11.11.18

Excursión a Montilla con el Ateneo


Patio de acceso al Convento de Santa Clara

Esta excursión comprendía una visita al convento de Santa Clara y luego, y más extensamente, a un lagar de la sierra montillana (Los Raigones).

Ha sido la primera vez que he podido penetrar en este convento, pues hasta ahora solo había podido acceder a su patio, con una portada de acceso a la iglesia de estilo tardo-gótico (el convento se edificó bien entrado el siglo XVI).

Esta vez, por fin, pude acceder a su interior, eso sí, pagando el correspondiente “donativo”. Y merece la pena por los tesoros que alberga. Naturalmente, al tratarse de un convento de clausura (clarisas), solo se pueden visitar ciertas zonas abiertas al público. La visita guiada y exhaustiva, ha corrido a cargo de una joven monja keniata. Ha durado más de 1 hora. Y hemos podido contemplar muchas de las maravillas que alberga; como por ejemplo esculturas de Pedro de Mena y los magníficos artesonados mudéjares.

En su claustro alto hemos disfrutado de la interpretación en un órgano del siglo XVIII a cargo de la otra joven monja, esta vez española, que nos ha acompañado actuando de “escoba”, porque iba en nuestra retaguardia cerrando todos los altares que la primera nos abría y explicaba; lo cual es de comprender dados los muchos tesoros artísticos que alberga este convento. Entre ellos una numerosa colección de imágenes del Niño Jesús, debido a que cada monja que ingresaba en el convento debía donar una y ponerle nombre: “Josefito”, “de la espina” u otros…

Terminada la visita al interior  nos dirigimos a la tienda conventual donde las monjas venden los estupendos dulces que elaboran.

Palacio de los duques de Medinaceli

Y  de vuelta al autobús (del  Córdoba  Club de fútbol  por cierto) pudimos contemplar la ajada fachada del palacio de los duques de Medinaceli  (en venta), afeada por unos veladores del bar cercano que además tapaban el acceso a varios bancos públicos existentes en la plaza donde se encuentra. Y eso me molestó enormemente: no solo por ser un atentado a la estética, sino porque de este modo no se puede atraer al turismo. En Italia, y concretamente en la Toscana, donde he estado hace un mes, esto es impensable, incluso en el pueblo más pequeño. De paso vimos una fuente dedicada al Inca Garcilaso

Fuente del Inca Garcilaso

Ya de vuelta al autobús, nos dirigimos al lagar que era nuestro destino final. En su exterior una cualificada guía nos ilustró ampliamente acerca del cultivo de la vid allí, (denominación de origen Montilla-Moriles), del por qué de sus cepas bajas (90% de la variedad “Pedro Ximénez”), de los tiempos y modos de recolección de la uva vinatera y otros aspectos (cultivo en pendiente, tipo de tierra…). Y de allí al olivar colindante, donde predominaba la variedad “hojiblanca”, con árboles de un solo pie cuyo arranque presentaba una maya. Le pregunté  a nuestra guía sobre la utilidad de dicha malla y me dijo que era para proteger al árbol de la plaga de conejos que asola estas tierras desde hace años. También le inquirí sobre el sistema de recolecta de la aceituna con una maquina vibradora, pues pensaba que podía afectar al árbol. Me contestó que sí y de que en la corteza del tronco se podían advertir las marcas que deja la máquina. Pero también me advirtió de que el sistema tradicional de dañaba al árbol, produciendo una especie de visibles quistes allí donde había sido herido por el golpeo de la vara.

Entre viñedos y olivares

La explicación continuó ya dentro del lagar-almazara, en el que siguen un sistema de transformación  moderno pero totalmente ecológico. Tanto uvas como aceitunas se molturan el mismo día en que son recolectadas, sin utilizar otros procesos químicos o físicos. Y es que se trata de una empresa familiar que mima su producción de vinos y aceites, ambos exquisitos como pudimos degustar in situ (¡De modo que un “10”!). La directora de la explotación nos condujo a la sala de tinajas donde reposa el vino de este año; nos explicó  como era su evolución natural y que el vino de Montilla-Moriles es un organismo vivo, a diferencia de los tintos; y que hay que dejarlo reposar sin ruidos o interferencias. Y nos invitó a degustar una copa de ese vino “en rama” o “de tinaja” que sacó de una de ellas delante de nosotros y resultó exquisito, como la aceitunas partidas con que acompañamos el trasegar.

Los Raigones

Después pasamos a un salón amplio y luminoso donde nos sirvieron la comida, acompañada de vinos finos de su elaboración, también estupendos. Y además 2 tipos de aceite virgen extra (solo producen este tipo de aceite, que es el más natural porque es puro “zumo de aceituna”). Los entremeses exquisitos: jamón de bellota, caña de lomo, quesos y morcilla y chorizo encargados expresamente por Antonio Varo a un afamado charcutero montillano cuyo gracioso mote no recuerdo. Luego un estupendo salmorejo con jamón y detrás una magnífica paella que no pude terminar porque me encontraba atiborrado y como “como un pajarito” (cosa sabida). Detrás el postre acompañado de una copa de Pedro Ximénez: bombones, pasteles y los típicos alfajores montillanos de Manolito Aguilar.

Lástima que no se podía comprar vino de tinaja de esta cosecha, porque se ha retrasado debido al suave verano del que hemos gozado. ¡Otra vez será!

En cualquier caso una jornada redonda, disfrutando de la vista, el olfato y el gusto. Y de la compañía de personas gratas y algún reencuentro.


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31.10.18

El barón rampante




Hace seis años (en la noche del sábado 1-9-2012) terminé de leer esta novela que fue una grata sorpresa, a pesar de que del mismo autor ya había leído Las ciudades invisibles y Los amores difíciles, también novelas excelentes.

Como siempre (con algo más de tiempo y método esta vez) he subrayado frases o pasajes que me han gustado o llamado especialmente la atención. Esta serie de breves escritos trata de ser una recopilación de ellos.

