3.3.07

La muerte

Ha estado rondando por aquí en las últimas semanas. Primero fue el padre de un estimado amigo, luego alguien de mi propia familia. Y más recientemente dos personas que vivían muy cerca: en la calle Palomares. Un muro se derrumbó a consecuencia de unas (imprudentes) obras y les mató malhiriendo a su hijo. No he querido hacer fotos; no tendrá imagen este escrito. Aun pueden verse sus ropas colgadas en perchas; la intimidad de lo que fue el hogar de estos seres humanos; donde vivirían juntos momentos de alegrías y penas; rutinarios y excepcionales. Su vida, que ya no será.

No conocía a estas personas, aunque posiblemente me haya cruzado con ellos por la calle, o tal vez hayamos coincidido en el estanco o en la tienda de ultramarinos...y sin embargo, he sentido tremendamente su muerte. Estos días ha habido afluencia de medios de comunicación, de políticos y de público en nuestro barrio. Y numerosos comentarios, testimonios, rumores, contradictorias crónicas y opiniones. No sé qué es verdadero o qué falso. Según he oído el matrimonio se dio cuenta de que la casa se caía y se pusieron encima del niño para protegerlo, sacrificándose al unísono para salvarle la vida. Me quedo con este gesto, tierno y doloroso pero de un amor y una fuerza insuperables. Sus autores permanecerán siempre en mi recuerdo.

Pero la vida sigue y me veo obligado a señalar lo ahora práctico (y solidario). El vecindario ha abierto una cuenta para ayudar a los hijos. Si quieres ayudar puedes tomar nota de aquí.

1 comentario:

Carlos Bees dijo...

Una cosa que me sorprendió de la noticias que estás comentando es que ese suceso coincidió con la muerte de una soldado española en Afganistán y la gran dimensión mediática que se le dio a esa noticia (telediarios a cualquier hora con imágines de todo gusto y tipo; prensa escrita; tertulias radiofónicas) y la escase repercusión que tuvo lo ocurrido en Córdoba. ¿Tiene distinto valor la muerte? ¿Tienen distinto valor las personas? ¿Era una forma de evadir responsabilidades? Opino que como cualquier persona que de forma voluntaria ingresa en el ejército debe asumir todas las consecuencias, buenas y malas, que ello conlleva. Igual que los demás asumimos los riesgos de nuestras profesiones. ¿Por qué cuando fallece un albañil, por ejemplo, al caerse desde un andamiaje ese suceso no tiene tanta repercusión mediática?. El Estado sigue considerando gente privilegiada a sus servidores.