1.4.12

La vida en beso (libro)


El jueves 15 de marzo de 2012, asisto a la presentación del libro La vida en beso escrito por Jesús Leirós, un antiguo (y excelente) alumno villarrense. El frecuentado Café Oculto está repleto. Comienza la presentación en la que Jesús está acompañado al piano por Alberto, otro antiguo alumno al que no di clase, pero del que conozco su potencial artístico.  Y humano. 

Poesía y música me elevan a paraísos distantes años luz  de la rutina diaria. Se agradece. Y no puedo dejar de sentir la  satisfacción de haber conocido alumnos así. Tal vez egoísta satisfacción rematada por la extensa y amable dedicatoria que me firma Jesús, en la que incluye una frase que me toca el alma: “…gracias mi profesor”. Se puede pensar que lo digo con vanidad, pero para mí es solo como la luz de un faro que me indica que no voy  descaminado; que no estoy a la deriva, como a veces pienso surcando los hoy procelosos mares de la enseñanza. Verdaderamente impagable.

El libro, subtitulado “Textos de Amor” y prologado por Ginés Liébana, contiene premiados relatos breves  y bellos poemas. Está editado en Villa del Río con la colaboración de varias empresas y entidades, lo que demuestra la saludable vida cultural de este municipio cordobés.

Entresaco un poema dedicado a ese río grande que da nombre a la antigua aldea:


SOÑABA EL RÍO

Estaba dormido mi pueblo
Y se quejaba de miedo la noche.
Sobre el monte quinientos soldados aceitunados
Andaban atentos a la secreta música de nuestros versos.


Junio bebía de las niñas en flor
Y por las tardes de tí; ángel pausado de mediodía.
No se limitaba el tiempo a mecer los dolores
Cuando el calor de tu carne ya quebraba mis labios.
Perseguíamos los finísimos hilos que unen a las mariposas con su vuelo
para seguir huyendo de los Edenes; donde sin tregua, la poesía nos respiraba.


Se caían los pétalos de otoño sobre mi boca;
y el Río Grande espiaba las torpes caricias olvidando su curso.
Los álamos eran los únicos que sostenían el secreto, serenamente.


Estaba dormido mi pueblo.
Delito en la sombra y el agua testigo;
Matándote en mi abrazo.
Hiriéndome contigo.


Dormía el pueblo callado;
Despierto soñaba el río.


5 comentarios:

Paco Muñoz dijo...

Rafael cuando digo que eres el auténtico profesor no me equivoco. Por eso de muchos cabreos. La dedicatoria es la que tiene que ser, porque una cosa, algo de ese libro tiene que tener de las enseñanzas del colegio, y ahí están los profesores.
Un abrazo

Lisístrata dijo...

precioso poema y emotiva dedicatoria, de esas que, efectivamente, tocan el alma.

Jesús Leirós León dijo...

Rafael Jiménez me abrió el mundo de la Historia del Arte en Bachillerato. Es el profesor que más he admirado, respetado y querido cuando todavía ni siquiera sabía hacer todo eso.

¡Gracias, mi Profesor!

Rafael Jiménez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Rafael Jiménez dijo...

Muchas gracias a todos. Me imagino que el cielo debe ser algo así: un estar rodeado de indulgentes buenos amigos.