El protagonista es un niño de la pequeña aristocracia que se va a vivir a los árboles “en un gesto de rebelión contra la tiranía familiar” (los entrecomillados son citas literales del libro en la edición que he manejado, editorial SIRUELA 2006). El joven se quedará a vivir allí para siempre. Pero no como eremita, sin participar en la vida del lugar, “aunque entre él y sus semejantes mantenga siempre esa mínima pero infranqueable distancia”.

Un libro que su autor sitúa cercano a la Alicia de Carroll, a Peter Pan o al Barón de Munchhausen, aunque declara que su verdadero tema narrativo es que: “Una persona se fija voluntariamente una difícil regla y la sigue hasta sus últimas consecuencias, ya que sin ella no sería él mismo ni para sí ni para los otros”. Y no dejo de ver esta afirmación relacionada con cierta finalidad moralizante de la obra: “…la desobediencia cobra sentido sólo cuando se convierte en una disciplina moral más rigurosa y ardua que aquella contra la que se rebela”.

Como las aventuras del protagonista transcurren sobre los árboles (un nivel que puede resultar simbólico)  se nombra a muchos de ellos, cosa que –además- puede deberse a las profesiones de los padres del autor: naturalista y agrónomo respectivamente. Encinas, robles, olivos, algarrobos, nogales… aparecen en el libro, aunque sustituidos al final por las nuevas modas traídas de los continentes descubiertos: eucaliptos, ficus, palmeras… Si bien el arbóreo catálogo posiblemente no iguala al de El Señor de los Anillos.


Este protagonismo (y amor) por los árboles, queda también reflejado en el proyecto de una “Constitución”  para Génova, bajo el influjo de la Revolución Francesa:

"Comenzó en esa época a escribir un Proyecto de Constitución de un Estado ideal fundado en los árboles, donde describía la imaginaria República Arbórea, habitada por hombres justos."

El cual tituló así: "Proyecto de Constitución para Ciudad Republicana con Declaración de los Derechos de los Hombres, de las Mujeres, de los Niños, de los Animales Domésticos y Salvajes, incluidos Pájaros, Peces e Insectos, y de las Plantas tanto de Alto Tallo como Hortalizas y Hierbas!"

Y ahora, paso citar otros pasajes o frases que me han gustado. El primero de ellos es cuando el narrador habla del ánimo malvado (y creativo) de su hermana:

"Su ánimo malvado se manifestaba sobre todo en la cocina. Era una excelente cocinera, pues no carecía de diligencia ni de fantasía, dotes principales en toda cocinera, pero donde ella ponía las manos nunca se sabía qué sorpresas podían llegar a la mesa: una vez había preparado unas tostadas de paté, finísimas a decir verdad, con hígado de ratón, y sólo nos lo dijo cuando ya las habíamos comido y apreciado; por no hablar de las patas de saltamontes, las de atrás, duras y dentadas, puestas en mosaico sobre una tarta; y las colitas de cerdo asadas como si fueran rosquillas; y aquella vez que mandó cocer un puerco espín entero, con todas las púas, quién sabe por qué […] Estos platos de Battista eran obras de delicadísima filigrana animal o vegetal: cabezas de coliflor con orejas de liebre puestas sobre un cuello de piel de liebre; o una cabeza de cerdo de cuya boca salía, como si sacara la lengua, una langosta roja, y la langosta sostenía en las pinzas la lengua del cochino como si se la hubiera arrancado. Y además los caracoles: había conseguido decapitar no sé cuantos caracoles, y las cabezas, aquellas cabezas de caballitos blandos, blandos, las había clavado, creo que con un palillo, cada una en un profiterol, y parecían, al llegar a la mesa, una bandada de pequeñísimos cisnes." (Páginas  23 y 24 de la edición que sigo)


El gato salvaje

El niño protagonista, al principio de su huida a los árboles, tiene que enfrentarse a un fiero gato salvaje:

"Estaba sano y salvo, empapado de sangre, con el animal salvaje tieso en el espadín […] Aullaba de dolor y de victoria y no entendía nada y seguía agarrado a la rama, a la espada, al cadáver del gato, en el momento desesperado de quien ha vencido por primera vez y ahora sabía qué  desgarramiento es vencer […]

Corrí junto a la Generala, a la terraza. –Señora madre- grité-, ¡está herido!
-Was? ¿Herido cómo?- y ya apuntaba el catalejo.
-¡Herido como un herido! –dije yo, y la Generala pareció encontrar pertinente mi definición."
(p. 67)


Desde arriba todos parecéis pequeños

Nuestro protagonista se encuentra encima de un árbol leyendo el Gil Blas cuando llegan dos hombres persiguiendo a un bandido que quiere ocultarles. Los esbirros lo interrogan sobre si lo ha visto:

"-Buenos días, Señoría –dijeron-, ¿no habréis visto por casualidad correr al bandido Gian del Brughi?
-No sé quién sería –respondió Cosimo-, pero si buscáis a un hombrecito que corría, ha ido por allá, hacia el torrente…
-¿Un hombrecito? Es un hombre como un castillo, que da miedo…
-Bueno, desde aquí arriba todos parecéis pequeños…" (p. 108)


La deriva de las asociaciones

 Ante los incendios provocados que asolan el territorio donde vive nuestro protagonista y sus conciudadanos, entre todos deciden crear una asociación para combatir esos desastres. En principio, resulta  eficaz...

"En seguida, como sucede en toda asociación, nació un espíritu de cuerpo, una rivalidad entre los pelotones, y se sentían dispuestos a hacer grandes cosas […]
[Cosimo] Aprendió  esto: que las asociaciones hacen al hombre más fuerte y ponen de relieve las mejores dotes de las personas aisladas, y dan una alegría que raramente se alcanza actuando por cuenta propia, la de ver cuánta gente honrada y valiente y capaz hay, para la que vale la pena querer cosas buenas (mientras que viviendo por tu cuenta ocurre muy a menudo lo contrario, que se ve la otra cara de la gente, esa por la que es preciso tener siempre la mano en la guarda de la espada).

