21.3.25

GR-7 (14 a 16 marzo 2025)

 

Estaban previstas las 19ª y 20ª etapas de este sendero que transcurrirían por las provincias de Málaga y Granada (Sendero andaluz).

Como en ocasiones anteriores nuestro epicentro fue el Hotel El Capricho en Villanueva del Trabuco. Igualmente, una avanzadilla decidió marchar antes para comer en El Caserío de San Benito para luego luego dormir plácidamente la siesta y esperar la llegada del grueso de los demás expedicionarios, que lo harían bien entrada la tarde.

 

 1ª JORNADA

A las 20:30 horas tuvimos reunión informativa a cargo del coordinador, Manolo Morales y de los dos guías de la empresa Los Pindongos (Jesús y Guillermo) que nos acompañarían en las dos jornadas siguientes, a las que también acudieron dos alumnos en prácticas del Ciclo Formativo de Deporte y Monitores de Tiempo Libre, cuyos nombres no recuerdo, poco comunicativos, aunque luego supimos que la chica había ganado varias competiciones de escalada y el chico jugaba al fútbol. Tras la charla  recibimos obsequios (as is issual) como un gran paraguas blanco para cada uno, emblematizado al igual que un gorro azul, también emblematizado y un bolígrafo de Villanueva del Trabuco. 

Trifinio
 

2ª JORNADA 

No recuerdo bien si antes o después de la suculenta y apetecible cena, se procedió al montaje de mi scooter, que había venido descuartizado en dos coches, y que -a la mañana siguiente- estuvo listo en la furgoneta que nos conduciría a los del Grupo B (no andarines) a diversos parajes y pueblos como Villanueva de Tapia (para ver su trifinio, un monolito que debe su nombre a que es el punto donde convergen los límites de 3 provincias: Málaga, Granada y Córdoba). El monumento tenía relieves en cada uno de sus lados con motivos de cada una de las provincias. De allí nos trasladamos a Iznájar, donde aparcamos en la parte baja del pueblo, junto a un mirador sobre su embalse (el más grande de Andalucía) y de allí nos encaminamos a la parte alta del pueblo, donde se encuentran sus monumentos. A medio camino, Charo y yo decidimos hacer escala en la terraza de un bar mientras los demás ascendían al centro histórico. Y tan bien apalancados estábamos allí que al final no seguimos sus pasos y los esperamos en la terraza, pero, como el tiempo pasaba y no acababan de bajar, emprendimos el regreso hasta donde habíamos dejado aparcada la furgoneta que nos conducía. Llegaron poco después de nosotros y emprendimos la marcha hacia nuestro siguiente destino: el Bar Loli en Villanueva de Algaidas, donde nos juntaríamos los grupos A y B para compartir la comida. Los del B llegamos mucho antes que los andarines. Allí la terraza estaba repleta de una concentración de cazadores entre la que hubimos de abrirnos paso para acceder al comedor, donde M. Morales había reservado mesa que encontramos dispuesta. Comimos raciones a buen precio y algunos probaron el arroz sobrante encargado por los cazadores. Según el testimonio de quienes lo probaron, estaba para pegar azulejos. Tras postres y cafeses, nos encaminamos hacia la ermita mozárabe y rupestre cercana a La Atalaya. Tenía adjunto un monasterio posterior semiderruido por la desamortización de Mendizábal. El conjunto estaba cercado y cerrado, pero algunos/as audaces lograron penetrar en ambas construcciones, lo cual -por malentendidos- demoró nuestra partida hacia el nacimiento de El Chorro (río Cerezo) al que afortunadamente pudimos llegar con luz solar. Un espectáculo de aguas gracias a las abundantes lluvias invernales. Allí, mientras hablaba con Charo sonreí, ante lo cual ella me preguntó por qué lo hacía; le contesté que era por las cosas tan maravillosas que mis ojos habían visto, como aquello, a lo largo de mi vida, cosa que me recordó a la escena casi final de Blade Runner en la que el replicante, viendo que se acababa su tiempo para el que estaba programado, confiesa al cíber-policía que lo perseguía (Harrison Ford) -entre lágrimas y lluvia, pena y nostalgia- que había visto atardeceres en  Tannhäuser  y otras maravillas de la galaxia o el Universo. Humano, demasiado humano, que decía Nietzsche.

 

 
Nacimiento de El Chorro

Estaba previsto que acudiésemos después a visitar la fuente de los Cien Caños, esta vez repleta de agua, y que no pudimos ver la vez anterior por la sequía. Pero ya era tarde y además recibimos aviso de que aquello estaba colapsado de tráfico por la afluencia de visitantes, hasta el punto de que tuvo que acudir la Guardia Civil para poner orden en el atasco.  Así que volvimos al hotel cuando ya empezaba a anochecer.

Tras la cena cantamos una estrofa de la canción de Albano y Romina Power llamada "Felicidad" en homenaje al 50º aniversario de bodas de nuestros ausentes amigos Esperanza y Joaquín.

 

3ª JORNADA

A la mañana siguiente, y en vista de las previsiones de lluvia, el grupo A decidió no abordar la etapa prevista (20ª) y añadirse al itinerario en coches previsto para el B. En primer lugar nos dirigimos a Loja (lugar de nacimiento de mi abuela materna Carmen). Habíamos quedado en un mirador llamado “de Sylvania” en honor al mítico e inexistente reino creado por los hermanos Marx en su película Sopa de ganso. Desde allí había una buena panorámica de la localidad, su parte alta, antigua, monumental, a la derecha, yun enfrente y abajo, la expansión nueva hacía el río Genil y la vía del ferrocarril. El grupo de cabecera se desgajó y subieron a la parte alta, aunque por poco tiempo, ya que habíamos de visitar la fuente de los Veinte Caños, a medio camino entre el marxista mirador y la parte monumental del pueblo. Pero el tiempo apremiaba pues teníamos una visita guiada a la villa romana de Salar que entre Charo, Juani E. y P. Ortega habían concertado el día anterior. Visita sugerida por la primera en vista de los excelentes mosaicos que nos mostró en fotos. El problema es que solo habíamos podido reservar on line plazas para nueve personas ¡y éramos dieciocho! Así que, con más moral que el Alcoyano, nos presentamos todos en el Centro de Interpretación del yacimiento para hacer presión. Hubo éxito y todos pudimos visitar esta villa y sus magníficos mosaicos, historia y peculiar estructura y que, por su ninfeo, me recordó a la villa romana de El Ruedo (Almedinilla,Córdoba). Allí Charo nos tenía preparada una sorpresa: la asistencia y explicaciones de su amigo José A. González Núñez, autor del libro Guía de la villa romana de Salar y otros volúmenes al respecto, que nos ilustró sobre el programa iconográfico de sus excelentes y extensos mosaicos.  Al salir volvimos a los coches para dirigirnos al restaurante donde teníamos concertada la comida, llamado Morana y ubicado en Cuevas de San Marcos.  De primero tomamos un abundante plato de arroz que -afortunadamente- no tenía nada que ver con el del día anterior. Luego vinieron platos de diversas raciones (lomo, calamares, boquerones…) a compartir entre cada cuatro comensales. Naturalmente sobró comida y entraron en funcionamiento los tuppers. Teniendo en cuenta esta experiencia y la del día anterior, llegué a la conclusión de que esta zona no es la más adecuada para comer pescado, a pesar de su cercanía al mar. 

                                             Portada del libro Guía de la villa romana de Salar 


Tras los postres despedida general bajo la lluvia que hasta ese momento nos había respetado.

P.D.: Muchas "villanuevas" que supongo fruto del avance cristiano en su expansión hacia el sur.

 

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