Logo de la Asociación
Se decía, jocosamente, que cuando los franceses se aburrían
hacían una rotonda y que cuando lo hacían los alemanes se dedicaban a invadir
Polonia. En mi caso personal bien se podría decir que, por aquellos años, cuando me aburría creaba una asociación de alumnos con el fin de fomentar el
asociacionismo juvenil. Tras mis dos primeras tentativas, primero en La Carlota y luego en Constantina,
ambas fracasadas en gran medida por mi corta estancia (dos cursos) en aquellos
destinos que no dieron oportunidad para su
consolidación y continuidad. Al llegar al Instituto Santos Isasa de Montoro
volví al empeño. Y esta vez tuvo mayor predicamento y más larga vida, entre
otras razones porque mi estancia allí -cosa de suponer- sería mucho más
prolongada (diecisiete años, finalmente). Mi propuesta de constituir una
asociación de alumnos allí fue acogida con frialdad, cuando no con cierto
recelo por parte de la Junta Directiva, pero, afortunadamente, me encontré con
un sólido grupo en el alumnado, procedente de las distintas localidades del
distrito educativo, muy entusiasta con la idea. De modo que hice los trámites
burocráticos necesarios (como las veces anteriores) y por fin quedó legalizada
y, en consecuencia, con derecho a subvenciones, previa presentación de
proyectos anuales.
Había que ponerle nombre y como los más significativos ya
estaban ocupados (Santos Isasa, Montoro, Aipora…) se decidió que el apelativo
sería 15-N en alusión a la fecha en que se constituyó: el quince de noviembre.
La primera actividad fue convocar un concurso de dibujo para elegir el logo o
imagen de la Asociación. Una vez elegido por los alumnos integrantes (M. Arévalo,
A.M. Cachinero, J.J. Larrea, J. Llorente, A.B. Pinilla, A. Sánchez, J. Tarín….)
encargamos un sello de caucho para estampar los documentos; y la imagen también
sirvió para los trofeos y los vales emitidos por la asociación para subvencionar
las actividades que se organizaban; desde Ferias del Libro a viajes. Sin duda era
una opción ventajosa para los asociados porque compensaba -sobradamente- la
cuota anual gracias a las subvenciones que se empezaban a recibir de la
Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.
Bonos de la Asociación
Los miembros de la Asociación se reunían en los recreos en una de las aulas
libres, es decir, sacrificando el tiempo libre, suyo, pero también mío en
calidad de profesor-gestor puesto que así lo exigía la legislación. La 15-N se
hizo cargo de revitalizar la revista escolar del Centro, cambiando su nombre
anterior Llantos Iguasa por Carpe Diem.
Índice de la revista "Carpe Diem"
Más tarde se consiguió una
subvención para adquirir un ordenador para el alumnado que, por motivos de
seguridad y falta de espacio, se ubicó en el Aula de Informática, con lo cual
su acceso era dificultoso para los asociados al no disponer de sede; un gran
inconveniente subsanado por la construcción del nuevo instituto ya entrados el
cambio de siglo y milenio, si bien aquella sede duró poco por la falta de
espacios en el nuevo edificio, a pesar de haber sido diseñado de acuerdo a la LOGSE, que contemplaba un cubículo
para las asociación de alumnos y otro para la asociación de padres y madres (AIPORA,
muy potente y activa), ambos rotulados pero de corta duración ya que pronto fue
okupada para otros menesteres por decisión de la junta directiva. De modo que “nuestro
gozo en un pozo”. No obstante, la 15-N organizó charlas y conferencias de
personas externas, mercadillos solidarios y otros eventos.
Escrito a tutores para fomentar el asociacionismo