Así, pues, el de los incendios fue un buen verano; había un problema común que a todos nos interesaba resolver, y todos lo anteponían a sus otros intereses personales, compensándoles por todo la satisfacción de hallarse en concordia y amistad con otras muchas personas excelentes.

Más adelante, Cosimo tendrá que comprender que cuando el problema común ya no existe las asociaciones no son tan buenas como antes, y que vale más ser un hombre solo y no un jefe."(p.126)


 ¿Viola casquivana? (elegancia de la expresión 1)

Nuestro personaje, ya adulto, sigue enamorado de una chica (Viola o "la Sinforosa") que conoció cuando ambos eran casi niños. El narrador de la novela, hermano de Cosimo, le dice que la ha visto en París:

"-¡Ah! ¿La has visto? ¿y cómo estaba? Dime: ¡cómo estaba?.
-Muy bella y brillante –respondí lentamente-, pero dicen que este perfume es aspirado por muchas narices…" (Página 191)


Los celos

Cosimo, nuestro protagonista, y su amada, discuten sobre los celos:

"-¿Qué quieres decir? ¿Qué estoy celoso?

-Haces bien en estar celoso. Pero tú pretendes someter los celos a la razón.

-Claro: así los hago más eficaces.

-Tú razonas demasiado. ¿Por qué ha de razonarse el amor?

-Para amarte más. Todo, si se hace razonándolo, aumenta en poder.

-Vives en los árboles y tienes la mentalidad de un notario con gota…." (página 191)


Simpatía por los zapadores

Durante las guerra napoleónicas, nuestro protagonista y sus conciudadanos deben soportar la invasión de las tropas contendientes. Esta es la opinión de Cosimo sobre el Cuerpo de Zapadores:

"[…] los zapadores eran distintos de todos los demás militares. Quizá eso dependía del hecho de que no dejaban tras de sí ese rastro de desastres y despilfarros de las otras tropas, sino la satisfacción de cosas que quedaban y la ambición de hacerlas lo mejor posible […]

 De día, Cosimo ayudaba a los trazadores a delinear el contorno de la carretera. Nadie era más capaz que él para hacerlo; conocía todos los pasos por los que podía discurrir el camino con menor desnivel y menor perdida de plantas. […]

Al menos, de toda aquella presencia de soldados robagallinas derivaba una ventaja: una carretera hecha a sus expensas."(p.23)


Impuestos y "revolución"

Como ya señalamos en la nota anterior, la región donde vive nuestro protagonista, Cosimo, se ve envuelta en las guerras napoleónicas...

"En las cuadras, los napoleónicos requisaban cerdos, vacas, incluso cabras. En cuanto a tasas y diezmos, era peor que antes. Y además se impuso el servicio de leva."( P. 231)


Conversación con un oficial ruso

También durante las guerras napoleónicas, Cosimo se encuentra con un oficial ruso con el que conversa. Este es el final:

"El oficial, de melancólico, había pasado a estar nervioso.
Alors –dijo- je dois m’en aller –saludó militarmente-. Adieu, monsieur… Que lest votre nom?
-Le Baron Cosme de Rondeau –le gritó Cosimo, cuando él ya había partido-. Proshaite, gospodin… Et le vôtre?
-Je suis le Prince Andrei… -y el galope del caballo arrastró consigo el apellido (p.238)


Final genial

El narrador, hermano del protagonista (Cosimo), pone así punto final a la narración:

"Ombrosa ya no existe. Al mirar el cielo despejado, me pregunto si ha existido alguna vez. Aquella abundancia de ramas y hojas, bifurcaciones, lóbulos, pelusas, menuda y sin fin […] era un bordado hecho sobre la nada que se parece a este hilo de tinta que he dejado correr por páginas y páginas, […] y luego se atasca, y luego vuelve a enroscarse, y corre y corre y se devana y envuelve un último racimo insensato de palabras ideas sueños y se acaba." (Página 243)






20.10.18

EXPOSICIÓN DE ANTONIO POVEDANO EN SALA VIMCORSA


Entrada a la exposición

Visito la exposición de Antonio Povedano en la Sala VIMCORSA, por su centenario.
La temática predominantes son los mundos del toreos, el flamenco y la vidrieras. Y me encuentro con imágenes impactantes. Bocetos, apuntes y obras de calado. A pesar de que algunos temas no me interesan. Pero sus técnicas, su tratamiento, me llaman la atención. Cuadros que te pueden llevar desde el cubismo más simple al expresionismo casi abstracto.

Tengo que volver, entre otra razones por la cámara neo-bisoña que llevaba. Y por la iluminación de las salas..

Y me queda por ver la obra expuesta en la Fundación Rafael Botí.

Picaor

Vi, o me pareció ver, influencias desde Arcimboldo, pasando por Velázquez, hasta el Cubismo órfico o el Expresionismo cuasi abstracto… De Francis Bacon o concomitancias con el coetáneo escultor Aurelio Teno. Y algo de Saura.

Retrato imaginario

Mejor no perderse esta magnífica retrospectiva.


ESTORRENTADO


Un amigo “tico” (costarricense) me da a conocer esTa palabra. No le entiendo y me lo explica verbalmente.

Voy a buscar la palabra en internet con resultados diversos. En un sitio web me sale que el verbo “estorrentarse” quiere decir “salir corriendo”; en otro que procede de “destorrentarse”, es decir, descaminarse, desorientarse. En otros “derrochador”.

Sigo mis pesquisas en el DRAE y no aparece la acepción “estorrentarse” ni “destorrentarse”. Términos que sí aparecen en el vocabulario hondureño o mejicano. También con varios significados.

Pero el sentido en el que me lo dice mi amigo es de “perdido”, “ausente” o “difícil de encontrar”.

