19.5.24

Asociacionismo estudiantil (autobiografía 24)

 

Logo de la Asociación

Se decía, jocosamente, que cuando los franceses se aburrían hacían una rotonda y que cuando lo hacían los alemanes se dedicaban a invadir Polonia. En mi caso personal bien se podría decir que, por aquellos años, cuando me aburría creaba una asociación de alumnos con el fin de fomentar el asociacionismo juvenil. Tras mis dos primeras tentativas,  primero en La Carlota y luego en Constantina, ambas fracasadas en gran medida por mi corta estancia (dos cursos) en aquellos destinos que no dieron oportunidad  para su consolidación y continuidad. Al llegar al Instituto Santos Isasa de Montoro volví al empeño. Y esta vez tuvo mayor predicamento y más larga vida, entre otras razones porque mi estancia allí -cosa de suponer- sería mucho más prolongada (diecisiete años, finalmente). Mi propuesta de constituir una asociación de alumnos allí fue acogida con frialdad, cuando no con cierto recelo por parte de la Junta Directiva, pero, afortunadamente, me encontré con un sólido grupo en el alumnado, procedente de las distintas localidades del distrito educativo, muy entusiasta con la idea. De modo que hice los trámites burocráticos necesarios (como las veces anteriores) y por fin quedó legalizada y, en consecuencia, con derecho a subvenciones, previa presentación de proyectos anuales.

Había que ponerle nombre y como los más significativos ya estaban ocupados (Santos Isasa, Montoro, Aipora…) se decidió que el apelativo sería 15-N en alusión a la fecha en que se constituyó: el quince de noviembre. La primera actividad fue convocar un concurso de dibujo para elegir el logo o imagen de la Asociación. Una vez elegido por los alumnos integrantes (M. Arévalo, A.M. Cachinero, J.J. Larrea, J. Llorente, A.B. Pinilla, A. Sánchez, J. Tarín….) encargamos un sello de caucho para estampar los documentos; y la imagen también sirvió para los trofeos y los vales emitidos por la asociación para subvencionar las actividades que se organizaban; desde Ferias del Libro a viajes. Sin duda era una opción ventajosa para los asociados porque compensaba -sobradamente- la cuota anual gracias a las subvenciones que se empezaban a recibir de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.

Bonos de la Asociación

Los miembros de la Asociación se reunían en los recreos en una de las aulas libres, es decir, sacrificando el tiempo libre, suyo, pero también mío en calidad de profesor-gestor puesto que así lo exigía la legislación. La 15-N se hizo cargo de revitalizar la revista escolar del Centro, cambiando su nombre anterior Llantos Iguasa por Carpe Diem


Índice de la revista "Carpe Diem"

Más tarde se consiguió una subvención para adquirir un ordenador para el alumnado que, por motivos de seguridad y falta de espacio, se ubicó en el Aula de Informática, con lo cual su acceso era dificultoso para los asociados al no disponer de sede; un gran inconveniente subsanado por la construcción del nuevo instituto ya entrados el cambio de siglo y milenio, si bien aquella sede duró poco por la falta de espacios en el nuevo edificio, a pesar de haber sido diseñado  de acuerdo a la LOGSE, que contemplaba un cubículo para las asociación de alumnos y otro para la asociación de padres y madres (AIPORA, muy potente y activa), ambos rotulados pero de corta duración ya que pronto fue okupada para otros menesteres por decisión de la junta directiva. De modo que “nuestro gozo en un pozo”. No obstante, la 15-N organizó charlas y conferencias de personas externas, mercadillos solidarios y otros eventos.

 Escrito a tutores para fomentar el asociacionismo