obelisco tumbado y cercano, al golpearlo sencillamente con la mano cerrada. (¿Música del Universo?). Allí José Luis encontró una especie de pequeña moneda que le propuse comprar pero con la me obsequió. Gracias mil. 


Grafiti de Champollion en una columna de Karnak

El paso por su alta sala hipóstila me volvió a recordar a la película Muerte en el Nilo y en otra de sus salas un grafiti de Champollion, que también había hecho de las suyas como después lo hizo Rimbaud en el templo de Luxor y de la que ya he hablado.


Noria en la Isla de los Plátanos

Vista de Luxor desde la Isla de los Plátanos

Al atardecer, y frente a nuestro hotel, tomamos una falúa que atravesó el Nilo hacia poniente para llevarnos a la Isla de los Plátanos. Durante el trayecto nos ofrecieron un té y al llegar allí la visitamos, vimos algunos de sus animales enjaulados y una vieja noria y naturalmente los plátanos, cuyas abundantes piñas colgaban aquí y allá, algunas verdes todavía. Tras el recorrido nuevo ofrecimiento incluida la degustación de plátanos, dátiles y una cachimba (o como se llame) con tabaco aromatizado y pipas individuales en bolsitas. Fue la primera vez que fumé así, y me gustó.  Nos obsequiaron con un buen manojo de plátanos a cada cual, que yo decliné por los problemas gástricos que me ocasiona esta fruta que, por otra parte, tan saludables propiedades posee. Ya casi de noche vuelta al hotel y desperdigue del grupo: Mena y yo dos dirigimos a una cercana galería comercial donde ultimamos la compra de regalos. Allí tuvo lugar el episodio que narré (empezando por el final) en mi primera crónica con el niño Abdalla.

A la mañana siguiente (por llamarla de alguna manera), nos levantamos a las 3 para dirigirnos al aeropuerto de Luxor, donde un vuelo nos llevaría al de El Cairo (medidas de seguridad extremas: hasta 4 controles ya dentro del aeropuerto) y de allí otro vuelo a Madrid. Menos mal que no hubimos de preocuparnos de las maletas ni facturarlas de nuevo. Antes de partir de Luxor, nueva despedida: de nuestro también estupendo guía en Luxor: Mohamed Eldahesh, al que le entregué mi tarjeta de visita por si alguna vez venía por Córdoba y quería que le guiase por nuestra Gran Mezquita.


A modo de epílogo: la vuelta a Madrid transcurrió normalmente y con puntualidad. Con las maletas a tiempo y perfectamente, y no como el último vuelo que hice con IBERIA desde Oporto, en que se extravió nuestro equipaje y sobre el que todavía estamos litigando. En Barajas despedida colectiva: unos a Cataluña, otros a Valencia, Baleares o el País Vasco… Antonio y yo hacia Andalucía; nos volvimos a trasladar en taxi hasta la estación de Atocha porque seguía siendo lo más cómodo y la tarifa ya conocida. El día (domingo) era gris pero no tan frío como esperábamos. Al llegar a esta estación de ferrocarril solo quedaba una plaza para el tren de alta velocidad hacia Andalucía; naturalmente la cedí a Antonio que tenía que hacer un viaje mucho más largo que yo. Adquirí un billete para el siguiente tren y esperé en un bar de la estación. Sobre las 20:30 horas ya estaba de vuelta en Córdoba (me pareció que hacía semanas que estaba fuera). 

Durante la estancia no tuve tiempo ni siquiera de abrir el Cuaderno de Viaje con el que me había obsequiado Casi, sabedora de que me gusta ir tomando notas o redactando a diario las vivencias de la jornada. En cuanto a seguridad, qué decir: en las ciudades siempre acompañados de un agente de la policía, además de los numerosos presentes en cada monumento y en las excursiones siempre escoltados por un coche de policía o del ejército; y numerosos puestos de control y badenes para “calmar” la velocidad del tráfico. En fin, se lo estoy diciendo a mis amigos: si queréis visitar Egipto ahora es el mejor momento: Máxima seguridad y nada de masificación.


Guardo las bellas entradas a los monumentos que visitamos:

 



MÁS FOTOS: AQUÍ