Lo más parecido que he oído en el castellano peninsular es “trasconejarse” (otra palabra sin papeles), que me enseñaron unos amigos de Benamejí allá por los ’80, con el mismo significado que el de mi amigo tico: estar ausente, perdido, inencontrable.

Y es que el lenguaje es una cosa viva, por más que políticos e instituciones se empeñen en legislarlo. 






16.10.18

Periplo por la Toscana


Catedral de Siena

Partimos desde el aeropuerto de Madrid rumbo a Bolonia, donde tomamos un tren de alta velocidad (Frecciarossa) hasta Florencia, donde no esperaba Paolo, que nos trasladó en su coche hasta el nefasto hotel Il Gardino de Siena. Hasta ese momento todo iba bien, pero al llegar a la recepción de ese hotel nos dijeron que no teníamos reserva y que estaba completo. Una felonía. Sorpresa y desagrado, especialmente para el entregado Paolo que había hecho la reserva personalmente y semanas antes por encontrarse cercano a su casa. Posiblemente la mala pasada que nos jugó el personal se debiera a que los precios de de los hoteles de la zona se habían disparado por un evento, y el precio acordado previamente era mucho más bajo. Picaresca. Eran las 21 horas y Paolo decidió llevarnos a su casa, a pesar de que había quedado en ella para cenar con familiares venidos de otra localidad. Desde su casa, y mientras hacía los preparativos para le cena, nos fue buscando alojamiento con el apoyo telefónico y luego presencial de Cecilia. Estaba muy preocupado y nos preocupaba el sofocón que llevaba encima. Y nos invitó a la cena familiar, donde Alberto, Paco y yo degustamos la exquisita comida casera (fatto in casa) preparada para ocasión y regada con estupendo vino italiano. Mientras tanto llegó Cecilia para llevarnos a un hotel que habían encontrado a módico precio al menos para pasar esa noche. El hotel (La Vecchia Cartiera) está muy bien, en el centro de Colle di Val d'Elsa y había sido una antigua fábrica de papel que conserva en su exterior las presas de las canalizaciones hidráulicas para su abastecimiento.

Mecanismo de la canalización

A la mañana siguiente estaba solucionado el problema: ya nos habían encontrado un sitio definitivo para el resto de los días: un hotel rural estupendo en medio del campo (Relais Castel Bigozzi), nuestra “villa en la Toscana” con maravillosas vistas, muy tranquilo, excelentes instalaciones y trato deferente por parte del personal. Además decorado con un fresco de la batalla medieval de Colle, cosa de la que nos enteramos dos día después al visitar el Museo de San Prieto. En fin, que “no hay mal que por bien no venga”. Lo malo es que teníamos esclavizados a Paolo, Cecilia o Patricia, para los traslados a la ciudad y regreso al hotel ya que no teníamos coche. Todo generosidad por parte de los colegas profesores y ya amigos. Grazie Mille!


Land Art

Como fuimos el primer grupo internacional en llegar a la reunión, Paolo nos llevó a visitar la bella abadía románica A Isola, en cuyo atrio se exhibía una intervención de “Land Art” a base de piedras, afamado cristal de la zona y cerámica. Además nos enteramos de que nos encontrábamos en la Vía Francigena, una ruta de peregrinación desde Roma a Canterbury que enlaza en Francia con el Camino de Santiago. Después visitamos Monteriggioni.  Y luego  Paolo nos condujo a Siena, donde comimos con sus familiares de la noche anterior en un buen restaurante en una pintoresca calle empinada, por lo que utilizan unos llamativos artefactos de madera para nivelar mesas y asientos. Tras la comida Paolo partió para recoger a los profesores turcos, mientras nosotros paseamos por la bella ciudad plagada de monumentos, y nos encontramos a Paolo con Semih y Umut, venidos de Trebisonda. Quedamos en vernos en la grandiosa iglesia de Santo Domingo, que visitamos, para luego trasladarnos al hotel y volver a Siena para la cena, en la que ya se incorporaron las profesoras griegas e italianas. Estábamos todos.


Artefactos para nivelar sillas y mesas

San Gimignano

El lunes 1 de octubre fue la primera sesión de trabajo en el Liceo Statale Alessandro Volta, el centro anfitrión, en Colle di Val d'Elsa. Allí visualizamos varias presentaciones realizadas por alumnos del centro y luego una reunión para ver la marcha del proyecto. A continuación hubo una visita a distintas dependencias del instituto, cuyas paredes estaban decoradas por los alumnos con dibujos y frases. Luego del intercambio de regalos todos partimos hacia la fotogénica población de San Gimignano, donde disfrutamos de una visita a su abadía benedictina guiada nada menos que por su abadesa. Aprovechando que había un piano en el interior de su iglesia, convencimos a Alberto para que interpretase una pieza de Mozart (sonata para piano N 16, en Do mayor, KV 545) que fue merecidamente aplaudida. Me llamó la atención la portada de esta iglesia porque presentaba elementos decorativos propios del arte mudéjar, como los platos cerámicos de los campanarios de Teruel. Después comimos en un agradable restaurante desde el que se podían ver las altas torres que caracterizan a esta población, y donde probamos el Vin santo que se toma mojando un pan tostado trufado con frutos secos (Biscotti). Pero mientras comíamos, lamentablemente, se desató una tormenta con fuerte lluvia, rayos, truenos y ventolera, que nos impidió pasear por la atractiva ciudad medieval. Por la tarde visita guiada a la “Contrada del Bruco”, una de las asociaciones que participan en la competición del “Palio”.

Batalla de Colle

Al día siguiente visitamos el Museo San Pietro guiados estupendamente por un grupo de estudiantes de formación profesional del Liceo. Una colección que abarca desde objetos etruscos hasta pintura del siglo XX. Y una sección dedicada al escritor a un escritor local, que nos fue explicada por su director, el profesor Migliorini, y que está formada por material del propio autor, su biblioteca y una colección de cuadros donados por él. A continuación tocaba recepción por parte de la autoridad municipal en su monumental ayuntamiento, donde nos recibió un jovencísimo alcalde o teniente de alcalde que nos ilustró sobre los principales hitos de la historia de la ciudad, sus escudos y las fenomenales piezas de cristal allí expuestas. Y por la tarde visita a la moderna mezquita de la misma localidad en la que fuimos recibidos por su imán y su esposa. Ya en el interior continuó la explicación, el imán hizo su oración, con un canto muy refinado, y después contestó a nuestras preguntas, tras lo que nos agasajaron con pasteles y zumos. Todo hospitalidad. Allí me llamó la atención que entre los múltiples ejemplares del Corán, los había que parecían en idioma eslavo, y es que, como explicó el imán, asistían muchos fieles y sus hijos provenientes del este de Europa, y que no sabían hablar árabe.

Florencia

La siguiente jornada estuvo dedicada a visitar Florencia, con la mala fortuna de que al ser miércoles cerraban algunos de los museos o monumentos que nos interesaban. Y en la Academia había un paro parcial de sus trabajadores por problemas de seguridad. No obstante pudimos visitar la iglesia de San Lorenzo y la escalera de su biblioteca, obra del genial Miguel Ángel y entrar hasta el patio del palacio Medici-Riccardi. Tras la comida y reunión en el Mercado San Lorenzo. Nos dispersamos y aproveché para comprarme unas sandalias cómodas, y a bajo precio, que previamente había visto en una tienda en la plaza de San Lorenzo, porque tenía los pies doloridos por mi fino calzado. Después pudimos ver el museo del Bargello con su interesante colección: Donatello, Verrocchio, della Robbia, Miguel Ángel, Juan de Bolonia… También visitamos una pequeña iglesia de la Badía, por su cuadro de Filippino Lippi. Tras ello me dirigí en solitario a hacer fotos de las esculturas originales existentes en la logia frente al Palazzo de la Signoria. De regreso al punto de encuentro, y en la calle peatonal que une la catedral con la plaza de la Signoria, vi una comitiva de Hare Krishnas que iban danzando y tocando instrumentos dando un toque de color, sonido y espiritualidad a la animada calle comercial.


Solería de la catedral de Siena

El jueves la protagonista fue Siena, una visita guiada por una experta en historia, en la que por la mañana visitamos el Palazzo pubblico, con interesantes frescos entre los que se encuentra el retrato ecuestre del condottiero Guidoriccio da Fogliano atribuido a Simone Martini. Allí también me llamaron la atención sus vidrieras no figurativas, de cristal sienés en diversos colores y algunos relieves geométricos de madera en su sillería que simulaban motivos propios del arte hispanomusulmán. Luego continuamos la ruta visitando la espectacular catedral que, por suerte, tenía descubiertos sus maravillosos pavimentos llenos de figuras de piedra, una especie de taracea marmórea con diversos motivos: bíblicos, de la Etruria… Una suerte, porque solo se descubren (levantan las alfombras que los protegen) en el mes de octubre. Luego comimos de pie y en la calle, una rica pizza con base dura y crujiente que regamos con una cerveza: parecíamos jóvenes litroneros españoles…! Ya en la tarde nos desplazamos a la abadía románica de Sant’ Antimo y su bello entorno. Me fijé en las ménsulas de sus ábsides y me llamaron especialmente la atención una que era un modillón de rollos y otra con azulejos; y también un dintel con motivo geométrico celta. Igualmente sus olivos centenarios y el ciprés que compite en altura con la torre de estilo románico-lombardo. De allí fuimos a Montalcino ("Monte de la encina"), localidad célebre por sus vinos, pero que además cuenta con una fortaleza y un pequeño casco histórico monumental y maravillosas vistas sobre la campiña toscana. Allí me agradó un panel con ilustraciones artísticas de los más diversos el vino de la región (¡A ver si aprendemos los de Montilla-Moriles!). En la ida y vuelta vimos viñedos que al principio de de sus hileras tenían rosales: nos explicaron que se trataba de una medida profiláctica, ya que los rosales sufren las mismas enfermedades o plagas que las vides, pero lo hacen antes y sirven de aviso. De vuelta a Siena, Cecilia nos ofreció en su casa un ágape con dulces y vino blanco, mientras disfrutábamos de las bellas vistas de la ciudad y su entorno campestre mientras se ponía el sol.

Abadía de Sant' Antimo

El viernes 5 no pude asistir a la interesante visita la necrópolis etrusca de Sovana, ni tampoco a la visita de la sinagoga de Pitigliano, porque me encontraba indispuesto; pero a cambio disfruté del relax del hotel, sus jardines y el paisaje circundante.

Castel Bigozzi



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20.9.18

El hombre sin atributos




Acometí la lectura de esta novela de Robert Musil a mediados del pasado invierno. Era una tarea que tenía pendiente.

La comencé a leer en papel, sacada de la Biblioteca Municipal pero, al ver lo intrincado de ella y sus dos volúmenes que suman casi 1500 páginas, decidí adquirirla en digital, entre otras razones porque este formato me permitiría subrayar los pasajes más interesantes.

Es un libro denso y difícil; con la complicación de que está inacabado debido a la muerte de su autor antes de acabarla. Pero resulta que está considerada una obra maestra, o imprescindible, de la literatura del siglo XX.

Si bien hay una primera parte novelesca que gira en torno a la “Acción Paralela” (la celebración del aniversario del emperador Francisco José), la obra da un giro tras la muerte del padre del protagonista (Ulrich, el hombre sin atributos, sin cualidades o metas) cuando éste se reencuentra con su hermana Agathe. Este giro es importante pues la obra comienza a hacerse más filosófica, también lírica a veces. Creo haber leído en algún sitio que el autor se estuvo planteando hacer una obra de aforismos en lugar de novelada.

Los hechos se sitúan en el año anterior a la Gran Guerra, en el Imperio austrohúngaro (Kakania) y resultan un gran fresco de la sociedad del momento, que vive los cambios que se están produciendo en todos los campos, desde la ciencia a la economía pasando por la ideología, los valores, las divergencias… Pero también de como esos cambios afectan a los individuos, que necesitan un creencia, una fe en las que apoyarse porque si no se sienten perdidos; una idea que posteriormente trataría con exhaustividad E. Fromm en su libro El miedo a la libertad.

También supone la introspección de una persona que reflexiona acerca de sí mismo y de esos cambios exteriores con ojos de científico y que, en cierto modo le resbalan, aunque le llevan  a ocuparse de la diferencia entre “moral” y “ética”. Hay algo de parecido entre la vida del autor y su personaje. Y nos queda la duda de qué hubiera escrito Musil de haber vivido nuestros tiempos de Internet, de cambios vertiginosos y mucho más acelerados que entonces; la “sociedad líquida” de Z. Baumman.

Hay personajes que a lo largo de la novela van declinando, como el de Diotima, y otros que van creciendo, como el general Stumm o Agathe, la hermana “gemela” del protagonista, que parece “consumar” o “consumir” el incesto.

En cualquier caso, y -a pesar o gracias- a sus disquisiciones filosóficas, merece la pena leer para poder entender al “hombre moderno”. O sea, tú y yo.




21.8.18

MI EXPERIENCIA EN ESCOCIA


Vista de Edimburgo desde la colina de los memoriales

Un viaje programado con mucha antelación y, entre otros fines, para quitarme un pellizco del verano cordobés. El vuelo salió con retraso y llegué a Edimburgo muy tarde, cansado y excitado por el viaje. A la mañana siguiente acudí a desayunar a un bar frente al hotel donde me alojaba (el Angels Share) y recibí la primera sorpresa: la chica que me atendió era española. Luego vino la visita a la colina de los memoriales (destacando el de Nelson, con forma de telescopio) y bajando un viejo y romántico cementerio que alberga la tumba de David Hume. Luego a la Royal Mile (Milla Real), centro neurálgico de la ciudad y del Festival de Edimburgo que se celebraba por esas fechas; una calle muy animada, repleta de gente y artistas que promocionaban sus espectáculos. Un ambiente festivo y cosmopolita. Escala en la terraza de uno de sus bares (Angel with Bagpipes) y, antes de comer, visita a la cercana catedral de Saint Giles. La comida fue en un restaurante recomendado y recomendable, llamado “The Doric”. Aunque a decir verdad toda la comida escocesa es recomendable y en nada parecida a la insulsa inglesa.

Lago Ness

El día siguiente estuvo dedicado a preguntar precios de alquileres de coche para visitar las Highlands y volver al casco histórico. La tercera jornada, una vez desechado el alquiler de coche, optando por los transportes públicos, partida hacia las Highlands en tren destino Fort William, donde el alojamiento era un hotel neogótico…. Fort William hace honor a su nombre: es un pueblo con una calle principal (como las ciudades del Far West) y poco más, pero parece una escala habitual para visitar las Tierras Altas. De allí, en autobús, a Inverness, ciudad bonita y limpia pero que resulta un tanto aburrida. De allí, al día siguiente (6 de agosto) excursión guiada en un microbús con 15 pasajeros que resultó un acierto (80 € per capita): iniciamos las jornada a las 8:30 y volvimos a Inverness a las 21 horas; con la gentileza del conductor-guía de dejarnos en la puerta del hotel, cosa que yo agradecí doblemente porque mi calzado estaba empapado tras el involuntario chapuzón volviendo de las “Piscinas de las Hadas” (¡parece que me tocó un hada acuática!). En este recorrido visitamos el lago Ness (que parecía un mar, porque tenía incluso olas), dimos de comer a los toros peludos escoceses, visitamos el castillo de Eilean Donan, la tumba de Roderick Mackenzie y la batalla de Glenshiel, las Cascadas de la Belleza, la destilería Talisker (con degustación gratuita), un pueblo donde pude comprar unos calcetines térmicos que me aliviaron del remojón hasta las rodillas. Parece que la degustación en Talisker animó a los, hasta entonces, silentes, aburridos, pasajeros del microbús, quienes incluso se divirtieron educadamente de mi ir y venir por el microbús y las bajadas en las paradas en calcetines, donde vimos muchas cascadas y lagos. La verdad es que llegado ese momento, lo único que anhelaba era volver al hotel de Inverness y secarme completamente, con la preocupación de no coger un resfriado. Y saturado de bellas vistas que habría de digerir.

La jornada posterior vuelta al mismo hotel de Edimburgo, donde en esta ocasión nos asignaron la habitación llamada “Robert Carlyle” (porque allí todas las habitaciones tenían nombres de personajes escoceses famosos). Esta es una habitación para minusválidos que cuenta con una terraza con mesa y sillas metálicas de blanco. Y cenicero. Además cada día nos obsequiaban con un gran bombón de chocolate relleno de nata, y por supuesto una máquina y provisiones de té y café; todo gratis. La habitación también contaba con plancha, mesa de planchado y secador de pelo (ese artefacto que tan poco necesito…)

Exterior de la National Gallery de Escocia

Ya de nuevo en Edimburgo, al día siguiente, visita a la National Gallery de Escocia, entrada libre como es frecuente en los museos estatales británicos. Una colección no muy extensa pero con obras muy escogidas, desde el Renacimiento italiano al Postimpresionismo. Había una exposición temporal sobre Rembrandt de pago, que no visité porque ya he visto bastantes obras de este pintor holandés como el Rijksmuseum de Amsterdam y otros.

Abadía de Holyrood

La siguiente jornada estuvo dedicada a visitas el Palacio de Holyroodhouse, su abadía y jardines, desde los que apreciaba la “Silla de Arturo”. Y comida en otro restaurante recomendado y grato: Howies, especializado en comida típicamente escocesa. Tomé abadejo, pescado que no había probado nunca, de sabor similar al bacalao, en una potente salsa con patatas. Exquisito. Y es que aunque este plato figuraba entre los entrantes, allí podías pedirlos como plato principal, con el doble de ración y de precio (menos de 9 libras esterlinas en este caso). Nada caro. Por la tarde decliné una invitación a la ópera (El barbero de Sevilla) que se celebraba dentro del Festival, pero es que estaba muy cansado (cada vez me fatigo más en los viajes).

Y llegó el último día. Como el avión de vuelta a Málaga salía a las 16:30, la mañana estuvo dedicada a volver al Casco Histórico: el moderno Parlamento de Escocia, la Universidad y otros edificios destacables.

Patio central de la Universidad de Edimburgo

Otras consideraciones

Los restaurantes suelen ofrecer una carta de vinos amplia y detallada. Hemos podido degustar vinos de Chile, California, Sudáfrica, Chipre, Líbano, Siria o Australia. También los había españoles. Se podían elegir copas de distinto tamaño. Curiosamente los whiskys resultaban más baratos que el vino. A destacar las consistentes sopas.

Los escoceses son gente muy amable y en su comportamiento parecen mediterráneos: se ríen a carcajadas, por ejemplo. Y hay muchos jóvenes españoles trabajando allí (españoles por el mundo), por lo menos en la hostelería. A la chica de la cafetería del primer día en Edimburgo, hay que sumarle otra joven granadina en el restaurante Babá en que cenamos y con la que tuvimos una charla. Además de un camarero tarragonés que nos atendió en el restaurante vegetariano David Bann, que llevaba en Edimburgo 18 años o un taxista de origen africano pero que hablaba castellano por haber trabajado en España durante muchos años. Todos alababan el sueldo (bastante más alto que en España, si bien el nivel de vida allí es más alto) y las prestaciones sociales que reciben en caso de necesidad: ayudas para el alquiler en caso de paro, por hijos…

Los paisajes de las Highlands espectaculares; vimos muchos ciervos. Y el tiempo muy cambiante: de ahí el dicho de “Si no le gusta el tiempo de Escocia, espere 10 minutos”. Nunca rebasamos los 17º, cuando en esos días un equipo de la BBC se trasladaba a Córdoba para documentar como se afrontaban los más de 45º en Andalucía.

Edimburgo es llamada “la Atenas del Norte” y con razón, porque está dominada por su arquitectura neoclásica, como la de la National Gallery entre otros muchos edificios. Generalmente en piedra arenisca amarilla, pero también, de vez, en cuando con algún edificio con arenisca rojiza que me recordó mucho a la piedra “molinaza” de mi querido Montoro.

El regreso fue suave, porque desde el aeropuerto de Málaga, gocé de una pausa de unos días en Benalmádena, donde la temperatura máxima no pasaba de los 27º. Algo es algo, antes de pasar a los 37º de Córdoba, cuando ya había pasado el pico de calor en nuestra ciudad.

En fin, un viaje dominado por los ángeles y hadas a pesar de que éstas fueran acuáticas y solo se cobrasen la batería de mi cámara. Pero un disfrute de naturaleza y cultura.

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27.7.18

CRÓNICAS TURCAS (Estambul 3 y final)

    
Torre Gálata

Otros lugares de interés y recomendaciones útiles

Entre otros interesantes monumentos, aparte de los citados en mi 1ª crónica, son recomendables la Torre Gálata, el versallesco Palacio de Dolmabahçe (donde pudimos visitar las dependencias del harén) y sus jardines, la Cisterna basilical, la iglesia de San Salvador in Chora (con sus magníficos mosaicos bizantinos), la iglesia de los Santos Sergio y Baco (transformada y convertida en mezquita), el Gran Bazar, el vistoso bazar de las Especias y el mirador de Pierre Lotti con buenas vistas sobre el Cuerno de Oro y el Bósforo, y varias terrazas escalonada, que se pueden recorrer bajando la cuesta a cuyos lados se despliega un romántico y bello cementerio, con tumbas de tierra donde crecen las rosas (otra forma de revivir).

En cuanto a la comida es buena y sabrosa, mediterránea, con restaurantes para todos los gustos. Con alcohol (en Turquía se cultivan viñas y hay vino turco y el raki) y sin él. Allí probamos un auténtico kebab turco (nada que ver con el kebab “durum” que es el habitual en España). Lo más típico en restaurantes de comida turca son los “lokanta”. Comimos en tres de ellos, que venían recomendados en nuestra guía, aunque nos costó encontrarlos porque no abundan. Comida y trato exquisitos, precios bajos y clientela turca: nosotros éramos los únicos “guiris”. Uno de ellos se llama “La casa del pescado”, y allí degustamos un “Bass grilled” (lubina) estupenda; con la recomendación del camarero de que pidiésemos solo media ración por persona, porque en la foto de la carta parecía más pequeña de lo que era, y además tenía una abundante guarnición de las ricas verduras turcas. Otro, más moderno y con buena música, fue el “Karaköy Lokantasi”. Allí me pedí, por la buena pinta que tenía en la carta, un plato de “silver fish” que resultaron ser boquerones fritos, pero tan exquisitos y frescos como solo se pueden comer a pie de playa en la Costa del Sol. Y a raíz de un malentendido que tuvimos con la camareras, dado su poco dominio del inglés, intervino una chica turca que comía en la mesa contigua para ayudarnos. Y entablamos una grata conversación con ella, que además de inglés hablaba un español fluido. Nos contó que vivía en Londres, estaba de vacaciones en su país y tenía previsto trasladarse a Hispanoamérica para consolidar su castellano. Todo agradable y espontáneo. Una suerte conocer gente así. Pero así son los turcos. Al margen de los sitios de comidas hay multitud de puestecillos para picar: de mazorcas y castañas asadas (allí he comido por 1ª vez en mi vida castañas en verano) y también de zumos naturales, como el de granada que me tomé por recomendación de un amigo, cerca de la Torre Gálata.


 Mezquita del Gran Bazar 

 
  Escuela coránica en esa mezquita

Por lo que respecta a las mezquitas hay que decir que se pueden visitar (al contrario que en Marruecos, por ejemplo). Incluso en horas de culto, aunque el espacio suele estar delimitado entre creyentes y visitantes, pero se pueden ver en todo su esplendor. Las hay de varios siglos, algunas son iglesias bizantinas reconvertidas. Hay dos normas a cumplir: entrar descalzos y no llevar pantalones o faldas cortas. Pero lo tienen todo previsto. En cuanto al calzado hay muebles en el interior de las mezquitas con abundantes muebles para dejarlo, y no hay peligro de que te lo roben, es sagrado. Y en algunos otros sitios te proporcionan gratuitamente unas fundas de plástico para envolverlo. Y en cuanto a las piernas descubiertas, a pesar de que yo iba prevenido con unos pantalones desmontables, tampoco había problema: a la entrada estaban dispuestas, también gratuitamente, faldas o túnicas, que se devolvían al salir. En una ocasión me puse una túnica azul celeste con una capilla roja casi a lo Superman. En otra una falda larga también celeste con la que sentí la tentación de arrancarme por sevillanas; cosa que lógicamente no hice por respeto, que no por falta de ganas. Estas faldas las había de 2 colores: celeste o rosa o amarillo, para que cada persona eligiese el color que considerase más adecuado. Mucha tolerancia, porque en una de las mezquitas visitadas (la del Gran Bazar), nos colamos por una puerta falsa, la primera que encontramos, que daba acceso directo a la zona de oración. Y lo hice con pantalones cortos por mi despiste. Y nadie vino a recriminarme, a pesar de mi invasividad y falta (involuntaria) de respeto, cuando había orantes e incluso un grupo de niños y adolescentes reunidos en lo que me pareció una escuela coránica. En una de esas mezquitas (….), a la entrada, nos ofrecieron, siempre gratuitamente, unos pastelillos cúbicos, dulces y de frutos secos, como los que recibimos de bienvenida en nuestro hotel. En las mezquitas ubicadas en antiguas iglesias cristiana (bizantinas) el mihrab estaba descentrado con respecto al ábside central, para mirar hacia La Meca.

No puedo dejar de recomendar la Tarjeta de Museos si se va a estar allí varios días. No solo es un ahorro considerable, sino que además te evitan las colas. Cierto es que no sirven para todos los monumentos, pero compensa sobradamente.

También es recomendable acudir a un hamman o baño turco. Es una grata experiencia. Nosotros acudimos a uno cercano a nuestro hotel llamado Cağaloğlu Hamami, que data de 1741 y tiene como núcleo una  gran cúpula con lucernarios por donde entra la luz y acoge la sala de baños y masajes. Cuenta con una amplia recepción de 2 plantas donde se encuentran las habitaciones privadas que sirven como vestuarios, con cama, y en ellas dejas tus pertenencias y cierras con tu propia llave. Primero nos hicieron pasar a una sala caliente y seca para sudar durante 15 minutos, transcurridos estos, nos vinieron a buscar nuestros masajistas y nos llevaron bajo la cúpula y allí el masaje y baño, que duró 35 minutos según la tarifa que escogimos y que ascendía a 65 €. Una tarifa intermedia. Al terminar, una vez vestidos, nos ofrecieron un té con pastelillos cúbicos y blancos que ya antes habíamos probado el día de nuestra llegada al hotel y a la entrada de una mezquita. Quiso la casualidad que el joven que nos atendió en la recepción sabía hablar español y entabló conversación con nosotros a la salida: nos dijo que vendría precisamente a Córdoba en septiembre para permanecer aquí dentro de un programa Erasmus+, para perfeccionar su español. Nos intercambiamos los teléfonos para encontrarnos con él a la salida de su trabajo al día siguiente, nuestro último día allí. Primero nos invitó a un café turco en una terraza dentro de los jardines de Topkapi y luego nos llevó a un bar situado en la terraza de un hotel cercano a la Torre Gálata. Desde allí las vistas sobre el Cuerno de Oro, el Bósforo e incluso el mar de Mármara, eran majestuosas, sobre todo con el dorado del atardecer. Estuvimos hablando largamente de muchos temas y de Córdoba, sobre la que le dimos todo tipo de información. Y por supuesto, le afirmamos todo nuestro apoyo para cuando viniese a Córdoba. Él nos invitó a que pasásemos la primera decena de septiembre en su casa junto al mar Egeo, antes de venirse para España. Así es la hospitalidad turca.

En cuanto a la moneda hay que decir que hay numerosas casas de cambio y cajeros internacionales. 

Servicios turísticos hay un montón: desde viaje en barco por el Cuerno de Oro, hasta cruceros por el Bósforo con escala en el lado asiático o excursiones por Anatolia.

Por desgracia, aunque será para mejor, muchos edificios importantes estaban en obras de restauración, como la cúpula de Santa Sofía y la de la Mezquita Azul o el Museo Arqueológico, donde no estaba accesible el supuesto sarcófago de Alejandro Magno. Pero todo esto es pasajero y para bien. Y es que la ciudad fue Capital Europea de la Cultura en 2010, por lo que se ve que muchos de sus monumentos estaban ya necesitados de mantenimiento.

Como curiosidades 3: los árboles son allí venerados, y aunque tengan enfermedades o su tronco hueco, los dejan sobrevivir (nada que ver con nuestra taladora Córdoba). Los gatos son muy respetados, abundantes y poco huidizos. Los cuida todo el mundo proporcionándoles alimento y agua. Casi no existe el “¡zape gato!”. Otra de las cosas es la presencia cerca de los restaurantes de colecciones de jarritos de barro con papel albal horadado como tapadera. Hasta el último día no nos enteramos de su utilidad: servían para cocinar un abundante kebab cuya elaboración dura 2 o 3 horas. No lo probamos. ¡Otra vez será!

Árbol hueco

Gatos jugando en la calle 

   Jarritos de kebab


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